Diario Vasco
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Falsa humildad vs emprendizaje
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Ainhoa Cilveti | 10-05-2017 | 05:00| 0

En posts anteriores he solido hablar de la falsa humildad que nos han inculcado y que en ciertas ocasiones nos limita para avanzar y conseguir lo que nos proponemos. Se trata de esas veces, en las que debido a que nos han educado en la convicción que no hay que ser arrogante ni airear nuestros logros, nos impedimos a nosotros mismos transmitir en lo que somos buenos cuando necesitamos hacerlo, incluso podemos pecar de “tímidos” y de no atrevernos a defender nuestras habilidades. De hecho, en casi todos los eventos y talleres relacionados con el emprendimiento y el auto-conocimiento, hay alguien que comenta lo difícil que le resulta venderse a sí mismo, ya que esto les suele causar pudor.

Cuando alguien quiere lanzarse al mundo del emprendizaje, tiene que tener claro, que va a tener que hacer muchas cosas a las que no estaba acostumbrado, y va a tener que romper muchas barreras personales para lograr sus propósitos. Desde luego, no se trata de hacer nada que vaya en contra de los valores de cada uno, en esto hay que mantenerse firme, ya que son nuestros valores los que nos guían con buen juicio por el camino deseado. Pero, sí debemos valorar ciertos aspectos de nuestra educación, que nos han inculcado desde pequeños, y que pueden limitar nuestros pasos para conseguir lo que queremos. ¿Qué conseguimos “tapando” que somos muy buenos en desarrollar una habilidad o realizar alguna acción que nos beneficia en nuestro desempeño? ¿Qué problema hay en decirlo a los cuatro vientos si nos va a ayudar a posicionar nuestra empresa o a permitirnos colocarnos en el puesto de trabajo que queremos?

Por lo tanto, nos puede resultar de ayuda comenzar redactando una lista de habilidades en las que somos buenos, y otra en las que debemos mejorar. Si somos conscientes de que vendernos bien no está dentro de la primera lista, podemos comenzar por quitarnos la vergüenza y superar las barreras que nos lo impiden, para poder poner en valor todo aquello que sí hacemos bien. Tenemos que ser conscientes, que escondernos detrás de la falsa modestia nos va a impedir mostrar esas otras habilidades en las que sí destacamos, encerrándolas como si de un tesoro se trataran e impidiéndonos utilizarlas. Habrá quien piense que son los otros quienes se van a dar cuenta de nuestro potencial sin necesidad de que lo digamos nosotros, y seguramente, si disponen de tiempo para hacerlo, se den cuenta, pero valoremos que en muchas ocasiones, si nosotros no nos anticipamos, nunca lo van a poder averiguar.

 

 

 

 

 

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Cambiar y reconducir una relación
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Ainhoa Cilveti | 03-05-2017 | 05:00| 0

Normalmente un proceso de coaching lleva a lograr un objetivo concreto, que puede o no cambiar la vida del protagonista. En otras ocasiones, puede incluso llevar a cambiar un modo de ser ante ciertas circunstancias o con algunas personas, ya que el objetivo les ha llevado a reconsiderar su actitud en esas circunstancias. Cuando esto ocurre, la persona da un salto cualitativo en su progreso, sintiéndose más fuerte y segura de sí misma, y sobre todo, con la sensación de conocerse mejor. Y este avance, lleva a tener que reconducir algunas relaciones que estaban viciadas, o que simplemente estaban basadas en la forma antigua de ser de la persona.

Si un sujeto toma la decisión de comenzar a transmitir más sus emociones para no quedárselas dentro de sí, y que estas le asfixien hasta hacerle daño, puede que la persona que tiene enfrente se lo agradezca, lo normal es que sí, ya que le va a facilitar la comunicación con ella, pero también va a necesitar un tiempo para acostumbrarse a esa nueva persona que dice lo que piensa y siente. Este cambio puede resultar un poco brusco para algunas personas, ya que mientras estaban acostumbradas a tener alado una persona callada y reservada, ahora deberán estar dispuestas a escuchar ciertas cosas que quizá les incomode en algunas ocasiones, por lo que deberán aprender a relacionarse otra vez desde esta nueva forma de ser. Por supuesto, estando el amor y el cariño presente, no será difícil hacerlo, sobre todo si tenemos en cuenta que una de las personas se siente más fuerte y más segura expresando sus sentimientos, pero debemos tener en cuenta que habrá que pasar por este periodo de cambio.

