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Categoría: Actualidad
“Sin agua no se puede hacer nada”

El agua está presente en el 70% de nuestro cuerpo, una cifra que casi calca el 71% de líquido elemento que cubre nuestro planeta. El agua es fundamental para nuestra alimentación, para nuestra higiene, para nuestra salud, para nuestra flora y fauna. Podríamos decir que sin agua no somos nada.

Aún y todo, según un reciente informe de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, 2.100 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a agua potable y disponible en el hogar. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación?

Desde nuestra posición, un país de los llamados “industrializados” u OCDE, es más fácil desdeñar la importancia del agua especialmente porque consideramos que es un recurso que viene dado. Afortunadamente hemos sido educados en la consigna del ahorro y sabemos que derrochar agua al lavarse los dientes es algo que hay que evitar, al igual que dejar la luz encendida. ¿Hasta qué punto somos conscientes de lo que cuesta beber agua cuando, de un vistazo, podemos encontrar un establecimiento o grifo donde surtirnos abundantemente y gratis? UNICEF ha llevado a cabo un interesante experimento:

 

10, 20 o 50 kilómetros para conseguir agua sucia, en el mejor de los casos, es lo que deben recorrer al día millones de niños y niñas para ayudar a sus familias. Por el camino se dejan su futuro, en forma de mochila llena de libros. No pueden atender a sus clases porque eso no les da de comer. En el caso de las niñas, además, acecha un peligro constante: el de sufrir un asalto sexual o ser retenidas como esclavas.

A young woman displaced from her home by the worsening drought fills containers with clean water to carry back to her new home in the internally displaced peoples camp in Galkayo, Somalia, Wednesday 12 April 2017. As of April 2017, the humanitarian situation in Somalia continues to deteriorate due to the severe drought, which started in the north in 2016 and is now affecting most of the country. Over 6.2 million people are facing acute food insecurity and 4.5 million people are estimated to be in need of water, sanitation and hygiene (WASH) assistance. The situation is especially grave for children. Close to one million children (under five) will be acutely malnourished in 2017, including 185,000 severely malnourished, which may increase to over 270,000 if famine is not averted. Severely malnourished children are nine times more likely to die of killer diseases like cholera / acute watery diarrhea and measles, which are spreading.  The drought is also uprooting people, with more than 530,000 displaced since November 2016, adding to the 1.1 million already internally displaced (IDPs). This includes 278,000 new IDPs in the month of March alone, with 72,000 new arrivals in Mogadishu and 70,000 in Baidoa. In addition, the number of people crossing into Kenya is increasing. The rapid scale of displacement increases the risk of family separation and gender-based violence. Children are also dropping out of school, with 50,000 children reported to have stopped going to school, and an additional 40,000 at risk of being forced to interrupt their schooling. The Gu (April-June) rains are slowly unfolding, bringing much needed relief to parts of the country. But the rains also spell danger for children. If they come in full they will inflict further misery on children living in flimsy, makeshift shelters made of twigs and cloth or tarps. If the Gu rains fail, and if assistance doesn’t reach families, more people will be forced off their land into displacement camps. Outbr

 

Ahora que estamos en plena Semana Mundial del Agua, es un buen momento para reflexionar globalmente y proponer medidas eficientes para hacer llegar agua limpia a quien no la tiene.

Por eso UNICEF seguirá proporcionando acceso a agua potable día tras día. El pasado 2016, 39,4 millones de personas lo lograron. Nos gusta hacer cosas grandes y no hay nada más grande que un niño siga siendo un niño, olvidándose de problemas que deberían estar cubiertos.

Porque el agua es un derecho, no un privilegio

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Buscando una oportunidad: niños y niñas en tránsito

UNICEF acaba de lanzar el informe “En busca de oportunidades: voces de niños en tránsito en África Occidental y Central”, construido a través de entrevistas a niños y niñas migrantes y sus familias. Lo primero que se destaca de este trabajo internacional es la magnitud y la rotundidad de las cifras: hay 12 millones de personas en tránsito en África, 12 millones de migrantes que huyen de la violencia, de la pobreza o de la falta de oportunidades. 12 millones de personas cuyo destino principal no es Europa: 3 de cada 4 se quedan en África.

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Esa cifra no significa que este continente, máximo exponente del bienestar deseado,  deba quedarse de brazos cruzados. Es responsabilidad de los líderes mundiales dar una respuesta satisfactoria a las necesidades de un continente castigado.

