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A ver quién se atreve a pasear por estos bosques
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Diariovasco.com | 17-01-2014 | 14:07

ALICIA ARAGÓN. /Cuando nuestra mente se detiene por un momento en la palabra bosque, seguro que somos capaces de evocar lugares llenos de árboles de copas tupidas y troncos fuertes. Esta bella imagen clásica poco tiene que ver con la selección que hemos preparado, donde lo no convencional es el denominador común de este listado de rincones naturales. Repartidos por todo el mundo, el otoño adquiere una nueva dimensión al pasear por ellos.

Aunque los amantes del turismo verde se sentirán cómodos en cualquiera de ellos, los visitantes de estos parajes estarán más motivados por la curiosidad y el gusto hacia lo extraño. Árboles con formas extrañas, improvisadas galerías de arte, historias de fantasmas, paisajes de cuento… La naturaleza regala a los sentidos puntos de interés turístico que no te dejarán indiferente.

1. Crooked forest, Polonia. La sinuosa curva de origen desconocido que describen estos pinos da nombre a este singular bosque. Este impresionante lugar está en el municipio de Nowe Czarnowo, al noroeste de Polonia, muy cerca de la frontera con Alemania. Aunque la mayoría de los pinos que conforman este pulmón crecen rectos, hay un grupo plantado en la década de los años 30 que ronda los cuatrocientos ejemplares que parecen describir una hoz en su base.

Las explicaciones a este curioso fenómeno son variadas. Una de ellas, quizá la más lógica, es que el peso de la nieve fuerza este crecimiento inusual. Sin embargo, el hecho de que los árboles de las cercanías sean normales descarta esta teoría. La mano del hombre es otra de las posibilidades. Se dice que se emplearon varias técnicas, incluida la modificación genética, para obtener troncos curvos que sirvieran mejor a la construcción de barcos.

2. El bosque de Aokigahara, en Japón. En las cercanías del monte Fuji hay un bosque tristemente conocido. Aunque su vegetación es fascinante, su fama atiende a razones macabras. Es un lugar muy popular entre los japoneses para acabar con su vida, de ahí que su sobrenombre sea ‘el bosque de los suicidios’. Dentro de esta zona de 35 kilómetros cuadrados hay estupendos reclamos turísticos como cuevas de hielo y senderos tranquilos, pero su leyenda negra es lo que predomina en la mente colectiva.

Debido a su vasta extensión, los tokiotas suelen perderse en él para dar el adiós definitivo al mundo que les rodea cuando no encuentran otra salida. Las autoridades locales hacen batidas cada año para recoger los cuerpos y colocan carteles aconsejando a los potenciales suicidas a pedir ayuda. La ausencia de fauna crea una atmósfera silenciosa y el nulo funcionamiento de los sistemas de geoposicionamiento no hace más que aumentar su carácter encantado.

3. Bosque de Oma, en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Usar el bosque como lienzo fue la intención del artista vizcaíno Agustín Ibarrola en este rincón de Kortezubi. Al observar determinados conjuntos de árboles desde diferentes puntos, éstos actúan como un cuadro que muestra figuras geométricas. El mensaje del pintor se alía con la imaginación del observador, que acaba viendo en este escenario natural personas, animales y paisajes llenos de color.

Este bosque animado tan especial fue creado entre 1982 y 1985. Debido al deterioro natural tanto de los árboles como de la pintura, algunas de las composiciones se están perdiendo. La buena noticia es que La Diputación Foral de Bizkaia han puesto en marcha un plan de restauración. Los trabajos se desarrollarán hasta el 2015 y contarán con una inversión total de 72.000 euros.

4. La avenida de los baobabs, en Madagascar. Aunque no es un bosque en el sentido estricto del término, el paisaje que dibujan los árboles que forman este sendero merece ser incluido en esta lista. El porte de los baobabs a ambos lados del camino que une las poblaciones de Morondava y Belon’i Tsiribihina sirve de imán turístico. Los 30 metros de altura que alcanzan estos ejemplares unido a sus 800 años de antigüedad son alicientes para los enamorados de la belleza natural.

Cualquiera podría pensar que estos árboles crecieron aisladamente de forma caprichosa. Lo cierto es que formaban parte de un denso bosque tropical, que se fue talando a medida que los autóctonos lo fueron necesitando. Sin embargo, los baobabs fueron respetados. A tan solo siete kilómetros de este lugar, se halla el llamado ‘Baobab Amoureux’, dos preciosos ejemplares que crecieron entrelazados.

5. El bosque rojo de Chernóbil. Chernóbil siempre será recordado por su pasado nuclear. El accidente de la central ucraniana en 1986 que puso al mundo en vilo es considerado uno de los desastres medioambientales más importantes de nuestra era. Los altísimos niveles de radiación alcanzados provocaron que un bosque de pinos de 4 kilómetros cuadrados cercano a la planta se volviera de color marrón-rojizo y muriera, dejando un paisaje desolado dentro del área de exclusión.

