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Conflictos que marcan una vida

Cuando la sociedad, en general, se pregunta por las posibles soluciones a los problemas que afectan de manera directa a la infancia, ni los más optimistas pueden evitar cierto desasosiego al comprobar que, en el epicentro de todo, en la base de todo atentado contra los derechos de las niñas y los niños, hallamos los conflictos. Son estructurales y periódicos; obedecen a razones económicas, étnicas o religiosas; son desgarradores, trágicos y letales; y pueden acabar con generaciones enteras, frustran sueños y corrompen sistemas. El conflicto, generalmente armado y violento, afecta de manera transversal a todas las capas de la sociedad. No obstante, en el caso de los niños y niñas, sujetos de derecho, la gravedad se multiplica.

UNICEF ha alertado recientemente sobre la situación de 24 millones de niños y niñas en todo el mundo, afectados por distintos conflictos en Oriente Medio y Norte de África. La infancia, pese a estar directamente protegida y amparada por la Convención sobre los Derechos del Niño (el tratado de derechos humanos más ratificado en todo el mundo, desde 1989), es el eslabón más débil en una cadena ya de por sí, frágil. Un niño o una niña, hasta los 18 años, tiene el derecho a ser protegido por su familia (o por el estado, en su ausencia) y a hacer uso de todas las herramientas que se pongan a su alcance para gozar de un desarrollo óptimo, una buena salud y una educación de calidad, que no ponga en jaque su futuro.

 

Cuando el conflicto amenaza a una población, los niños y las niñas sufren consecuencias directas y derivadas. Solo en Yemen, más de 9,5 millones están al borde de sufrir hambruna. En Siria casi 6 millones de no pueden recibir asistencia sanitaria, ni vacunas ya que viven bajo asedio y resulta imposible acceder a ayuda humanitaria. En Irak más de 85.000 niños/as están atrapados al oeste de Mosul, lo que condiciona su salud de manera directa y reduce drásticamente su esperanza de vida…Libia, Sudan o la Franja de Gaza son otros de los conflictos armados donde los niños y niñas ven conculcados sus derechos. Por no hablar de la educación, la cual queda postergada y relegada hasta la resolución del conflicto, en muchos casos por una equivocada priorización de los gobiernos locales, en otros, por la imposibilidad física de contar con centros escolares al haber sido destruidos.

Si la salud física merma la esperanza de vida de los niños y niñas, la salud mental aniquila sueños: los niños y niñas desarraigados que sufren depresión, mientras esperan en los campos de refugiados de Grecia o Hungría, por ejemplo, son el mayor exponente.

Por eso, UNICEF hace un llamamiento para que se dé prioridad a las necesidades de la infancia en países afectados por conflictos, a través de: un acceso incondicional a la ayuda humanitaria y suministros; una resolución de las partes en conflicto que ponga fin inmediato a los ataques contra infraestructuras sanitarias, educativas y civiles y la financiación urgente para los sectores de salud, nutrición, agua y saneamiento.

UNICEF nació en 1946 con el fin de brindar soporte y ayuda a los niños/as afectados por la II. Guerra Mundial. 71 años después aún seguimos haciendo lo mismo. Son otros países, causas y personas afectadas. Pero la esencia es la misma: los conflictos amenazan la vida de millones de niñas y niños.

 

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