Diario Vasco
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“En República Dominicana una niña es un activo económico para la familia”

Elsa Fuente, coordinadora de UNICEF Comité País Vasco, ha visitado recientemente República Dominicana donde ha podido comprobar de primera mano el trabajo que la organización realiza sobre el terreno

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¿Cómo describirías un país al que eminentemente relacionamos con el turismo, pero donde existen otras realidades, probablemente ocultas?

República Dominicana es un país del Caribe de ingreso medio en el que viven más de 10 millones de personas de las cuales el 48% son menores de 18 años, y que efectivamente atrae a millones de turistas pero donde la pobreza no ha dejado de aumentar y el acceso a servicios básicos como salud o educación es desigual. Se ha invertido en infraestructuras pero los servicios son de poca calidad.

Y si nos centramos en el turismo encontramos una doble cara, es cierto que es fuente de ingresos pero también puede generar riesgos para los derechos de la infancia por medio de la explotación sexual y comercial. Y existen zonas como Boca Chica y Puerto Plata donde UNICEF junto con sus aliados está trabajando desde una acción multidisciplinar, con prevención, legislación, reforzando la acción de las instituciones y, lo más difícil, abordando la alta tolerancia social existente.

Escuchamos frases lapidarias como que una niña es un activo económico para la familia o que Republica Dominicana es un país de embarazadas adolescentes. 1 de cada 5 adolescentes entre 15 y 19 años ha estado o está embarazada y el 36% de chicas menores de 18 años están casadas, de las que 12% son menores de 15 años. Cifras de matrimonio infantil similares a países de África Subsahariana

En América Latina y Caribe, 9 de cada 10 niños/as de entre 3 y 4 años están expuestos al menos a un factor de riesgo que afecta negativamente su desarrollo. ¿Cuál es la situación de la infancia en República Dominicana?

Las desigualdades afectan especialmente a la infancia. Hay grupos de niños y niñas excluidos en las zonas urbano-marginales, en las zonas rurales de las principales provincias, en la frontera con Haití, así como en los bateyes (comunidades rurales surgidas en los alrededores de las industrias azucareras que viven en condiciones precarias).

La tasa de mortalidad neonatal asombra a día de hoy, ya que diariamente mueren 13 bebés menores de 28 días, 10 de ellos por causas totalmente prevenibles. A su vez, uno de los grandes desafíos del país es el registro de nacimientos. El 12%  de los niños y niñas menores de 5 años no están inscritos en el Registro y esto supone que más de 175.300 niños y niñas ven vulnerados sus derechos.

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¿Qué proyectos has tenido la oportunidad de conocer en la isla?

Hemos podido ver proyectos que nos han dado a conocer la integralidad del trabajo de UNICEF en el desarrollo del niño y la niña. Desde la Atención Temprana, fundamental en la franja de 0-3 años, a programas de educación primaria donde el desafío es garantizar que los niños que entren en primero concluyan el octavo grado, y continúen en secundaria. Pero además se trabaja en programas de cultura de paz y hemos podido ver la experiencia de niños y niñas mediadores en conflictos en las aulas. También nos acercamos a la frontera con Haiti en Dajabon, para ver de primera mano el trabajo directo de UNICEF concienciando y apoyando el trabajo del Poder Judicial, el Ministerio y el Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza y atención y protección a las víctimas de trata.

Y no podíamos dejar de conocer la iniciativa de Hospital Amigo del Bebé donde para recibir dicha certificación desarrollan un control de natalidad de calidad, atención amigable a la madre, un parto limpio y de calidad, lactancia materna y apego precoz, reducción de infecciones durante la atención inmediata al neonato y registro oportuno de nacimiento. Hoy son ya 56 hospitales los que cuentan con oficina de registro civil en sus instalaciones

Hace pocas semanas que República Dominicana ha sufrido el paso del Huracán María ¿qué necesidades tienen los niños y niñas del país?

República Dominicana se encuentra en la ruta de los huracanes y esta amenaza, junto a los efectos del cambio climático, expone a la población y especialmente a los niños y niñas de las zonas más pobres a numerosos riesgos. Los recientes huracanes Irma y maría han afectado a las comunicaciones, los servicios básicos o el transporte y muchas familias han tenido que huir de sus hogares, aunque han tenido suerte de que no tocara tan fuerte como se esperaba.