Entre las razones que precipitan el flujo migratorio, de hecho, se encuentra el cambio climático. Irónicamente los países en desarrollo son quienes pagan las facturas que generan los países industrializados. África sufre sequías e inundaciones, que provocan desplazamientos de miles de personas por no hallar la forma de subsistir en su hogar. La temperatura en África subirá entre 3 y 4 grados durante este siglo, bastante más que la media en el resto del mundo.

La extrema urbanización y superpoblación son a la vez causa y consecuencia de los flujos migratorios. Para finales de siglo se prevé que la población africana ascienda a la cifra de 4,2 billones de personas (hoy son 1,1 billones de personas). Sin llegar tan lejos, hoy en día las grandes ciudades presentan síntomas de saturación. Las ciudades reciben a migrantes ansiosos por encontrar un modo de vida y poder mantener a su familia en el lugar de origen. La falta de recursos y de espacio provoca hacinamiento y riesgo para la salud de las personas. En el caso de los niños y niñas, su situación puede quedar oculta en el día a día de una gran urbe, donde las problemáticas individuales se invisibilizan.

La búsqueda de un mejor futuro para una familia pasa indudablemente por la educación. Elemento motor que motiva a emprender un camino peligroso e incierto. De hecho, UNICEF ha podido constatar que los migrantes persiguen continuar sus estudios, acceder a universidades europeas –para aquellos que logran llegar a Europa- o simplemente, acceder a una educación de mejor calidad. La educación es uno de los pilares sobre los que se sustenta el desarrollo humano.

Por todo ello, y porque la migración también tiene sus beneficios, siempre que se legal y vaya acompañada de una protección a las personas en tránsito y en especial a los niños y niñas, UNICEF vuelve a poner en valor su Agenda basada en 6 puntos, entre los que destacan el establecimiento de un sistema de protección a la infancia, la promoción de medidas para luchar contra la xenofobia o la marginación en los países de tránsito y destino o una exigencia para que se actúe sobre las causas subyacentes de los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes.

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¿Para qué sirve un Día Mundial?

Oficialmente, Naciones Unidas dice que los Días Internacionales sirven para sensibilizar, concienciar, llamar la atención sobre un problema que aún no se ha resuelto. En una sociedad hiperestimulada en términos de recepción de mensajes, al menos la celebración de un Día Mundial sirve para que en esa jornada en concreto, el debate de la opinión pública se centre en qué hacer y qué no hacer para lograr una pronta resolución.

Hoy 20 de junio, es el Día Mundial del Refugiado. Una fecha simbólica que llega en el momento en el que más refugiados hay en el mundo: 22,5 millones de personas a finales del 2016, según el último informe de la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR.

Una señal de alarma que aumenta en gravedad cuando observamos que el número total de niños y niñas que viajan solos, y por lo tanto, al albur de cualquier amenaza, se ha multiplicado por 5 desde 2010, tal y como anunció UNICEF en su último informe “Ante Todo Son Niños”.

 

No registrados

La trágica realidad que se esconde tras la cifra de 22,5 millones de personas refugiadas, es precisamente que son muchas más. Ese dato solo recoge a aquellas que han conseguido el estatuto internacional de refugiadas. Pero dada la dificultad de lograrlo, son miles más las que intentan alcanzar la estabilidad, por otras vías. Una normalidad que les fue arrebatada cuando desarrollaban su vida tranquilamente en Siria o Sudán del Sur, y el conflicto les estalló en su propia cara. Sus escuelas fueron destrozadas, sus padres forzosamente obligados a acudir al frente y, en muchos casos, sus madres secuestradas para actuar como esclavas. No ven más opción que entregarse a las mafias que les prometen una vida mejor en Occidente. A cambio de mucho dinero, en el mejor de los casos; o de su propia vida, en el peor. Según los datos de UNICEF, el 92% de los niños y niñas que llegaron a las costas de Italia entre 2016 y 2017 eran menores no acompañados.

Sin nadie que les proteja, son blanco fácil para las mafias que trafican con personas. Por eso UNICEF lanzó un manifiesto de 6 puntos, solicitando a los países más poderosos del mundo, una política a la altura de la magnitud del problema. Los 6 puntos del plan, entre otros, incluían protección específica contra la explotación y violencia, el fin de las detenciones de los niños/as que solicitan el estatus de refugiado o el mantenimiento de las familias unidas, como la mejor manera de ofrecer seguridad a la infancia. En definitiva, proteger las vías por las que los niños y niñas intentan acceder a una nueva vida.

“Yo fui uno de vosotros”

Los estigmas sociales que rodean la figura de las personas refugiadas siguen presentes en la sociedad. La parte positiva es que el papel más activo de la sociedad civil está incidiendo en las políticas que adoptan nuestros gobiernos, reclamando mayor implicación en el asilo al refugiado y castigando en las urnas a quienes plantean lo contrario.

