
La mejor manera de escuchar a The Black Keys en 2026 no es pensando en ellos como una banda que mira hacia atrás, sino como un dúo que ha convertido la continuidad en una forma de ambición. Desde Turn Blue (2014) han ido encadenando discos con muy poca pausa —Let’s Rock (2019), Delta Kream (2021), Dropout Boogie (2022), Ohio Players (2024), No Rain, No Flowers (2025) y ahora Peaches! (2026)—, y en ese recorrido reciente no han dejado de moverse entre el riff, el blues, el pulso pop y la raíz sureña con bastante naturalidad.
Ohio Players fue una pieza clave de esa etapa. Publicado en 2024, el disco llegó con una idea muy clara: sumar colaboraciones sin perder identidad. Beck, Noel Gallagher, Greg Kurstin, Dan “The Automator” Nakamura, Juicy J, Lil Noid y otros aparecieron en el álbum y en sus ampliaciones, pero el centro siguió siendo el mismo: Dan Auerbach y Patrick Carney sonando compactos, con ese sentido del groove que les sale incluso cuando abren el foco. El arranque es muy fuerte, con This Is Nowhere, Don’t Let Me Go, Beautiful People (Stay High), On the Game y Only Love Matters marcando una primera mitad muy convincente; y la edición Trophy Edition añadió todavía más juego, con Sin City junto a Beck entre las novedades.
Después llegó No Rain, No Flowers, el 13.º álbum de estudio, publicado en 2025, y ahí la banda siguió empujando hacia una zona más luminosa y melódica sin perder pegada. El disco gira alrededor de The Night Before, No Rain, No Flowers y Babygirl, y se construyó con la ayuda de Rick Nowels, Daniel Tashian, Desmond Child y Scott Storch, una nómina que ayuda a explicar por qué el álbum suena más abierto y ambicioso, pero todavía muy reconocible como The Black Keys. No es un giro brusco: es más bien una ampliación elegante del lenguaje del grupo.
Entonces aparece Peaches!, que es el nuevo disco y también el más revelador de esta serie. Aquí no hay canciones originales, sino un disco de versiones de diez temas, entre ellos Where There’s Smoke, There’s Fire, Stop Arguing Over Me, Who’s Been Foolin’ You, It’s a Dream, Tomorrow Night, You Got to Lose, Tell Me You Love Me, She Does It Right, Fireman Ring the Bell y Nobody But You Baby. Eso ya sitúa el proyecto en otra tradición: menos “nuevo disco” en el sentido clásico y más regreso consciente a la materia prima que siempre ha latido debajo del grupo.
Y, precisamente por eso, no lo escucho como un disco country en sentido estricto. Lo que aparece aquí es algo más básico y más directo: el grupo volviendo a un terreno de guitarras crudas, ritmo seco y canciones que funcionan por instinto más que por acabado. Hay una sensación de tocar sin filtros, de ir a lo esencial, a ese espacio donde The Black Keys siempre han sido más convincentes. Peaches! suena menos a ejercicio de estilo y más a una forma de recordar de dónde viene todo esto, con una interpretación muy física, muy de banda tocando junta, sin adornos innecesarios y con la electricidad justa para que las canciones respiren y muerdan a la vez.
Lo que más me interesa de esta etapa es que The Black Keys no solo siguen sacando discos; siguen sacando discos buenos, distintos entre sí y con personalidad. Cuando uno repasa el camino largo, desde Brothers y, sobre todo, El Camino —el álbum que terminó de empujarlos al gran público— hasta esta secuencia reciente, la impresión es bastante clara: no estamos ante una banda que se limite a administrar un legado, sino ante un dúo que todavía sabe escribir, producir y tocar con una intensidad que muchas formaciones más jóvenes ya querrían. Y eso, con tantos años y tanta historia a la espalda, resulta francamente espectacular.