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“En Cuba los niños aprenden en la escuela a reaccionar y reducir el riesgo ante los desastres naturales”

María Machicado, representante de UNICEF en Cuba realiza un balance de los daños producidos por el huracán Irma a su paso por la isla:

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Irma ha afectado a gran parte de la isla, de este a oeste, ¿Cuáles son las mayores afectaciones para los niños, niñas y adolescentes en las provincias afectadas?

El huracán Irma ha castigado duramente a las tres regiones de Cuba, especialmente a los municipios al norte de las provincias de Villa Clara, Ciego de Ávila, Camagüey y Sancti Spíritus.  Los informes preliminares del gobierno reportan grandes pérdidas en los sectores de la vivienda, electroenergético, agua y saneamiento, agricultura, educación, salud, telecomunicaciones y  turismo, una de las principales fuentes de ingreso del país.

Unas 60,500 viviendas han sido afectadas, así como más de 2,000 instalaciones educativas, la mayor parte en La Habana, Villa Clara, Matanzas, Camagüey y Ciego de Ávila, (esta última acaparando más del 50% de los centros dañados).  La discontinuidad de la rutina académica y social y la interrupción del curso escolar afecta a la salud psicosocial de niños y niñas y les hace más vulnerables al estar fuera de estos entornos seguros y protectores de aprendizaje, a través de los cuales además tienen acceso a servicios de salud y alimentación.

Al mismo tiempo,  las serias afectaciones a la disponibilidad y calidad del agua incrementan el riesgo de pequeños y mayores ante enfermedades de origen hídrico y vectorial.    Las penetraciones del mar, las roturas en instalaciones sanitarias y el desbordamiento de ríos han contaminado cisternas de todo el litoral norte de los municipios afectados.

 

¿Cuál es el rol de UNICEF y cómo trabaja conjuntamente con el gobierno de Cuba para satisfacer las necesidades más urgentes en respuesta a la emergencia?  

A nivel global, como parte de su mandato, UNICEF es la agencia líder de los clusters de WASH, nutrición, educación y protección infantil en situaciones humanitarias.  En Cuba, como socio estratégico del gobierno, acompañamos los esfuerzos nacionales de respuesta y recuperación.  Trabajamos de conjunto con nuestras contrapartes para conocer y entender el alcance de los daños y e identificar las necesidades prioritarias en los sectores en los que UNICEF es agencia líder para la coordinación de la respuesta en el país: Educación y Agua, Saneamiento e Higiene.

Las autoridades cubanas tienen un gran compromiso y respeto por el rápido restablecimiento de estas condiciones para proteger la salud y el bienestar de niños, niñas y adolescentes afectados por desastres.  Durante toda la semana pasada se reanudaron las clases en todo el país; en las escuelas que no habían sufrido daños, en las parcialmente afectadas dividiendo grupos en sesiones o reubicando alumnos e incluso en casas de vecinos que ofrecían en solidaridad miembros de las comunidades. ¡Sea como fuera, las clases empezaron para todos y todas! Mientras las autoridades también priorizan el restablecimiento regular del abastecimiento de agua a la población y el llamado a extremar las medidas de precaución en el manejo y consumo de agua.

Como respuesta a las necesidades inmediatas de la población, UNICEF ya ha entregado a las autoridades para su distribución 3 millones de tabletas de cloro para garantizar la calidad del agua a 44.000 personas en el municipio más afectado de la provincia de Villa Clara, Caibarien, sumándose al llamado de extremar las precauciones, y apoya el rápido retorno a la escuela de 34.700 niños, niñas y adolescentes con kits de material escolar y primera infancia, así como de recreación para acompañar la recuperación psicosocial.

 

La oficina de país se esfuerza por movilizar fondos para apoyar la rehabilitación de escuelas y el acondicionamiento de sus facilidades de agua, saneamiento e higiene, y el acceso a agua segura e higiene de las familias afectadas en las provincias de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila y Camagüey.

© EFE Ernesto Mastrascusa

  © EFE Ernesto Mastrascusa

A nivel global UNICEF apoya las iniciativas de reducción de riesgo de desastres, ¿Cuál es la experiencia en Cuba?