El propio ex-secretario general de Naciones Unidas y reciente Premio UNICEF, Ban-Ki-Moon, reconocía hace unos años, haber sido un niño refugiado. “Nuestras vidas se convirtieron en humo” al huir por la Guerra de Corea, admitió. UNICEF precisamente le ha premiado por su implicación con la infancia, a la que brindaba el mayor de los cariños. Contaba que en sus visitas a campos de refugiados, se solía acercar a los niños, y a medio camino entre una sonrisa cómplice y la compasión de su situación actual les decía: “No perdáis la esperanza. Yo fui uno de vosotros”

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Conflictos que marcan una vida

Cuando la sociedad, en general, se pregunta por las posibles soluciones a los problemas que afectan de manera directa a la infancia, ni los más optimistas pueden evitar cierto desasosiego al comprobar que, en el epicentro de todo, en la base de todo atentado contra los derechos de las niñas y los niños, hallamos los conflictos. Son estructurales y periódicos; obedecen a razones económicas, étnicas o religiosas; son desgarradores, trágicos y letales; y pueden acabar con generaciones enteras, frustran sueños y corrompen sistemas. El conflicto, generalmente armado y violento, afecta de manera transversal a todas las capas de la sociedad. No obstante, en el caso de los niños y niñas, sujetos de derecho, la gravedad se multiplica.

UNICEF ha alertado recientemente sobre la situación de 24 millones de niños y niñas en todo el mundo, afectados por distintos conflictos en Oriente Medio y Norte de África. La infancia, pese a estar directamente protegida y amparada por la Convención sobre los Derechos del Niño (el tratado de derechos humanos más ratificado en todo el mundo, desde 1989), es el eslabón más débil en una cadena ya de por sí, frágil. Un niño o una niña, hasta los 18 años, tiene el derecho a ser protegido por su familia (o por el estado, en su ausencia) y a hacer uso de todas las herramientas que se pongan a su alcance para gozar de un desarrollo óptimo, una buena salud y una educación de calidad, que no ponga en jaque su futuro.

 

Cuando el conflicto amenaza a una población, los niños y las niñas sufren consecuencias directas y derivadas. Solo en Yemen, más de 9,5 millones están al borde de sufrir hambruna. En Siria casi 6 millones de no pueden recibir asistencia sanitaria, ni vacunas ya que viven bajo asedio y resulta imposible acceder a ayuda humanitaria. En Irak más de 85.000 niños/as están atrapados al oeste de Mosul, lo que condiciona su salud de manera directa y reduce drásticamente su esperanza de vida…Libia, Sudan o la Franja de Gaza son otros de los conflictos armados donde los niños y niñas ven conculcados sus derechos. Por no hablar de la educación, la cual queda postergada y relegada hasta la resolución del conflicto, en muchos casos por una equivocada priorización de los gobiernos locales, en otros, por la imposibilidad física de contar con centros escolares al haber sido destruidos.

Si la salud física merma la esperanza de vida de los niños y niñas, la salud mental aniquila sueños: los niños y niñas desarraigados que sufren depresión, mientras esperan en los campos de refugiados de Grecia o Hungría, por ejemplo, son el mayor exponente.

Por eso, UNICEF hace un llamamiento para que se dé prioridad a las necesidades de la infancia en países afectados por conflictos, a través de: un acceso incondicional a la ayuda humanitaria y suministros; una resolución de las partes en conflicto que ponga fin inmediato a los ataques contra infraestructuras sanitarias, educativas y civiles y la financiación urgente para los sectores de salud, nutrición, agua y saneamiento.

UNICEF nació en 1946 con el fin de brindar soporte y ayuda a los niños/as afectados por la II. Guerra Mundial. 71 años después aún seguimos haciendo lo mismo. Son otros países, causas y personas afectadas. Pero la esencia es la misma: los conflictos amenazan la vida de millones de niñas y niños.

 

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Desarraigo y depresión: la situación de millones de niños y niñas

La infancia, los niños y las niñas, no solo representan el futuro y el desarrollo de un país. También son la cara amable, la inocencia, la jovialidad y la alegría. Cuando una niña o un niño está triste, significa que algo está fallando en el mundo que los adultos están construyendo para ellos.

Evidentemente no hablamos de una tristeza superflua y coyuntural, sino la que subyace de una enfermedad más grave y compleja como es la depresión. Es la que corren el riesgo de sufrir los casi 25.000 niños y niñas atrapados en Europa, entre sus países de origen y un futuro que se vislumbra cercado. Son los hijos e hijas de las 75.000 personas refugiadas y migrantes que malviven en los campos de Grecia, Hungría, Bulgaria y Balcanes Occidentales, o incluso, en casos extremos, menores no acompañados.