Para que el reajuste se realice de la forma más sencilla posible, debemos tener en cuenta los sentimientos de la persona que no ha pasado por el proceso, ya que esta también va a necesitar un tiempo para valorar los cambios, al igual que lo ha ido haciendo quien ha cambiado a lo largo de su proceso. Ir explicándole cómo se siente y qué necesita de la otra persona va a ayudar a evitar malentendidos y a que vaya asumiendo los cambios con mayor fluidez. En estas situaciones, quien haya realizado el proceso es quien tiene más información, tanto de sus propios cambios, del auto-conocimiento que ha experimentado y de las herramientas a su alcance para favorecer la comunicación con la otra persona y que la relación vuelva a fluir.

 

 

 

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Explicaciones en el whatsapp
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Ainhoa Cilveti | 26-04-2017 | 14:49| 0

Otras veces he hablado sobre esta aplicación que tanto usamos y que tantos malentendidos de comunicación origina. Esta vez, quiero centrarme en esos grupos que sirven para poner en contacto a personas que realizan una misma actividad y en el que uno explica si va a acudir a la actividad o no. Para hacerme entender mejor, un ejemplo podría ser el grupo de whatsapp de la clase de dibujo o el del equipo de algún deporte, sea cual fuere, es un grupo en el que nos comunicamos con otras personas con las que tampoco tenemos una relación muy estrecha o que al menos no consideramos dentro de nuestro grupo de amigos.

Quizá por tratarse de personas menos allegadas a nosotros, o porque nos sentimos menos comprometidos con ellas, solemos excusarnos más fácilmente de tener que hacer algo, incluso contando motivos no reales. No voy a acusar a nadie de mentir, pero está claro que no siempre las explicaciones que en estos grupos se dan son ciertas, y quienes las leen terminan dándose cuenta de esto.

Un cliente me comentaba cómo se sentía cada vez que tenía que leer una de estas explicaciones, sabiendo que no era cierta, ya que tenía la sensación de que le trataban de tonto. Por supuesto, si esto ocurre en ocasiones esporádicas se puede entender, porque uno no siempre se siente cómodo teniendo que decir lo que le ocurre a un grupo de personas que no conoce bien, y que por lo tanto, no sabe cómo van a aceptar su explicación. Pero cuando alguien se empeña en dar explicaciones inciertas reiteradamente, termina siendo de mal gusto para quienes tienen que leerlo y asumirlo como ciertas. Sé que habrá a quienes este hecho les parezca una verdadera tontería, pero quería recogerlo como un ejemplo más de lo que a veces puede generar nuestra falta de respeto hacia los demás, también en el whatsapp, y que debemos tener en cuenta cómo reciben los demás los mensajes que enviamos. Es preferible no decir nada que tratar a los demás de tontos, ya que es de esta forma como se van a sentir algunos de los que reciben el mensaje, sabiendo que deben leer excusas inciertas. Hay que destacar, que normalmente quienes actúan de esta forma es porque están perjudicando de alguna manera al resto del grupo.

 

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Jefes que no asumen sus responsabilidades
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Ainhoa Cilveti | 19-04-2017 | 05:20| 0

Los jefes lideran un equipo y lo dirigen, supervisando el trabajo de sus empleados y siendo los últimos responsables del trabajo de estos y del resultado logrado. Una de las cualidades que caracterizan a un buen jefe es el liderazgo, que hace que este sea el primero en luchar por los objetivos del equipo, haciendo que los otros le sigan y sabiendo darle a cada uno su sitio. En este sentido, si hubiera algún problema, sería el primero en asumir el compromiso de aceptarlo, trabajar en él y afrontarlo de la forma más proactiva y efectiva posible.

“El buen líder no lucha por ser primero, sino que es el primero en luchar”.