Cuba está en permanente riesgo de desastres naturales como huracanes, y es muy vulnerable a los efectos del cambio climático.  ¡Unos efectos cada vez más intensos y devastadores, como vemos estos días en una temporada ciclónica muy activa en el océano Atlántico!  En Cuba las políticas públicas del país priorizan la reducción de riesgo de desastres (RRD) y la educación medioambiental desde la misma primera infancia, con un enfoque especial y de género para crear una cultura de prevención y resiliencia.

Desde hace tres años trabajamos en colaboración con el Ministerio de Educación con las comunidades especialmente vulnerables a catástrofes en las provincias centrales y orientales del país en un proyecto para fortalecer la capacidad de niños, niñas y adolescentes de enfrentar los desastres. Es increíble cómo, integrando conocimientos y recursos prácticos básicos sobre desastres, preparación y el funcionamiento de la Defensa Civil en las asignaturas y actividades extracurriculares, podemos empoderar a niños y niñas desde muy pequeños para entender, adaptarse y participar en los esfuerzos de reducción de riesgo de desastres.  A través de estos estímulos, información, discusiones y análisis y la promoción de hábitos, los niños, niñas y adolescentes adaptan sus actitudes y prácticas hacia un abordaje más resiliente ante la adversidad.

Desde la clase de lengua o la de matemáticas, pasando por educación física o plástica, los profesores y profesoras de las escuelas que participan en el proyecto encuentran la manera de incorporar los contenidos esenciales de forma interesante y divertida.  Muchas de estas escuelas tienen huertos con hierbas medicinales que cuidan los estudiantes y cuyas propiedades conocen como sustitutos de medicinas que pudieran no estar disponibles en la farmacia tras un desastre.  La perspectiva única y el valioso aporte de los niños, niñas y adolescentes es irreemplazable, por ello es crucial que nos esforcemos por involucrarles lo máximo posible y darles responsabilidades y liderazgo.

 

Apoya a los niños y niñas afectados por el huracán Irma: <https://support.unicef.org/node/811>

 

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“Sin agua no se puede hacer nada”

El agua está presente en el 70% de nuestro cuerpo, una cifra que casi calca el 71% de líquido elemento que cubre nuestro planeta. El agua es fundamental para nuestra alimentación, para nuestra higiene, para nuestra salud, para nuestra flora y fauna. Podríamos decir que sin agua no somos nada.

Aún y todo, según un reciente informe de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, 2.100 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a agua potable y disponible en el hogar. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación?

Desde nuestra posición, un país de los llamados “industrializados” u OCDE, es más fácil desdeñar la importancia del agua especialmente porque consideramos que es un recurso que viene dado. Afortunadamente hemos sido educados en la consigna del ahorro y sabemos que derrochar agua al lavarse los dientes es algo que hay que evitar, al igual que dejar la luz encendida. ¿Hasta qué punto somos conscientes de lo que cuesta beber agua cuando, de un vistazo, podemos encontrar un establecimiento o grifo donde surtirnos abundantemente y gratis? UNICEF ha llevado a cabo un interesante experimento:

 

10, 20 o 50 kilómetros para conseguir agua sucia, en el mejor de los casos, es lo que deben recorrer al día millones de niños y niñas para ayudar a sus familias. Por el camino se dejan su futuro, en forma de mochila llena de libros. No pueden atender a sus clases porque eso no les da de comer. En el caso de las niñas, además, acecha un peligro constante: el de sufrir un asalto sexual o ser retenidas como esclavas.

A young woman displaced from her home by the worsening drought fills containers with clean water to carry back to her new home in the internally displaced peoples camp in Galkayo, Somalia, Wednesday 12 April 2017. As of April 2017, the humanitarian situation in Somalia continues to deteriorate due to the severe drought, which started in the north in 2016 and is now affecting most of the country. Over 6.2 million people are facing acute food insecurity and 4.5 million people are estimated to be in need of water, sanitation and hygiene (WASH) assistance. The situation is especially grave for children. Close to one million children (under five) will be acutely malnourished in 2017, including 185,000 severely malnourished, which may increase to over 270,000 if famine is not averted. Severely malnourished children are nine times more likely to die of killer diseases like cholera / acute watery diarrhea and measles, which are spreading.  The drought is also uprooting people, with more than 530,000 displaced since November 2016, adding to the 1.1 million already internally displaced (IDPs). This includes 278,000 new IDPs in the month of March alone, with 72,000 new arrivals in Mogadishu and 70,000 in Baidoa. In addition, the number of people crossing into Kenya is increasing. The rapid scale of displacement increases the risk of family separation and gender-based violence. Children are also dropping out of school, with 50,000 children reported to have stopped going to school, and an additional 40,000 at risk of being forced to interrupt their schooling. The Gu (April-June) rains are slowly unfolding, bringing much needed relief to parts of the country. But the rains also spell danger for children. If they come in full they will inflict further misery on children living in flimsy, makeshift shelters made of twigs and cloth or tarps. If the Gu rains fail, and if assistance doesn’t reach families, more people will be forced off their land into displacement camps. Outbr

