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Ivan Castillo Otero

12 pulgadas

A la tercera no siempre va la vencida

El pasado martes, cuando salía charlando con dos compañeros de la academia de inglés a la que voy un par de veces por semana, surgió el tema de los concursos musicales de televisión. Enseguida nos centramos en Operación Triunfo. Uno de estos dos compañeros tiene veinte años y, evidentemente, no recuerda lo que supuso en todo el país la primera edición de dicho programa. Su mayor afición es cantar (forma parte de una de las más prestigiosas corales madrileñas) y no se ha perdido ninguna de las tres ediciones modernas de OT (2017, 2018 y la que empezó a comienzos de 2020).

Aquel Operación Triunfo de 2001 fue todo un fenómeno social que no es comparable con la exitosa edición de 2017. Luego, llegaron más ediciones y fue bajando la audiencia. Vivió una segunda juventud cuando pasó de TVE a Telecinco, pero, finalmente, volvió a naufragar. Creo que la gran mayoría de personas que en algún momento habíamos visto Operación Triunfo dábamos por muerto el formato, pero en 2017 supieron resucitarlo de entre los muertos y darle un buen lavado de cara. Entre otras novedades, fue un acierto que los concursantes pudieran subir contenidos desde la academia a sus cuentas de Instagram o que el canal 24 horas estuviera en Youtube. El negocio ya no es el mismo que en 2001 y OT supo adaptarse.

En este nuevo amanecer del programa, vamos ya por la tercera edición en cuatro años y está dando algún síntoma de agotamiento. En las redes sociales sigue siendo un éxito, pero las audiencias han bajado considerablemente. Para muestra, basta con fijarse en la gala 0. En 2017, la cuota de audiencia fue del 17%, en 2018 fue del 20,5% y, en cambio, en 2020 ha sido del 13%. De ahí ha ido bajando hasta situarse en el 10,6% en la gala del pasado domingo. En 2017, nunca bajó del 15,5% de audiencia y en la edición de 2018 la peor cifra fue del 14,1%.

Está claro que no siempre se cumple lo de que a la tercera va la vencida. En Operación Triunfo, parece que están condenados a tener una curva descendente con cada edición que encadenan. Los descansos, en cambio, les suelen sentar bastante bien. La gente vuelve a coger el formato con ganas. En 2017, la interpretación de City of Stars por parte de Alfred y Amaia en la gala 3 fue un antes y un después. Aquella actuación magnética llamó la atención de los seguidores y de los que no habían visto nunca el programa y así lo demuestran, una vez más, las audiencias: subió dos puntos de la tercera gala a la cuarta y de ahí para arriba. La final la vieron casi cuatro millones de personas y obtuvo un 30,8% de cuota de pantalla. Sin ser comparable a lo que significó aquella actuación de 2017, en 2018 se podría decir que La llorona de Alba Reche, el Toxic que compartió la ilicitana con la pamplonesa Natalia Lacunza y el Uptown Funk de Famous fueron puntos álgidos. Los 12.873.000 espectadores de la final de 2001 (68% de cuota de pantalla) son, nunca mejor dicho, cifras de tiempos pasados.

En 2017, todo lo que tocaban lo convertían en oro. En 2018, la audiencia respondió y fue una edición solvente, pero los concursantes daban mucho menos juego y hubo momentos en los que parecía que iban enlazando polémicas. Además, la gira tuvo que acortarse porque no se cumplieron las expectativas en lo que a venta de entradas se refiere. Tras el receso de 2019, aquí está la generación de 2020, con la que me está faltando algo más de contenido (en las dos ediciones precedentes era habitual que, con mayor o menor naturalidad, se pusieran sobre la mesa la diversidad sexual o la crisis migratoria) y un poco menos de guasa. Tal vez tengan que darle una pensada a qué les compensa más en el futuro: un descanso prolongado o una nueva edición en los próximos 12-18 meses.

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Sobre el autor

Me llamo Ivan Castillo Otero y tuve la suerte de nacer en San Sebastián. Soy un periodista que aterrizó al ritmo del sonido que saca mi precioso Rickenbacker. Mi sangre es tricolor: azul y blanca de nuestra Real Sociedad y roja por el Liverpool, casualmente, equipo de la ciudad que vio nacer a los Beatles. Llevo desde tiernas edades viviendo el rock and roll y la buena música en los garitos más lujosos y en los más underground. Aquí pincho yo la música, pero vuestras propuestas son bienvenidas.


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