Diario Vasco
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Autor: Ainhoa Coach
Necesito un Cambio
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Ainhoa Cilveti | 02-04-2014 | 7:00| 0

Esta es una frase que muchas veces escucho en mi despacho, cuando un cliente viene a encontrar algo que le motive en la vida y que haga que esta cambie en otra dirección. Hay veces, la mayoría, que son personas muy completas, llenas de energía y con muchos recursos, pero que no encuentran un aliciente en sus vidas, y esto les hace sentirse insatisfechos.

Es entonces cuando la persona puede preguntarse lo que de verdad quiere y qué es lo que le hace feliz, para poder continuar adelante y sentirse bien. Como siempre digo, el protagonista de la vida de uno es él mismo, independientemente de lo que le rodee, familia, amigos, situaciones,…y se puede luchar por buscar lo que esa persona quiere, y en esta búsqueda puede disfrutar de su vida. Como decía John Lennon : “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Por lo tanto,  busquemos aquello que nos puede hacer felices, y trabajemos en ello, ya que el mero hecho de hacerlo nos va a permitir sentirnos más vivos y plenos frente a esperar a que nos suceda algo interesante.

¿Qué cambio quiero? A veces esta pregunta tan simple puede acarrear grandes cambios en nuestra vida y es entonces cuando tenemos que dejar atrás el miedo, que nos impide hacerlo, y los obstáculos externos que no nos dejen avanzar. Pensar en lo bien que siente uno cada vez que logra superar una barrera, entonces, aunque sea por momentos, nos sentimos grandes, llenos de fuerza y capaces de todo…y ¿por qué no? ¿Dónde están escritos nuestros límites y nuestro destino? O ¿Somos nosotros mismos quienes nos los ponemos? Por lo tanto, ¿Por qué no creer que no hay límites para establecer nuestros objetivos cuando estos son realistas?

Es importante que en estos cambios que queremos sepamos nuestra realidad. Siempre pongo por ejemplo que si quisiera ser astronauta me costaría mucho, entre otras cosas porque tengo vértigo y me mareo columpiándome en un columpio infantil, pero estoy segura, que en caso de extrema necesidad sería capaz de superar el vértigo si mi vida dependiera de ello.

Por lo tanto, si un cliente quiere lograr un cambio, estaré convencida que lo conseguirá, sobre todo porque muchas veces los cambios que nos hacen felices no son aquellos que representan mucho esfuerzo, sino cosas más asequibles que pueden hacer que nuestra vida nos merezca la pena.

 

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¡¡¡Basta Ya!!!
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Ainhoa Cilveti | 26-03-2014 | 7:00| 0

Hay momentos en la vida que hay que decir basta, y otros en los que te pide decir ¡¡¡basta ya!!!

Aunque parezcan la misma cosa, no es lo mismo, no es igual saber que tienes que hacerlo y decidir hacerlo porque lo quieres.

Hay veces que sabes que tienes que tomar una decisión y otra en la que decides hacerlo. Cuando sabes que te conviene pero te cuesta y todos los de tu alrededor te dicen que lo tienes que hacer, terminas no haciéndolo, precisamente porque te lo dicen. Sin embargo, cuando tú eres la persona que decides hacerlo, no importa lo que te digan los de tu alrededor, lo haces y punto.

En la diferencia está la clave. En saber que es una decisión tuya y que es lo que te pide el cuerpo en ese momento, independientemente de lo que te digan, lo haces. Puede parecer fácil hacerlo, pero es la persona quien tiene que decidir realizarlo, digan lo que digan.

Esto puede parecer un galimatías, pero lo que hablo es de situaciones muy concretas y reales. En los últimos días, me he encontrado con un caso en el que una persona estaba sumergida en una relación que no le convenía. Las personas de su entorno se lo hacían saber por activa y por pasiva, esa relación lo único que le hacía era daño y no sacaba nada bueno de ella. Llevaba mucho tiempo en esa “zona de confort”, que aunque para ella resultaba nociva, era una situación conocida y que de alguna manera manejaba. Sabía cómo ocurrían y evolucionaban los acontecimientos, por lo que aunque le resultaran desagradables, no le pillaban de sorpresa, sabía los pasos que tenía que dar en cada momento y continuaba en esa relación sin atreverse a salir de ella. Como he dicho, las personas de su entorno eran conscientes de lo que ocurrían, pero poco podían hacer por ayudarle, si no se dejaba. Por más que te digan, si tú no quieres hacer algo, nadie te puede obligar a hacerlo.