 

Ahora que estamos en plena Semana Mundial del Agua, es un buen momento para reflexionar globalmente y proponer medidas eficientes para hacer llegar agua limpia a quien no la tiene.

Por eso UNICEF seguirá proporcionando acceso a agua potable día tras día. El pasado 2016, 39,4 millones de personas lo lograron. Nos gusta hacer cosas grandes y no hay nada más grande que un niño siga siendo un niño, olvidándose de problemas que deberían estar cubiertos.

Porque el agua es un derecho, no un privilegio

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Buscando una oportunidad: niños y niñas en tránsito

UNICEF acaba de lanzar el informe “En busca de oportunidades: voces de niños en tránsito en África Occidental y Central”, construido a través de entrevistas a niños y niñas migrantes y sus familias. Lo primero que se destaca de este trabajo internacional es la magnitud y la rotundidad de las cifras: hay 12 millones de personas en tránsito en África, 12 millones de migrantes que huyen de la violencia, de la pobreza o de la falta de oportunidades. 12 millones de personas cuyo destino principal no es Europa: 3 de cada 4 se quedan en África.

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Esa cifra no significa que este continente, máximo exponente del bienestar deseado,  deba quedarse de brazos cruzados. Es responsabilidad de los líderes mundiales dar una respuesta satisfactoria a las necesidades de un continente castigado.

Entre las razones que precipitan el flujo migratorio, de hecho, se encuentra el cambio climático. Irónicamente los países en desarrollo son quienes pagan las facturas que generan los países industrializados. África sufre sequías e inundaciones, que provocan desplazamientos de miles de personas por no hallar la forma de subsistir en su hogar. La temperatura en África subirá entre 3 y 4 grados durante este siglo, bastante más que la media en el resto del mundo.

La extrema urbanización y superpoblación son a la vez causa y consecuencia de los flujos migratorios. Para finales de siglo se prevé que la población africana ascienda a la cifra de 4,2 billones de personas (hoy son 1,1 billones de personas). Sin llegar tan lejos, hoy en día las grandes ciudades presentan síntomas de saturación. Las ciudades reciben a migrantes ansiosos por encontrar un modo de vida y poder mantener a su familia en el lugar de origen. La falta de recursos y de espacio provoca hacinamiento y riesgo para la salud de las personas. En el caso de los niños y niñas, su situación puede quedar oculta en el día a día de una gran urbe, donde las problemáticas individuales se invisibilizan.

La búsqueda de un mejor futuro para una familia pasa indudablemente por la educación. Elemento motor que motiva a emprender un camino peligroso e incierto. De hecho, UNICEF ha podido constatar que los migrantes persiguen continuar sus estudios, acceder a universidades europeas –para aquellos que logran llegar a Europa- o simplemente, acceder a una educación de mejor calidad. La educación es uno de los pilares sobre los que se sustenta el desarrollo humano.

Por todo ello, y porque la migración también tiene sus beneficios, siempre que se legal y vaya acompañada de una protección a las personas en tránsito y en especial a los niños y niñas, UNICEF vuelve a poner en valor su Agenda basada en 6 puntos, entre los que destacan el establecimiento de un sistema de protección a la infancia, la promoción de medidas para luchar contra la xenofobia o la marginación en los países de tránsito y destino o una exigencia para que se actúe sobre las causas subyacentes de los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes.

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¿Para qué sirve un Día Mundial?