Por este motivo, me ha causado asombro lo que ha ocurrido en un departamento de una empresa importante y que se vanagloria en sus valores de empresa, en ser justos y apoyar al trabajador. El caso al que me refiero es una cuestión de datos objetivos, en el que el responsable del departamento comete un error de cálculo en una cifra, cuando esta se pasa al jefe supremo, se dan cuenta del error y pide a la persona encargada de haber redactado el email, asuma la responsabilidad de este error como propio. No sólo se lo pide a ella, sino que lo hace con el consentimiento de la persona que ocupa el cargo intermedio entre ambos, es decir, asume que su subalterno inmediato también va a aceptar como buena esta decisión de responsabilizar al último eslabón de la cadena de un error propio.

Sé que muchos pensaréis que esto es algo que ocurre constantemente en las empresas, y que soy una inocente por pensar lo contrario y que me asombre algo tan rutinario. Por supuesto, a lo largo de mi experiencia laboral me he encontrado con muchas situaciones parecidas, pero no quiere decir que no deba denunciarlas y ponerlas en evidencia cuando la ocasión me lo permite. Por este motivo, me niego a ser cómplice de quienes actúan de esta forma tan frustrante para el buen funcionamiento de una empresa, porque aquí quedan al descubierto dos cuestiones importantes:

1.- El jefe no asume sus errores.

2.- El jefe asume que no se responsabiliza del trabajo de su departamento.

Cuestiones que deberían ser básicas para ejercer las tareas de un jefe de departamento, por lo tanto, con este comportamiento está asumiendo delante de las dos personas que están por debajo de él, que no debería ocupar su puesto de trabajo.

 

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Jefes que no asumen sus responsabilidades
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Ainhoa Cilveti | 19-04-2017 | 05:00| 0

Los jefes lideran un equipo y lo dirigen, supervisando el trabajo de sus empleados y siendo los últimos responsables del trabajo de estos y del resultado logrado. Una de las cualidades que caracterizan a un buen jefe es el liderazgo, que hace que este sea el primero en luchar por los objetivos del equipo, haciendo que los otros le sigan y sabiendo darle a cada uno su sitio. En este sentido, si hubiera algún problema, sería el primero en asumir el compromiso de aceptarlo, trabajar en él y afrontarlo de la forma más proactiva y efectiva posible.

“El buen líder no lucha por ser primero, sino que es el primero en luchar”.

Por este motivo, me ha causado asombro lo que ha ocurrido en un departamento de una empresa importante y que se vanagloria en sus valores de empresa, en ser justos y apoyar al trabajador. El caso al que me refiero es una cuestión de datos objetivos, en el que el responsable del departamento comete un error de cálculo en una cifra, cuando esta se pasa al jefe supremo, se dan cuenta del error y pide a la persona encargada de haber redactado el email, asuma la responsabilidad de este error como propio. No sólo se lo pide a ella, sino que lo hace con el consentimiento de la persona que ocupa el cargo intermedio entre ambos, es decir, asume que su subalterno inmediato también va a aceptar como buena esta decisión de responsabilizar al último eslabón de la cadena de un error propio.

Sé que muchos pensaréis que esto es algo que ocurre constantemente en las empresas, y que soy una inocente por pensar lo contrario y que me asombre algo tan rutinario. Por supuesto, a lo largo de mi experiencia laboral me he encontrado con muchas situaciones parecidas, pero no quiere decir que no deba denunciarlas y ponerlas en evidencia cuando la ocasión me lo permite. Por este motivo, me niego a ser cómplice de quienes actúan de esta forma tan frustrante para el buen funcionamiento de una empresa, porque aquí quedan al descubierto dos cuestiones importantes:

1.- El jefe no asume sus errores.

2.- El jefe asume que no se responsabiliza del trabajo de su departamento.

Cuestiones que deberían ser básicas para ejercer las tareas de un jefe de departamento, por lo tanto, con este comportamiento está asumiendo delante de las dos personas que están por debajo de él, que no debería ocupar su puesto de trabajo.