En la mayoría de los casos, los menores van acompañados de sus madres, esperan largamente poder proseguir su marcha y reencontrarse con sus padres o resto de familia en países de destino como Alemania o Suecia. Pero no es sencillo. La burocracia y los intereses políticos hacen que, por ejemplo, de las 5.000 solicitudes de asilo que se realizaron en Grecia a lo largo del 2016, únicamente 1.107 llegaran a prosperar. La UE ha prometido incidir en la protección integral de los niños y niñas migrantes: evitar que sean objeto de trata, de abusos sexuales o de violencia física. Sin embargo, hay algo de lo que difícilmente les podrán proteger sin soluciones innovadoras e integrales: el desarraigo.

Silenciosa y profunda

Existen, en todo el mundo, 28 millones de niños y niñas que se han visto obligados a desplazarse por conflictos y violencia y otros 20 millones por otras razones. En total, casi 50 millones de niños y niñas con infancias truncadas, con entornos familiares a los que ya no volverán y con una alegría que se esfuma.

UNICEF y sus aliados sobre el terreno, están supervisando la salud mental de mujeres, niños y niñas, especialmente en Grecia. Las conclusiones son preocupantes. Reconocen que en cierta manera las madres han perdido la motivación y se sienten estancadas, tras tantos meses atrapadas. Eso se traslada a sus hijos e hijas.

Precisamente con el objetivo de visibilizar la situación de la infancia refugiada y migrante, recientemente se ha celebrado en Madrid la Consulta Internacional sobre la nueva Observación General Conjunta sobre los niños y niñas en el contexto de las migraciones internacionales, con el foco puesto en la región Mediterránea. Entre los retos pendientes, concienciar a la sociedad en su conjunto a través de Naciones Unidas para que garantice los derechos de la infancia. El documento que ha surgido de esta Consulta debe servir de guía para que los distintos gobiernos, políticos, jueces y fiscales, abogados, policías, médicos, profesores, empresas y medios de comunicación promuevan y defiendan los derechos de los niños y niñas, para que tan solo puedan ser eso, niños y niñas alegres y sanos, sin más preocupación que la de seguir creciendo y formándose.

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#CierraUNICEF: por un mundo donde no sea necesario

Tras setenta años de trabajo, UNICEF ha mejorado la situación de millones de niños y niñas en el mundo gracias a vacunas, alimento, escuelas y protección en países de todo el mundo. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer para que se haga realidad su sueño más deseado: cerrar UNICEF.

Y es que cerrar significaría que los derechos de todos los niños y niñas de cualquier lugar del mundo estén cubiertos, que todos pudiesen vivir en lugares fuera de conflicto y que tuvieran sus necesidades primarias completamente satisfechas.

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Todavía en 2017 cincuenta millones de niños y niñas sufren desnutrición aguda, 61 millones no van a la escuela y el trabajo infantil y el matrimonio infantil son una triste realidad a la que muchos se tienen que enfrentar diariamente sin recursos para poder evitarlo.

En los últimos 17 años se ha salvado la vida de 48 millones de niños y niñas menores de cinco años, entre 1990 y 2015 se ha proporcionado acceso a agua potable a 250 millones de personas; y cada año entre dos y tres millones de niños y niñas consiguen salvar su vida gracias a una vacuna.

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Pero, a pesar de estas cifras positivas, las hay también muy alarmantes: 16.000 niños y niñas están muriendo cada día por causas evitables como la diarrea y 50 millones padecen desnutrición aguda. A pesar de nuestro esfuerzo, el número de menores que se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias asciende a 168 millones.

Las situaciones extremas a las que se enfrentan en sus países de origen ponen en peligro cada segundo de sus vidas: 535 millones de niños y niñas viven en lugares afectados por conflictos o desastres naturales. La guerra en Siria y la crisis de los refugiados, la hambruna en Sudán del Sur, el conflicto en Yemen o la violencia en Nigeria son solo algunas de las emergencias que hacen que UNICEF siga siendo necesario.

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No podemos dar la espalda a estos niños y niñas indefensos. En sus más de setenta años de vida UNICEF ha demostrado gracias al apoyo de todos que un mundo mejor para la infancia es posible. Pero todavía queda mucho trabajo por delante. Alcanzar el cierre de nuestra organización es una utopía que puede hacerse realidad con nuestro esfuerzo y tu ayuda. Colabora con nosotros y #CierraUnicef.

 

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