Oficialmente, Naciones Unidas dice que los Días Internacionales sirven para sensibilizar, concienciar, llamar la atención sobre un problema que aún no se ha resuelto. En una sociedad hiperestimulada en términos de recepción de mensajes, al menos la celebración de un Día Mundial sirve para que en esa jornada en concreto, el debate de la opinión pública se centre en qué hacer y qué no hacer para lograr una pronta resolución.

Hoy 20 de junio, es el Día Mundial del Refugiado. Una fecha simbólica que llega en el momento en el que más refugiados hay en el mundo: 22,5 millones de personas a finales del 2016, según el último informe de la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR.

Una señal de alarma que aumenta en gravedad cuando observamos que el número total de niños y niñas que viajan solos, y por lo tanto, al albur de cualquier amenaza, se ha multiplicado por 5 desde 2010, tal y como anunció UNICEF en su último informe “Ante Todo Son Niños”.

 

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La trágica realidad que se esconde tras la cifra de 22,5 millones de personas refugiadas, es precisamente que son muchas más. Ese dato solo recoge a aquellas que han conseguido el estatuto internacional de refugiadas. Pero dada la dificultad de lograrlo, son miles más las que intentan alcanzar la estabilidad, por otras vías. Una normalidad que les fue arrebatada cuando desarrollaban su vida tranquilamente en Siria o Sudán del Sur, y el conflicto les estalló en su propia cara. Sus escuelas fueron destrozadas, sus padres forzosamente obligados a acudir al frente y, en muchos casos, sus madres secuestradas para actuar como esclavas. No ven más opción que entregarse a las mafias que les prometen una vida mejor en Occidente. A cambio de mucho dinero, en el mejor de los casos; o de su propia vida, en el peor. Según los datos de UNICEF, el 92% de los niños y niñas que llegaron a las costas de Italia entre 2016 y 2017 eran menores no acompañados.

Sin nadie que les proteja, son blanco fácil para las mafias que trafican con personas. Por eso UNICEF lanzó un manifiesto de 6 puntos, solicitando a los países más poderosos del mundo, una política a la altura de la magnitud del problema. Los 6 puntos del plan, entre otros, incluían protección específica contra la explotación y violencia, el fin de las detenciones de los niños/as que solicitan el estatus de refugiado o el mantenimiento de las familias unidas, como la mejor manera de ofrecer seguridad a la infancia. En definitiva, proteger las vías por las que los niños y niñas intentan acceder a una nueva vida.

“Yo fui uno de vosotros”

Los estigmas sociales que rodean la figura de las personas refugiadas siguen presentes en la sociedad. La parte positiva es que el papel más activo de la sociedad civil está incidiendo en las políticas que adoptan nuestros gobiernos, reclamando mayor implicación en el asilo al refugiado y castigando en las urnas a quienes plantean lo contrario.

El propio ex-secretario general de Naciones Unidas y reciente Premio UNICEF, Ban-Ki-Moon, reconocía hace unos años, haber sido un niño refugiado. “Nuestras vidas se convirtieron en humo” al huir por la Guerra de Corea, admitió. UNICEF precisamente le ha premiado por su implicación con la infancia, a la que brindaba el mayor de los cariños. Contaba que en sus visitas a campos de refugiados, se solía acercar a los niños, y a medio camino entre una sonrisa cómplice y la compasión de su situación actual les decía: “No perdáis la esperanza. Yo fui uno de vosotros”

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Conflictos que marcan una vida

Cuando la sociedad, en general, se pregunta por las posibles soluciones a los problemas que afectan de manera directa a la infancia, ni los más optimistas pueden evitar cierto desasosiego al comprobar que, en el epicentro de todo, en la base de todo atentado contra los derechos de las niñas y los niños, hallamos los conflictos. Son estructurales y periódicos; obedecen a razones económicas, étnicas o religiosas; son desgarradores, trágicos y letales; y pueden acabar con generaciones enteras, frustran sueños y corrompen sistemas. El conflicto, generalmente armado y violento, afecta de manera transversal a todas las capas de la sociedad. No obstante, en el caso de los niños y niñas, sujetos de derecho, la gravedad se multiplica.

