Hace ya casi 4 décadas (¡ me estoy haciendo mayor!), empecé a formar parte de este deporte.
Unos pocos , pero fructíferos, años como atleta y bastantes más como entrenador y como médico. Elegí entrenar a medio-fondistas y fondistas porque así mis estudios sobre fisiología del esfuerzo podían tener una aplicación práctica.
Desde siempre intenté inculcar a mi grupo de atletas un estilo riguroso y disciplinado en el trabajo. Es bastante difícil ver a un atleta mío haciendo tonterías en entrenamientos o competiciones. Por ser exigente en el trabajo e inflexible en muchos de mis planteamientos siempre he tenido en mi entorno una , creo que no muy justificada, fama de duro.
Después de ya más de tres décadas como entrenador creo que la defensa de un estilo y la grandeza de este deporte han colaborado a formar personas , a ejercitar la fuerza de voluntad, la constancia, el espíritu de sacrificio y también otras no desdeñables virtudes como el compañerismo, la generosidad…
Por eso cuando las noticias de estos días nos traen a la palestra ese “otro” atletismo guarida de tramposos y de “peudoprofesionales” sin escrúpulos, no puedo por menos que sentir tristeza e indignación por quienes nos están destrozando este bello deporte que no es suyo aunque por desgracia acaparen todos los titulares de la prensa. Pero a la vez me vienen a la mente varias preguntas:
*¿Por qué a profesionales de la medicina – siempre los mismos- involucrados sistemáticamente en estos “saraos” se les permite seguir ejerciendo?
* ¿Por qué entrenadores –siempre los mismos- involucrados también sistemáticamente en estos procesos siguen asumiendo responsabilidades federativas?
* ¿Por qué los atletas tramposos son tan falsos y tan llorones y tienen la poca vergüenza de volver?
* ¿Por qué los federativos se han venido haciendo los “suecos” durante tantos años ante estas situaciones?. ¿Tal vez necesitaban los triunfos de los tramposos para permanecer en sus poltronas?.
* ¿Dónde están los derechos a competir y a triunfar de los que no quieren hacer trampas?
* ¿Dónde el derecho a una vida saludable sin arriesgar la salud por unas monedas de oro, llámense éxitos deportivos o lo que sea…?
Hace unos años viví una experiencia que voy a compartir con vosotros y que demuestra el daño que esta dinámica en la que ha entrado nuestro atletismo de élite puede hacer a terceros:
Uno de los mejores medio fondistas vascos de entonces, tras una temporada difícil en la que incluso tuvo que pasar por el quirófano, optó por dar un paso adelante y solicitar una beca para irse a la Residencia Blume e intentar dar el salto a la élite. Desde mi puesto como responsable de medio-fondo y fondo de la federación hice algunas gestiones para que este proceso saliera adelante y el atleta consiguió la beca e ir a adiestrarse con un entrenador ahora imputado en la ya tristemente célebre “Operación Galgo”. Mantuve contactos frecuentes con el atleta y fuí testigo de la terrible experiencia que vivió. Me llamaba en repetidas ocasiones totalmente destrozado físicamente por los demenciales planes de trabajo que le planteaba su entrenador. Me comentaba que algunos compañeros le animaban a buscar “otras ayudas” para poder soportarlos. A mí me resultaba francamente difícil comprender cómo a un atleta que llegaba nuevo y –como he comentado- tras un año complicado, se le podían plantear los entrenamientos que me comentaba. Lógicamente tras unos meses de sufrimiento y viendo que su rendimiento deportivo se deterioraba día a día, se tuvo que volver a casa. Siguió compitiendo unos años ya a otro nivel y luego dejó el atletismo. En aquél momento ya pensé que aquél entrenador-del que tenía buena impresión técnica pues había sido profesor mío en el Curso Nacional – me había defraudado, porque no se había adaptado en absoluto al atleta que había recibido y al que como profesional tenía que atender y porque además había conseguido que el atleta se volviera a casa convencido que sin otras “ayudas” era imposible llegar a ser un gran atleta. Por eso también me pregunto: ¿Cuántos casos como este habrán existido y cuántos jóvenes atletas habrán abandonado hartos de competir en desigualdad de condiciones con los tramposos?.
Termino ya; el próximo martes si Dios quiere, cuando el día ya decline me acercaré al mini-estadio de Anoeta a entrenar como de costumbre a mi grupo de atletas. Algunos ganarán competiciones, otros mejorarán sus registros personales, otros romperán la rutina y preocupaciones del día , otros simplemente se contentarán con tener un lugar de encuentro y hacer nuevos amigos…. pero intentaré que todos sigan disfrutando de la grandeza de nuestro deporte.
No soy nadie para exigir nada, tengo tantos defectos como el que más, pero quiero acabar diciendo que me siento orgulloso de formar parte de nuestro atletismo y pido aquí y ahora que quien tiene poder y posibilidades para ello, acabe para siempre con el “otro”…