 

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Coaching telefónico
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Ainhoa Cilveti | 12-04-2017 | 05:00| 2

Hace unas semanas os hablaba de una nueva plataforma en la que se ofrece la posibilidad de realizar sesiones de coaching on line y por teléfono. Hoy me quiero centrar en esta última alternativa, ya que es algo que se puede realizar con rapidez y desde cualquier punto del planeta, pudiendo además elegir entre un amplio abanico de profesionales. Por este motivo, quiero presentaros esta nueva web, que ofrece también la posibilidad de estar al día en temas referentes al coaching gracias a su blog, que se actualiza cada tres días: www.coachya.es

Durante las últimas semanas nuestro equipo de coaches y colaboradores han ido informando sobre diferentes aspectos del coaching y de las demás disciplinas que podéis encontrar en esta sección. Por supuesto, continuamos haciéndolo para acercaros nuestro mundo a cualquiera que esté interesado en él, ya que si algo tenemos todos en común, es la firme creencia de la utilidad y de los beneficios que ofrece nuestra profesión, y a la vez pasión, y que los ejemplos de los resultados que podemos constatar en todos los ámbitos de la vida son numerosos y para nosotros muy cercanos gracias a nuestros clientes.

Hoy me voy a centrar en el coaching telefónico, ya que varias personas me están realizando cuestiones al respecto. Tenemos que destacar por una parte las ventajas que este servicio nos ofrece, y por otro considerar estas ventajas respecto a los beneficios que vamos a obtener.

Las principales ventajas son:

 

–        Disponibilidad desde cualquier punto geográfico.

–        Más oferta de coaches y de disciplinas desde cualquier lugar.

–        Mayor facilidad y flexibilidad de horario para concertar una cita.

–        Mayor rapidez para lograr realizar una sesión.

–        Necesidad de menos tiempo para obtener un mismo resultado.

–        Mayor privacidad para el cliente.

–        Más comodidad.

–        En muchas ocasiones menor coste del servicio.

–        Posibilidad de realizar un mismo proceso con diferentes profesionales.

Como he señalado, el que un proceso o una sesión de coaching sea telefónica no implica que el resultado sea de menor calidad, sino que al necesitar estar más centrado en el objetivo de la sesión, se puede lograr enfocar mejor la situación y atinar con el resultado deseado por el cliente en menos tiempo. Por lo tanto, y teniendo en cuenta estas características del servicio telefónico, espero haber aclarado dudas y animo a nuestros seguidores a que lo prueben.

 

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Cambios versus estabilidad
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Ainhoa Cilveti | 05-04-2017 | 05:00| 0

Vivimos en una sociedad en la que los cambios nos suponen un gran esfuerzo, aparte de hacernos sentir que nuestra vida se tambalea y que suponen el fin de una etapa, algo que no llevamos muy bien. Cualquier cambio nos produce estrés y sensación de pérdida del control de nuestras vidas, lo que nos lleva muchas veces a aferrarnos a lo que tenemos sin atrevernos a avanzar por miedo a que algo cambie, por lo tanto, a estancarnos. Sin embargo, hay otro tipo de sociedades, como puede ser la estadounidense en la que el cambio es algo natural, lo que les permite tener mucha más movilidad a lo largo de sus vidas, tanto geográficamente como a nivel afectivo.

A consecuencia de la crisis, muchos jóvenes se han visto “obligados” a desplazarse a otros países para poder acceder a un puesto de trabajo, o muchas veces a unas prácticas que les permitan tener experiencia laboral y en un futuro les ayude a encontrar un trabajo. Estas salidas se han vivido por parte de sus familiares como una contrariedad que origina que la familia tenga que separarse, y la separación se percibe como algo negativo. Es verdad, que no siempre esta salida obligada ha sido en casos de personas jóvenes, también se ha producido en padres/madres de familia que se han visto obligados a separarse de sus hijos para buscar un modo de alimentar a sus familias. Las separaciones cuando los hijos son pequeños no son recomendables, ya que estos necesitan tener cerca a sus padres, sin embargo, el que un hijo se vaya de casa a partir de una edad deberíamos considerarlo como un movimiento positivo, ya que va a ayudar a que el joven madure en un entorno diferente al suyo, y por tanto, se enriquezca a nivel personal y profesional de otras culturas y formas de trabajar. Entonces, ¿Qué nos lleva a ser tan negativos ante estas ventajas?

