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Ainhoa Cilveti

El trampolín de tu vida

El síndrome de resignación.

Que el estrés es peligroso para la salud creo que a estas alturas ya ha quedado constatado, y que muchas dolencias vienen originadas por el mismo también. Incluso, aquellos síntomas que pueden parecer muy físicos y que nos cueste entender que tengan un origen anímico, pueden ser ocasionados por una mala gestión del estrés, como pueden ser dolencias de garganta, problemas de espalda o erupciones corporales. Pero tengo que reconocer que cuando he leído sobre el “síndrome de resignación” me he quedado impresionada por lo que representa y cómo se desarrolla en los niños refugiados.

Parece ser, quephoto-1526725702345-bdda2b97ef73 principalmente ocurre entre los niños refugiados que esperan en Suecia que se regularice su situación, aunque se cree que se debe al trauma por la situación vivida en sus países de origen y por el miedo a volver a sus países en los que la guerra continua. El síndrome comienza a desarrollarse cuando los niños, los casos que se han dado van desde los 7 a los 19 años, empiezan a mostrarse apáticos, dejan de hablar, de moverse y hasta de comer, y al cabo de un tiempo cierran los ojos para permanecer en un estado de coma, aunque no sufran problemas físicos o neuronales. Pueden llegar a permanecer años en este estado, en el que deben ser alimentados por sonda, y del cual van despertando también poco a poco, a la inversa de cómo han entrado en este coma tan especial. Tengo que reconocer que todo lo relacionado con este síndrome me tiene muy impresionada y preocupada, por lo que representa, y por las situaciones que pasan están personas y con la poca ayuda que cuentan.

Sin querer meterme en temas políticos, no entiendo como hoy en día podemos permitir que haya niños que puedan llegar a somatizar un coma por un trauma que, en la mayoría de los casos, se arregla cuando sus familias logran los papeles para quedarse a vivir como refugiados en los países que viven en la actualidad. Pienso en la poca empatía que ofrecen los gobiernos sobre los problemas y situaciones de estas personas, y lo grave de sus realidades para llegar hasta ese punto de no querer vivir. Me cuesta imaginar cómo se tienen que sentir para que niños/adolescentes llenos de vida prefieran postrarse en una cama a poder disfrutar de lo que en ese momento es su vida por miedo a tener que volver a sus países de origen. Espero que algún día seamos capaces de conseguir que no tengan que darse más casos y podamos comprender mejor a quienes deben abandonar sus hogares por guerras y conflictos bélicos.

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