Pero, ¡¡¡ocurrió el milagro!!! Un día, no hace mucho, la situación cambió, los acontecimientos no fueron como solían ser otras veces, no por más duras, simplemente diferentes, y esto ha hecho que las persona se sintiera desconcertada, y esto le ha permitido reflexionar y darse cuenta que podía conseguir algo mucho mejor en su vida que una relación que simplemente le perjudicaba. De la noche a la mañana ha cortado esta relación, sin dar más explicaciones y sin necesidad de justificarse, se ha dado cuenta de que puede vivir fuera de esa zona de confort, lo que es mejor, puede ser feliz, y algo que tan sólo hace unas semanas le asustaba, ahora ha logrado cortar estos lazos emocionales y lanzarse a la aventura de su vida. Por supuesto, le ha ayudado saber que tiene el apoyo de los de su alrededor, pero este paso ha sido gracias únicamente a él mismo y a la fuerza que ha adquirido de su interior. Hasta ese momento no era posible.

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Vivir con un animal
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Ainhoa Cilveti | 19-03-2014 | 7:00| 0

Se suele hablar de lo que representa para una persona vivir con un animal de compañía, de la vida que estos le dan y del cariño que reciben. De lo que significa compartir tu vida con un ser que depende de ti y lo mucho que hay que sacrificarse por ellos.

Desde pequeña, me he criado entre diferentes animales, sobre todo perras, aunque también he tenido cotorras, loros, peces, tortugas y ahora gatas. Y puedo decir, que aunque me dan mucho trabajo, son una parte de mi educación muy importante. Y considero, que el valor que cada uno de ellos me ha dado, representa mucho de lo que soy yo.

Hoy en día, y hablo por estadísticas y no por lo que conozco, sé que un animal de compañía puede ser un regalo más de las navidades, del que se puede prescindir si no conviene en un momento dado. No lo entiendo ni lo comparto, pero ocurre.

He convivido durante 26 años con un loro que era insufrible cuando se ponía a gritar o cuando te confundía imitando el sonido del teléfono, pero el día que se murió, fue un drama para toda la familia. Sólo había conseguido hablar pocas palabras, pero sí a distinguir lo que comíamos, y le encantaban los embutidos…

Por mi teclado pasan de forma indiscriminada las gatas, y en estos momentos, tengo que escribir con una mano, porque tengo una de ellas empeñada en que le haga caricias. Los pies no los puedo mover porque la perra está pegada a ellos, y a veces pienso que voy a tener un accidente por vivir todas en el mismo metro cuadrado. Incluso pienso, que si alguien me escucha y me oye hablar con ellas pensará que estoy loca, pero la compañía que me proporcionan cada día no la puedo pagar con nada.

Desde pequeña he convivido con estos animales, y sólo espero que mis hijos aprendan de ellos lo que a mí me han transmitido, y que sepan ser generosos hacia otros seres como lo son los animales. Cuando vienen a refugiarse en ti, a saludarte cuando llegas, a reconfortarte cuando te sientes mal, o a disfrutar de tus salidas, es cuando te das cuenta, que lo que les das es muy poco, y lo que recibes mucho, por esto no entiendo a las personas que abandonan a sus animales. Y muchos menos, cuando han regalado estos animales a sus hijos. Quiero que este post sea una protesta por todos esos perros, gatos y demás animales que se abandonan cuando estorban. No deis el ejemplo de que cuando algo no se sabe gestionar lo mejor es abandonarlo, sino buscar las alternativas para hacer que sea posible.

 

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Tratar con los clientes
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Ainhoa Cilveti | 12-03-2014 | 7:00| 0

Esta semana he trabajado con un cliente que me ha hecho darme cuenta que cuando se estropea la lavadora no hay que dramatizar.

Dramatizar, que palabra tan grande y que poco significa. ¿De qué podemos dramatizar de verdad? Hoy en día, que se estropee la lavadora puede ser toda una tragedia para la convivencia de una familia. Nadie se plantea tener que lavar la ropa en la bañera y mucho menos ir al lavadero, como antiguamente se hacía.