Este bosque es uno de los puntos más contaminados del mundo y pocos se atreven a penetrar en él. Los ‘liquidadores’, operadores que por entonces se encargaron de los trabajos de contención, llevaron a cabo tareas de limpieza talando los árboles más dañados, que fueron enterrados en zanjas. Lo sorprendente es que la evacuación humana ha hecho proliferar la vida salvaje, y la biodiversidad del bosque rojo ha crecido extraordinariamente.

6. El bosque de bambú de Sagano (Japón). A las afueras de Kioto se encuentra el distrito de Arashiyama, un lugar apartado del bullicio del centro pero que atrae a muchos turistas, sobre todo, durante la temporada de los cerezos en flor o cuando llega el otoño. Además de este espectáculo de color, en la zona de Sagano existen unas arboledas de bambú de hasta 20 metros de altura que resultan hipnóticas. Su disfrute fue, durante mucho tiempo, un privilegio reservado a la aristocracia.

El suave movimiento de los troncos cuando sopla el viento mientras se recorre el camino es absolutamente hechizante. Tan sugerente es este sonido que el gobierno nipón lo ha incluido en “La lista de 100 sonidos que hay que preservar de Japón”. La armonía de este paraje misterioso y extraño reconforta al viajero, que no dudará en quemar la tarjeta de su cámara buscando el mejor encuadre. No hay que perdérselo de noche, la imagen es casi irreal.

7. ‘Hoia-Baciu’, en Rumanía. Olvídate de todo lo que has oído sobre bosques encantados. Este paraje situado en las inmediaciones de la ciudad rumana de Cluj-Napoca, la segunda más poblada del país, es por méritos propios el bosque más siniestro del mundo. Apodado como “el triángulo de las Bermudas de Rumanía”, acumula muchas historias de desapariciones misteriosas en sus anales. Incluso los lugareños tienen miedo de entrar en él.

No sabemos si será por causas inexplicables o por pura sugestión, pero los relatos de personas que han salido del bosque con arañazos, dolores de cabeza, erupciones o náuseas de forma espontánea se cuentan por miles. Su carácter paranormal incluye fenómenos como luces, voces, apariciones y contactos con extraterrestres. Por si esto fuera poco, en el interior del bosque hay un círculo perfecto donde no hay vegetación y no crecen los árboles.

8. ‘Shilin’, los bosques de piedra (China). No todos los bosques están compuestos de árboles. Las formaciones calizas llegan a lucir de un modo tan sorprendente que en China algunos de estos paisajes han merecido el título de Patrimonio de la Humanidad. Los conjuntos kársticos de mayor relevancia se encuentran en la zona sur del país. ‘Shilin’ es uno de ellos y está situado en la provincia de Yunnan. Al observar esta panorámica, realmente da la sensación de que se trata de árboles petrificados.

La afluencia de público a este parque es alta, con autobuses diarios desde de la capital provincial, Kunming. Los imprescindibles son el bosque de Lizijing, con las piedras Mayor y Menor, y el de Naigu. Resulta muy entretenido adivinar formas humanas o animales, así como preguntarse cómo es posible que ciertas composiciones, con un mínimo punto de apoyo, no se caigan. Si China te pilla lejos, puedes empezar con el bosque encantado de Cuenca.

9. El bosque del lago Caddo (EE.UU.). En el límite entre los estados de Texas y Louisiana hay un lago del que emergen majestuosos cipreses, algunos con más de 400 años de antigüedad. Este insólito rincón parece un bosque inundado y su estética es, cuanto menos, inquietante, dado que parece que los árboles están llorando. Diversas empresas turísticas ofrecen recorridos fluviales para deleitarse sin prisa de todo lo que ofrecen estos fantásticos humedades.

Lo cierto es que desde el agua se tiene la mejor óptica de este paisaje de aire fantasmal pero, si quieres involucrarte de verás, no descartes pasar una agradable mañana de pesca. Una vez fuera del barco, también esperan sorpresas agradables si se opta por el senderismo o el paseo a caballo dentro de este entorno protegido. Esta maravilla natural es poco conocida y no cuenta con mucha afluencia de visitantes por el momento.

10. Los bosques de cactus de México. El clima del desierto es ideal para los cactus. Si te atraen estas plantas con púas, nada mejor que visitar la Reserva de la Biosfera de Tehuacán-Cuicatlán. Es una superficie localizada entre los estados de Puebla y Oaxaca que abarca 51 municipios. La riqueza de este espacio atiende a razones biológicas y también culturales, ya que varias tribus indígenas habitan en él. La flora cactácea te impresionará por su gran tamaño y por sus increíbles formas.

La actividad turística en este enclave natural es intensa. Uno de los puntos clave de esta reserva es el jardín botánico Helia Bravo Hollis, en el que se concentran más de 250 especies vegetales, muchas de ellas endémicas. Más allá de los cactus, también es posible visitar salinas, fósiles y restos arqueológicos. También hay un refugio para el guacamayo verde, un ave psitácida en peligro de extinción.