UNICEF ha alertado recientemente sobre la situación de 24 millones de niños y niñas en todo el mundo, afectados por distintos conflictos en Oriente Medio y Norte de África. La infancia, pese a estar directamente protegida y amparada por la Convención sobre los Derechos del Niño (el tratado de derechos humanos más ratificado en todo el mundo, desde 1989), es el eslabón más débil en una cadena ya de por sí, frágil. Un niño o una niña, hasta los 18 años, tiene el derecho a ser protegido por su familia (o por el estado, en su ausencia) y a hacer uso de todas las herramientas que se pongan a su alcance para gozar de un desarrollo óptimo, una buena salud y una educación de calidad, que no ponga en jaque su futuro.

 

Cuando el conflicto amenaza a una población, los niños y las niñas sufren consecuencias directas y derivadas. Solo en Yemen, más de 9,5 millones están al borde de sufrir hambruna. En Siria casi 6 millones de no pueden recibir asistencia sanitaria, ni vacunas ya que viven bajo asedio y resulta imposible acceder a ayuda humanitaria. En Irak más de 85.000 niños/as están atrapados al oeste de Mosul, lo que condiciona su salud de manera directa y reduce drásticamente su esperanza de vida…Libia, Sudan o la Franja de Gaza son otros de los conflictos armados donde los niños y niñas ven conculcados sus derechos. Por no hablar de la educación, la cual queda postergada y relegada hasta la resolución del conflicto, en muchos casos por una equivocada priorización de los gobiernos locales, en otros, por la imposibilidad física de contar con centros escolares al haber sido destruidos.

Si la salud física merma la esperanza de vida de los niños y niñas, la salud mental aniquila sueños: los niños y niñas desarraigados que sufren depresión, mientras esperan en los campos de refugiados de Grecia o Hungría, por ejemplo, son el mayor exponente.

Por eso, UNICEF hace un llamamiento para que se dé prioridad a las necesidades de la infancia en países afectados por conflictos, a través de: un acceso incondicional a la ayuda humanitaria y suministros; una resolución de las partes en conflicto que ponga fin inmediato a los ataques contra infraestructuras sanitarias, educativas y civiles y la financiación urgente para los sectores de salud, nutrición, agua y saneamiento.

UNICEF nació en 1946 con el fin de brindar soporte y ayuda a los niños/as afectados por la II. Guerra Mundial. 71 años después aún seguimos haciendo lo mismo. Son otros países, causas y personas afectadas. Pero la esencia es la misma: los conflictos amenazan la vida de millones de niñas y niños.

 

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Desarraigo y depresión: la situación de millones de niños y niñas

La infancia, los niños y las niñas, no solo representan el futuro y el desarrollo de un país. También son la cara amable, la inocencia, la jovialidad y la alegría. Cuando una niña o un niño está triste, significa que algo está fallando en el mundo que los adultos están construyendo para ellos.

Evidentemente no hablamos de una tristeza superflua y coyuntural, sino la que subyace de una enfermedad más grave y compleja como es la depresión. Es la que corren el riesgo de sufrir los casi 25.000 niños y niñas atrapados en Europa, entre sus países de origen y un futuro que se vislumbra cercado. Son los hijos e hijas de las 75.000 personas refugiadas y migrantes que malviven en los campos de Grecia, Hungría, Bulgaria y Balcanes Occidentales, o incluso, en casos extremos, menores no acompañados.

En la mayoría de los casos, los menores van acompañados de sus madres, esperan largamente poder proseguir su marcha y reencontrarse con sus padres o resto de familia en países de destino como Alemania o Suecia. Pero no es sencillo. La burocracia y los intereses políticos hacen que, por ejemplo, de las 5.000 solicitudes de asilo que se realizaron en Grecia a lo largo del 2016, únicamente 1.107 llegaran a prosperar. La UE ha prometido incidir en la protección integral de los niños y niñas migrantes: evitar que sean objeto de trata, de abusos sexuales o de violencia física. Sin embargo, hay algo de lo que difícilmente les podrán proteger sin soluciones innovadoras e integrales: el desarraigo.

Silenciosa y profunda

Existen, en todo el mundo, 28 millones de niños y niñas que se han visto obligados a desplazarse por conflictos y violencia y otros 20 millones por otras razones. En total, casi 50 millones de niños y niñas con infancias truncadas, con entornos familiares a los que ya no volverán y con una alegría que se esfuma.

