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Ainhoa Cilveti

El trampolín de tu vida

Shinrin-yoku

Durante la década de los 80, el gobierno nipón activó un programa de salud nacional para tratar el problema de estrés que muchos de sus ciudadanos padecían, y evitar que las consecuencias tuvieran repercusiones mayores de las que ya estaban sufriendo. El ritmo de vida y de trabajo que mantenían los japoneses, sobre todo en las ciudades, hacía que estos sufrieran de altos índices de ansiedad y estrés, lo que estaba originando muchos problemas de salud, por lo que el gobierno decidió tomar parte y activar este plan para evitar que las consecuencias fueran a mayores. Una de las técnicas que se animaba a seguir en este plan se llama ‘Shinrin-yoku’, y consiste en pasear tranquilamente por un bosque , o en su defecto por un parque cercano, tomando conciencia de lo que se está haciendo, relajándose y tranquilizándose.photo-1452690386246-3c8dab3b8456

Descrito de esta manera, podríamos decir que estamos ante una práctica de mindfulness, es decir aprovechar una actividad para centrarnos en lo que sentimos, tomando conciencia de cada sentido, del momento que vivimos y prestando atención a nuestras emociones, utilizar el “aquí y el ahora” para ayudarnos a olvidar todo aquello que nos pueda estresar y centrándonos únicamente en los beneficios que esta actividad produce en nosotros, y en nuestro organismo. Pero, parece ser que esta técnica incluye más beneficios que los del mindfulness porque añade los beneficios de una sustancia que utilizan los árboles para defenderse de los hongos, así como de una bacteria presente en el suelo de los bosques y que nos ayuda a sentirnos mejor, a tranquilizarnos y a estar más felices.photo-1522204523234-8729aa6e3d5f

Soy consciente que no todos disponemos de un bosque cercano para poder salir a pasear cuando nos sentimos estresados, pero también nos puede ayudar caminar por un parque cercano, o incluso, evitar llegar a ese punto de estrés en el que necesitemos salir a pasear, aprovechando estas sustancias que tienen las plantas y rodeándonos de ellas en el trabajo o decorando nuestra casa. Hay muchas personas que las utilizan por su belleza y por  la alegría visual que transmiten y provocan en ellas, pero ahora que tenemos constancia que también segregan una sustancia, bacteria, que nos ayuda a sentirnos mejor, podemos aprovechar este doble beneficio para crear ambientes agradables a nuestro alrededor, y con el buen tiempo, pasear y respirar por los rincones de nuestra ciudad que nos permitan disfrutar de árboles y plantas.

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