Nuestra cultura nos ha enseñado que estar unidos nos proporciona estabilidad emocional, nos hacemos emocionalmente fuertes con los nuestros, ya que nos apoyamos en la familia y en los amigos, frente al individualismo de otras sociedades más abiertas al cambio. Por lo tanto, no debemos pensar en qué tipo de sociedad es mejor que otra, sino en tomar la parte positiva de cada una y aunarlas para avanzar también como sociedad. Los cambios pueden ser buenos, y si los acompañamos del apoyo de nuestros seres queridos, van a resultarnos más fáciles de gestionar, por lo que estaremos más abiertos a cambiar y a probar nuevos retos.

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Miedo a lo que pueda ocurrir
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Ainhoa Cilveti | 29-03-2017 | 05:00| 0

Cada vez estamos más informados sobre lo que ocurre en el mundo y sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, incluidas las enfermedades que más nos afectan, aquellas que tienen una peor cura o solución. Esta sobreexposición, a veces nos lleva a replantearnos muchas cosas y a que nos afecte emocionalmente, hasta el punto de sentirnos angustiados por lo que nos pueda ocurrir a nosotros o a nuestros seres queridos. Por supuesto, esto es algo que siempre ha ocurrido, pero parece que cuanta más noticias recibimos, más nos angustiamos, por este motivo es importante aprender a relativizar y gestionar la información para evitar que nos pueda afectar a nuestra vida y estado anímico.

Cuando una persona se siente angustiada por creer que le puede ocurrir algo, podemos pensar que es normal, al fin y al cabo, a la mayoría nos ocurre que cuando lo pensamos sentimos miedo. La mayoría de las mujeres lo sentimos cuando nos realizamos las revisiones ginecológicas anuales: Vas con la esperanza de que te digan que todo está bien y te despidan hasta el año que viene, pero casi todas sentimos en un momento u otro del proceso un momento en el que nos invade el temor de que algo malo nos vayan a comunicar. Sentir ese miedo es normal, pero dejar que ese miedo nos invada y nos limite en nuestra vida es otra cosa, por lo que debemos saber parar nuestro pensamiento negativo cuando esto ocurre.  Decirlo es fácil, pero reconozco que puede resultar complicado, ya que es algo que cada uno debe aprender a hacer, realizando un “cambio de creencias” respecto a este tema, muy sencillo una vez logrado, ya que es entonces cuando la persona es consciente del poder que tiene sobre sus pensamientos y de cómo estos influyen en nuestra vida. Lo más difícil es creerlo posible, pero una vez que se cree, se consigue realizar sin demasiado esfuerzo, porque lo que cuesta es que nos convenzamos de lo que somos capaces de hacer, y ponerlo en práctica.

Si cada mañana nos planteamos todo lo malo que nos puede ocurrir durante el día, probablemente no nos atrevamos a salir de la cama, pero debemos pensar en todo lo bueno que nos puede suceder, y querer disfrutar de ello. Por este motivo, cuanto más plena sea nuestra vida en todos los sentidos, más querremos salir de la cama para disfrutarla, y menos pensaremos en nuestros miedos. Trabajemos por tener una vida llena de aspectos que nos aporten en positivo, y nos quedará poco tiempo para pensar en lo malo. Al fin y al cabo, lo importante es que el tiempo que nos queda por estar aquí lo disfrutemos lo más posible.

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¿Qué hacemos con los padres?
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Ainhoa Cilveti | 22-03-2017 | 07:00| 0

Acabo de escuchar esta pregunta en un debate en el cual se estaba tratando el tema de una pelea ocurrida en las gradas de un campo de fútbol mientras se celebraba un partido infantil. Imagino que muchos de los que estáis leyendo este post las habéis visto, ya que las han emitido en todos los telediarios y programas de actualidad, e imagino que la mayoría se ha preguntado lo mismo: ¿Qué se puede hacer con este tipo de padres que tan mal ejemplo están dando a sus propios hijos?

