Diario Vasco
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Desarraigo y depresión: la situación de millones de niños y niñas

La infancia, los niños y las niñas, no solo representan el futuro y el desarrollo de un país. También son la cara amable, la inocencia, la jovialidad y la alegría. Cuando una niña o un niño está triste, significa que algo está fallando en el mundo que los adultos están construyendo para ellos.

Evidentemente no hablamos de una tristeza superflua y coyuntural, sino la que subyace de una enfermedad más grave y compleja como es la depresión. Es la que corren el riesgo de sufrir los casi 25.000 niños y niñas atrapados en Europa, entre sus países de origen y un futuro que se vislumbra cercado. Son los hijos e hijas de las 75.000 personas refugiadas y migrantes que malviven en los campos de Grecia, Hungría, Bulgaria y Balcanes Occidentales, o incluso, en casos extremos, menores no acompañados.

En la mayoría de los casos, los menores van acompañados de sus madres, esperan largamente poder proseguir su marcha y reencontrarse con sus padres o resto de familia en países de destino como Alemania o Suecia. Pero no es sencillo. La burocracia y los intereses políticos hacen que, por ejemplo, de las 5.000 solicitudes de asilo que se realizaron en Grecia a lo largo del 2016, únicamente 1.107 llegaran a prosperar. La UE ha prometido incidir en la protección integral de los niños y niñas migrantes: evitar que sean objeto de trata, de abusos sexuales o de violencia física. Sin embargo, hay algo de lo que difícilmente les podrán proteger sin soluciones innovadoras e integrales: el desarraigo.

Silenciosa y profunda

Existen, en todo el mundo, 28 millones de niños y niñas que se han visto obligados a desplazarse por conflictos y violencia y otros 20 millones por otras razones. En total, casi 50 millones de niños y niñas con infancias truncadas, con entornos familiares a los que ya no volverán y con una alegría que se esfuma.

UNICEF y sus aliados sobre el terreno, están supervisando la salud mental de mujeres, niños y niñas, especialmente en Grecia. Las conclusiones son preocupantes. Reconocen que en cierta manera las madres han perdido la motivación y se sienten estancadas, tras tantos meses atrapadas. Eso se traslada a sus hijos e hijas.

Precisamente con el objetivo de visibilizar la situación de la infancia refugiada y migrante, recientemente se ha celebrado en Madrid la Consulta Internacional sobre la nueva Observación General Conjunta sobre los niños y niñas en el contexto de las migraciones internacionales, con el foco puesto en la región Mediterránea. Entre los retos pendientes, concienciar a la sociedad en su conjunto a través de Naciones Unidas para que garantice los derechos de la infancia. El documento que ha surgido de esta Consulta debe servir de guía para que los distintos gobiernos, políticos, jueces y fiscales, abogados, policías, médicos, profesores, empresas y medios de comunicación promuevan y defiendan los derechos de los niños y niñas, para que tan solo puedan ser eso, niños y niñas alegres y sanos, sin más preocupación que la de seguir creciendo y formándose.