El caso es que cuando se nos estropea un electrodoméstico creemos no tener salida y enseguida llamamos al técnico. Hasta este momento, creo que es algo natural, el problema viene cuando recibimos al técnico en cuestión y le abordamos como si fuera el salvador de todas nuestras desgracias. Cuando nos enfadamos con él porque el aparato no funciona o porque es la única persona en la que podemos desahogarnos. ¿Pero pensamos en ese profesional que viene a casa a arreglarnos nuestra “desgracia”?

Este cliente me ha hecho ver la otra parte de esta situación, cuando un técnico tiene que atender una media de unos 7-8 avisos, y en casi todos se les espera como agua de Mayo o como el saco de las h….

Estas personas, tienen sus problemas, sus familias, y vienen a nuestra casa para reparar las averías, temas complicados a veces y otras veces sencillos, pero por lo que me cuentan, lo más difícil para ellos no es saber qué es lo que le pasa a la máquina, sino lidiar con la persona que les espera mientras intenta hacer su trabajo. Ellos se tienen que centrar en lo que hacen, si la avería no se soluciona no sienten que su trabajo haya sido efectivo, incluso si se vuelve a estropear se sienten mal, mientras que si lo solucionan rápido, la persona se siente engañada por lo que tiene que pagar. Y ellos, son además los responsables de decir lo que cuesta la reparación de la avería y de cobrar.

Tengo que reconocer, que mientras escuchaba los problemas de estos trabajadores, yo misma me he sentido identificada con esos clientes que a veces no somos muy corteses cuando nos toca pagar. Pero ahora que he podido ver la otra parte de este trabajo, que por otra parte, tantas veces me ha ayudado a no tener que lavar la ropa en la bañera, y sé de lo que hablo porque alguna vez lo he tenido que hacer, me he sentido más cerca de sus circunstancias, de que cada vez que terminan su trabajo y vuelven al coche para dirigirse a otro nuevo “rescate”, espero que no lo hagan llevando en sus mochilas mis malos rollos y que puedan terminar su jornada laboral como cada uno de nosotros lo hacemos, sabiendo que hay cosas que hemos hecho bien y otras que podemos mejorar.

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Simplificar
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Ainhoa Cilveti | 05-03-2014 | 7:00| 0

Hoy en el despacho una clienta ha dado con la clave de sus problemas: Simplificar.

Se ha dado cuenta que su rutina de siempre trata sobre hacerse cargo de todas las tareas que su familia y en su trabajo requieren de ella, y que con su mejor intención, ella pone de su parte lo mejor de sí misma. Sin embargo, esto le lleva a un resultado que no es el que quiere, ya que le hace complicarse la vida de tal forma que termina agotada y sin poder disfrutar de su objetivo, lo que conlleva que no pueda aprovechar su vida como le gustaría , sino como considera oportuno.

Piensa en lo que debería hacer, en lo que los demás creen qué debería hacer según sus creencias, y peor aún, en lo que ella misma ha pensado durante años que tenía qué hacer.

Al final de todo, se ha dado cuenta, que si simplifica su vida y sus tareas, ella va a sentirse más libre, más feliz, y por fin ser ella misma, sin dejarse llevar por extraños prejuicios de lo que una mujer tiene que hacer en su vida para sentirse orgullosa.

Se ha dado cuenta que puede amar a su familia y demostrarlo simplemente acompañando en sus objetivos a cada uno de sus miembros, sin por ello sentirse responsable del logro de cada uno.

Que puede aportar su esfuerzo en el trabajo, sin pensar que el resultado final depende sólo de ella, y que tan sólo por estar cerca de cada compañero ya está haciendo su tarea, mientras cumple con sus objetivos.

Las madres creemos que tenemos que trabajar, estudiar, planificar lo que nuestros hijos buscan. Las mujeres, compañeras, creemos que tenemos que inmiscuirnos en los asuntos de nuestros maridos, compañeros, como si fueran los nuestros. Las amigas pensamos que tenemos que trabajar lo que nuestras amigas/os quieren, como si se tratara de nosotros mismos, sin darnos cuenta que podemos y debemos dejar  a cada uno ser responsable de sus actos, y limitarnos nosotras mismas a ser responsables de los nuestros.

Simplifiquemos, seamos sólo responsables de nuestros actos, y acompañemos a cada uno a serlo de los suyos.

 

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