Parece ser que por el momento les han prohibido entrar en el futuro en el campo, aunque si tienen un mínimo de vergüenza creo que tampoco se atreverían a acudir, pero todos sabemos, que sin llegar a estos extremos, se ven todos los fines de semana en muchas canchas deportivas actitudes vergonzantes que dan muy mal ejemplo a aquellos que se supone se va a ver y a animar, ocasionando en estos, sus hijos, todo lo contrario. Porque lo más grave de estos hechos es lo que provoca en los menores y lo que les puede suponer en su educación. Tenemos que tener en cuenta, por una parte, que nuestros hijos aprenden por el ejemplo que les damos, y por otra, se ven afectados por nuestro comportamiento, es decir, tanto en casa como fuera de casa, va a repercutir en ellos nuestra forma de comportarnos y de comunicarnos, tanto con ellos directamente, como con otras personas.

Es sabido que a partir de una edad los hijos sienten vergüenza de lo que hacen sus padres, pero los niños diferencian muy bien entre un comportamiento normal que les avergüence, como puede ser verles a sus padres bailar o besarse, y cuando hacen algo que no sólo les avergüenza a ellos, sino a todos aquellos que lo presencian, y en este caso, es difícil para los menores gestionar esas situaciones. Por una parte, ellos se sienten mal por lo ocurrido, por cómo se ven ellos afectados, y además, son conscientes de que son sus progenitores quienes han originado esa situación, lo que les provoca un mayor malestar, ya que se sienten responsables de sus padres. Sin querer, ellos se ven culpables de lo sucedido y sin saber qué hacer para solucionarlo. Debemos ser muy conscientes de que cada vez que realizamos un acto en su presencia que no son capaces de entender, hay que ofrecerles las pautas para que puedan hacerlo, por lo tanto, no hagamos cosas que ni nosotros mismos podamos justificar.

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¿Qué hacemos con los padres?
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Ainhoa Cilveti | 22-03-2017 | 15:20| 0

Acabo de escuchar esta pregunta en un debate en el cual se estaba tratando el tema de una pelea ocurrida en las gradas de un campo de fútbol mientras se celebraba un partido infantil. Imagino que muchos de los que estáis leyendo este post las habéis visto, ya que las han emitido en todos los telediarios y programas de actualidad, e imagino que la mayoría se ha preguntado lo mismo: ¿Qué se puede hacer con este tipo de padres que tan mal ejemplo están dando a sus propios hijos?

Parece ser que por el momento les han prohibido entrar en el futuro en el campo, aunque si tienen un mínimo de vergüenza creo que tampoco se atreverían a acudir, pero todos sabemos, que sin llegar a estos extremos, se ven todos los fines de semana en muchas canchas deportivas actitudes vergonzantes que dan muy mal ejemplo a aquellos que se supone se va a ver y a animar, ocasionando en estos, sus hijos, todo lo contrario. Porque lo más grave de estos hechos es lo que provoca en los menores y lo que les puede suponer en su educación. Tenemos que tener en cuenta, por una parte, que nuestros hijos aprenden por el ejemplo que les damos, y por otra, se ven afectados por nuestro comportamiento, es decir, tanto en casa como fuera de casa, va a repercutir en ellos nuestra forma de comportarnos y de comunicarnos, tanto con ellos directamente, como con otras personas.

Es sabido que a partir de una edad los hijos sienten vergüenza de lo que hacen sus padres, pero los niños diferencian muy bien entre un comportamiento normal que les avergüence, como puede ser verles a sus padres bailar o besarse, y cuando hacen algo que no sólo les avergüenza a ellos, sino a todos aquellos que lo presencian, y en este caso, es difícil para los menores gestionar esas situaciones. Por una parte, ellos se sienten mal por lo ocurrido, por cómo se ven ellos afectados, y además, son conscientes de que son sus progenitores quienes han originado esa situación, lo que les provoca un mayor malestar, ya que se sienten responsables de sus padres. Sin querer, ellos se ven culpables de lo sucedido y sin saber qué hacer para solucionarlo. Debemos ser muy conscientes de que cada vez que realizamos un acto en su presencia que no son capaces de entender, hay que ofrecerles las pautas para que puedan hacerlo, por lo tanto, no hagamos cosas que ni nosotros mismos podamos justificar.

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