UNICEF y sus aliados sobre el terreno, están supervisando la salud mental de mujeres, niños y niñas, especialmente en Grecia. Las conclusiones son preocupantes. Reconocen que en cierta manera las madres han perdido la motivación y se sienten estancadas, tras tantos meses atrapadas. Eso se traslada a sus hijos e hijas.

Precisamente con el objetivo de visibilizar la situación de la infancia refugiada y migrante, recientemente se ha celebrado en Madrid la Consulta Internacional sobre la nueva Observación General Conjunta sobre los niños y niñas en el contexto de las migraciones internacionales, con el foco puesto en la región Mediterránea. Entre los retos pendientes, concienciar a la sociedad en su conjunto a través de Naciones Unidas para que garantice los derechos de la infancia. El documento que ha surgido de esta Consulta debe servir de guía para que los distintos gobiernos, políticos, jueces y fiscales, abogados, policías, médicos, profesores, empresas y medios de comunicación promuevan y defiendan los derechos de los niños y niñas, para que tan solo puedan ser eso, niños y niñas alegres y sanos, sin más preocupación que la de seguir creciendo y formándose.

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#CierraUNICEF: por un mundo donde no sea necesario

Tras setenta años de trabajo, UNICEF ha mejorado la situación de millones de niños y niñas en el mundo gracias a vacunas, alimento, escuelas y protección en países de todo el mundo. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer para que se haga realidad su sueño más deseado: cerrar UNICEF.

Y es que cerrar significaría que los derechos de todos los niños y niñas de cualquier lugar del mundo estén cubiertos, que todos pudiesen vivir en lugares fuera de conflicto y que tuvieran sus necesidades primarias completamente satisfechas.

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Todavía en 2017 cincuenta millones de niños y niñas sufren desnutrición aguda, 61 millones no van a la escuela y el trabajo infantil y el matrimonio infantil son una triste realidad a la que muchos se tienen que enfrentar diariamente sin recursos para poder evitarlo.

En los últimos 17 años se ha salvado la vida de 48 millones de niños y niñas menores de cinco años, entre 1990 y 2015 se ha proporcionado acceso a agua potable a 250 millones de personas; y cada año entre dos y tres millones de niños y niñas consiguen salvar su vida gracias a una vacuna.

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Pero, a pesar de estas cifras positivas, las hay también muy alarmantes: 16.000 niños y niñas están muriendo cada día por causas evitables como la diarrea y 50 millones padecen desnutrición aguda. A pesar de nuestro esfuerzo, el número de menores que se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias asciende a 168 millones.

Las situaciones extremas a las que se enfrentan en sus países de origen ponen en peligro cada segundo de sus vidas: 535 millones de niños y niñas viven en lugares afectados por conflictos o desastres naturales. La guerra en Siria y la crisis de los refugiados, la hambruna en Sudán del Sur, el conflicto en Yemen o la violencia en Nigeria son solo algunas de las emergencias que hacen que UNICEF siga siendo necesario.

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No podemos dar la espalda a estos niños y niñas indefensos. En sus más de setenta años de vida UNICEF ha demostrado gracias al apoyo de todos que un mundo mejor para la infancia es posible. Pero todavía queda mucho trabajo por delante. Alcanzar el cierre de nuestra organización es una utopía que puede hacerse realidad con nuestro esfuerzo y tu ayuda. Colabora con nosotros y #CierraUnicef.

 

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30.000 niños soldado convertidos en combatientes involuntarios

“Las cosas no iban bien en casa, así que me escapé y me convertí en soldado con doce años. Con quince me quedé embarazada. Tener un hijo conlleva mucha responsabilidad, no sé lo que hacer” nos cuenta Angelina desde Colombia. Ahora, con 23 años, lo único que quiere es no perderse ni un minuto de la vida de su hija.

En los más de 30 conflictos armados que hay en todo el mundo participan unos 300.000 niños y niñas soldado que, sin apenas saber cómo han llegado hasta ahí, se han convertido en combatientes involuntarios. Muchas de ellos están en plena línea de combate, otros están obligados a ejercer de mensajeros, esclavas sexuales o son utilizados para ataques suicidas.

Algunos son secuestrados; a otros, la pobreza, los malos tratos, la presión de la sociedad o el deseo de vengarse de la violencia contra ellos o sus familias les llevan a unirse a grupos armados y empuñar un arma.

