{"id":210,"date":"2012-12-11T21:55:14","date_gmt":"2012-12-11T20:55:14","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/airelibre\/?p=210"},"modified":"2012-12-11T21:55:14","modified_gmt":"2012-12-11T20:55:14","slug":"a-mi-amigo-y-compadre-edgar-valle-en-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/airelibre\/2012\/12\/11\/a-mi-amigo-y-compadre-edgar-valle-en-memoria\/","title":{"rendered":"A MI AMIGO Y COMPADRE EDGAR VALLE (EN MEMORIA)"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone\" title=\"Edgar Valle con Bob Beamon\" src=\"\/\/i3.photobucket.com\/albums\/y99\/Piropillos\/EdgarValleBeamon_a.jpg\" alt=\"\" width=\"675\" height=\"541\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estimado Edgar:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El pasado viernes 8 de diciembre, clavado en el asiento de un autob\u00fas que me llevaba de San Sebasti\u00e1n, mi ciudad, a Santander, la ciudad en la que viven mis padres, me lleg\u00f3 un correo electr\u00f3nico enviado por tu hijo Eric. Pude leerlo gracias al celular, y as\u00ed, sin previo aviso, me sacudi\u00f3 la noticia de tu fallecimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo soy de esos tipos que no gustan de mostrar sus l\u00e1grimas en p\u00fablico, pero me ten\u00edas que ver all\u00ed, solamente protegido por la oscuridad de la noche, sec\u00e1ndome el rostro con las mangas de un ch\u00e1ndal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y es que t\u00fa y yo sabemos lo mucho que hemos disfrutado durante el \u00faltimo a\u00f1o cruzando correos desde San Sebasti\u00e1n a M\u00e9xico D.F. y desde M\u00e9xico D.F. a San Sebasti\u00e1n; fusionando tus recuerdos con mis investigaciones beamonianas, compartiendo informaci\u00f3n, pasi\u00f3n, compartiendo amistad. Compartiendo felicidad. La felicidad que el viernes me brotaba de los ojos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Te has ido pronto y te has ido joven, Edgar. Sesenta y seis a\u00f1os reci\u00e9n cumplidos no es edad para dejar a los amigos. Perdona el reproche, Edgar, me ha podido la rabia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tu hijo Eric me dio la mala noticia y tu hijo Eric fue quien nos uni\u00f3. Vuelve a mi memoria aquel escueto mensaje que me escribi\u00f3 a trav\u00e9s del foro de \u2018El Atleta\u2019 el 10 de septiembre de 2011 dici\u00e9ndome que era el hijo del jefe de jueces de Atletismo de M\u00e9xico\u201968, el juez que sale junto a la tabla de batida en las fotograf\u00edas del Ocho Noventa de Bob Beamon. Y pidi\u00e9ndome una direcci\u00f3n de correo para profundizar en el contacto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora me r\u00edo pero menudo susto me llev\u00e9. Evidentemente, en cuanto pude empec\u00e9 a cartearme con Eric, y pronto me cont\u00f3 que era nieto del general Manuel Valle Alvarado, tu padre, claro, que asisti\u00f3 a todos los Juegos Ol\u00edmpicos desde Londres\u20191948 hasta Mosc\u00fa\u201980 excepto los de Montreal\u201976, adem\u00e1s de ser miembro vitalicio del Comit\u00e9 Ol\u00edmpico Mexicano. As\u00ed que \u00e9l y t\u00fa ya erais nuevas generaciones de los Valle entregados al deporte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me relat\u00f3, adelant\u00e1ndose a nuestros contactos, algunas de las an\u00e9cdotas de aquel m\u00e1gico 18 de octubre de 1968, como eso de que no pod\u00edais quitaros los sombreros porque la lluvia hab\u00eda despegado la goma y se os hab\u00edan pegado a la frente; o esa, para m\u00ed tan alucinante revelaci\u00f3n, de que el pincho que clavabais en la arena para medir los saltos era una aguja de tejer de tu madre, previamente