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¿Para qué sirve un Día Mundial?

Oficialmente, Naciones Unidas dice que los Días Internacionales sirven para sensibilizar, concienciar, llamar la atención sobre un problema que aún no se ha resuelto. En una sociedad hiperestimulada en términos de recepción de mensajes, al menos la celebración de un Día Mundial sirve para que en esa jornada en concreto, el debate de la opinión pública se centre en qué hacer y qué no hacer para lograr una pronta resolución.

Hoy 20 de junio, es el Día Mundial del Refugiado. Una fecha simbólica que llega en el momento en el que más refugiados hay en el mundo: 22,5 millones de personas a finales del 2016, según el último informe de la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR.

Una señal de alarma que aumenta en gravedad cuando observamos que el número total de niños y niñas que viajan solos, y por lo tanto, al albur de cualquier amenaza, se ha multiplicado por 5 desde 2010, tal y como anunció UNICEF en su último informe “Ante Todo Son Niños”.

 

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La trágica realidad que se esconde tras la cifra de 22,5 millones de personas refugiadas, es precisamente que son muchas más. Ese dato solo recoge a aquellas que han conseguido el estatuto internacional de refugiadas. Pero dada la dificultad de lograrlo, son miles más las que intentan alcanzar la estabilidad, por otras vías. Una normalidad que les fue arrebatada cuando desarrollaban su vida tranquilamente en Siria o Sudán del Sur, y el conflicto les estalló en su propia cara. Sus escuelas fueron destrozadas, sus padres forzosamente obligados a acudir al frente y, en muchos casos, sus madres secuestradas para actuar como esclavas. No ven más opción que entregarse a las mafias que les prometen una vida mejor en Occidente. A cambio de mucho dinero, en el mejor de los casos; o de su propia vida, en el peor. Según los datos de UNICEF, el 92% de los niños y niñas que llegaron a las costas de Italia entre 2016 y 2017 eran menores no acompañados.

Sin nadie que les proteja, son blanco fácil para las mafias que trafican con personas. Por eso UNICEF lanzó un manifiesto de 6 puntos, solicitando a los países más poderosos del mundo, una política a la altura de la magnitud del problema. Los 6 puntos del plan, entre otros, incluían protección específica contra la explotación y violencia, el fin de las detenciones de los niños/as que solicitan el estatus de refugiado o el mantenimiento de las familias unidas, como la mejor manera de ofrecer seguridad a la infancia. En definitiva, proteger las vías por las que los niños y niñas intentan acceder a una nueva vida.

“Yo fui uno de vosotros”

Los estigmas sociales que rodean la figura de las personas refugiadas siguen presentes en la sociedad. La parte positiva es que el papel más activo de la sociedad civil está incidiendo en las políticas que adoptan nuestros gobiernos, reclamando mayor implicación en el asilo al refugiado y castigando en las urnas a quienes plantean lo contrario.

El propio ex-secretario general de Naciones Unidas y reciente Premio UNICEF, Ban-Ki-Moon, reconocía hace unos años, haber sido un niño refugiado. “Nuestras vidas se convirtieron en humo” al huir por la Guerra de Corea, admitió. UNICEF precisamente le ha premiado por su implicación con la infancia, a la que brindaba el mayor de los cariños. Contaba que en sus visitas a campos de refugiados, se solía acercar a los niños, y a medio camino entre una sonrisa cómplice y la compasión de su situación actual les decía: “No perdáis la esperanza. Yo fui uno de vosotros”

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