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Esta última es la razón por la que James John, con solo 13 años, decidió unirse a la lucha armada: “nuestros enemigos mataron a mi hermana, mi tío y a otros miembros de la familia. Pero la vida como soldado no es fácil, tenemos que andar mucho, a veces incluso durante tres o cuatro días, llevando equipamiento muy pesado”. Ahora James quiere ir al colegio, aprender y, cuando sea mayor, ayudar a la gente de su comunidad.

Convertirse en soldado a una edad tan temprana les trae a los niños y niñas secuelas físicas causadas en la batalla o por abusos, tienen desnutrición y muchos de ellos contraen enfermedades de transmisión sexual. Además, las secuelas psicológicas no tardan mucho en aparecer, habiendo presenciado a edades tan tempranas actos de violencia extremadamente crueles.

Desde UNICEF trabajamos incansablemente para liberar a estos niños y niñas de las fuerzas armadas y que puedan volver con sus familias por medio de tres principales pasos: la desmovilización, donde se les lleva a un centro de tránsito para recibir los cuidados necesarios; el desarme para eliminar las armas y la reintegración en la sociedad.

Por medio de nuestro trabajo en los últimos años hemos conseguido la liberación de casi 10.000 niños y niñas soldado, pero no es suficiente. Seguimos trabajando para que la guerra deje de convertirse en algo que marque a la infancia de por vida. Colabora con nosotros.

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Los niños y niñas refugiados sufren un invierno más

En las últimas semanas, al drama de las personas migrantes y refugiadas de abandonar su hogar y las dificultades para acceder a nuevos territorios en busca de seguridad y una nueva oportunidad se les ha sumado la ola de frío que azota toda Europa.

Esta emergencia humanitaria se encuentra muy lejos de su solución. Entre muchas razones, estas son las cinco que destacamos desde UNICEF:

1. Cierre de fronteras. Tras más de un año en el que se ha presenciado la huída de miles de personas de la guerra, algunos países tomaron la decisión de cerrar sus fronteras, dejándolas así atrapadas en diferentes países de la ruta de los Balcanes. Todavía hoy alrededor de 23.700 niños y niñas refugiados siguen atrapados durmiendo en tiendas de campaña no acondicionadas para subsistir ante las gélidas temperaturas que se están viviendo en todo el continente.

Además, el acuerdo de la Unión Europea con Turquía para establecer un mecanismo de control de los flujos migratorios hace que los recién llegados queden retenidos en Grecia a la espera de un análisis de su situación, tras el cual a muchos de ellos se les envía de vuelta a Turquía.

2. Lentitud en las decisiones políticas. Los progresos en torno a las reubicaciones y reasentamientos de las personas refugiados se dan con una lentitud extrema en las políticas europeas. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta la inquietud que generan las llegadas de refugiados y migrantes y el crecimiento cada vez mayor de una atmósfera xenófoba.

 

 

 

3. Deficiente coordinación entre países. Las tangibles diferencias de políticas migratorias entre países vecinos hacen que sea prácticamente imposible llegar a un acuerdo entre ambos, dando prioridad a sus intereses particulares frente a los de los niños y niñas que tanto lo necesitan.

4. Capacidad insuficiente y excesiva burocracia. Los procesos de demandas de asilo y las 160.000 reubicaciones necesarias no se pueden llevar a cabo con la escasa flexibilidad que ofrecen los procesos burocráticos y el bajo número de funcionarios dedicados a tramitar estas operaciones.

5. Sistemas de protección de menores sobrecargados. Solo en dos años, más de 700.000 niños y niñas han solicitado asilo europeo. Esta es una cifra sin precedentes, que ha provocado el desbordamiento de los sistemas de protección de menores.

Esta y muchas otras razones hacen que millones de niños y niñas vivan en lugares inadecuados donde no se les puede garantizar su protección y educación. Además, las leyes e instituciones relacionadas con la infancia no estaban preparadas para esta situación, y no han sido adaptadas.

Los países deben anteponer los derechos humanos a sus propios intereses. No existe justificación alguna para lo que estamos viendo todos los días. UNICEF no cesará de trabajar y de exigir la ayuda que todos merecen. Ayúdanos a conseguirlo.

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