aceptada por la IAAF, que acabados los Juegos volvi\u00f3 al canasto de costura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone\" title=\"Medici\u00f3n Ocho Noventa\" src=\"\/\/i3.photobucket.com\/albums\/y99\/Piropillos\/Aguja_Mexico68.jpg\" alt=\"\" width=\"650\" height=\"549\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Eric me escribi\u00f3, adem\u00e1s, porque estaba preparando un montaje fotogr\u00e1fico para regal\u00e1rtelo el 28 de noviembre en tu 65\u00ba cumplea\u00f1os, y buscaba la fotograf\u00eda en la que Beamon y t\u00fa os estrech\u00e1is la mano al final del concurso. Modestia aparte, tu hijo acert\u00f3, porque si buscas fotos de Bob Beamon yo soy la persona adecuada. Y nos pusimos manos a la obra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y hace ahora un a\u00f1o, reci\u00e9n pasado tu cumplea\u00f1os, t\u00fa me escribiste por primera vez para darme las gracias. Yo qued\u00e9 sobrecogido porque la fascinaci\u00f3n que t\u00fa sent\u00edas por el Ocho Noventa sobrepasaba cualquier expectativa que yo me hubiera hecho. Y esto era muy importante para m\u00ed: el juez que estaba junto a la tabla donde pis\u00f3 Bob Beamon antes de su vuelo legendario, el hombre cuyos ojos estaban m\u00e1s cerca del despegue milagroso, cuyos o\u00eddos escucharon los sonidos con los que yo he so\u00f1ado tantas veces, guardaba en su interior las mismas emociones que yo he adquirido al estudiar el fen\u00f3meno. Cu\u00e1ntas veces he le\u00eddo en voz alta tu despedida de aquel primer escrito: <strong>Edgar Valle, el juez de salto de longitud y quien aval\u00f3 para el mundo ese maravilloso r\u00e9cord.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hablar contigo era como mirarme en un espejo y verte a ti. Y es que aquello era magia pura, Edgar, piensa que tu rostro, colocado ah\u00ed, en las fotograf\u00edas de Bob Beamon, me ha acompa\u00f1ado an\u00f3nimamente toda mi vida. En mi carpeta del colegio, en las fotos de la pared de mi dormitorio adolescente, en las paredes de mi trabajo o en la cocina y en el sal\u00f3n de mi casa. Y de repente \u00e9ramos amigos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone\" title=\"Bob Beamon y Edgar Valle\" src=\"\/\/i3.photobucket.com\/albums\/y99\/Piropillos\/EdgarValleBeamon.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"625\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y te lamentabas de que no hubiera podido entrar en el Estadio Universitario el 18 de octubre de 2008 y me asegurabas que si repito visita entrar\u00edamos juntos. A\u00fan espero hacerlo alg\u00fan d\u00eda y cumplir mi sue\u00f1o de saltar en el foso del Ocho Noventa. Tambi\u00e9n s\u00e9 ahora que si lo consigo ser\u00e1 igual de emocionante pero ya no ser\u00e1 tan divertido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me resolviste muchas preguntas y t\u00fa siempre me dabas las gracias a m\u00ed. Supongo que yo te despertaba recuerdos y emociones mientras t\u00fa consegu\u00edas que yo me sintiera casi f\u00edsicamente en aquel pasillo y aquel foso mexicano en el que Bob Beamon marc\u00f3 nuestras vidas. Juntos conseguimos poner nombre a casi todas las personas que estaban all\u00ed, una de las grandes inc\u00f3gnitas que siempre quise resolver y siempre cre\u00ed imposible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En fin, Edgar, se nos han quedado muchas cosas en el tintero, ya lo sabes, pero creo que este a\u00f1o nos ha cundido bastante. El otro d\u00eda, en el correo en el que Eric me daba la triste noticia de tu muerte, me daba las gracias por el tiempo que he dedicado a platicar contigo sobre \u201cel gran salto\u201d, y me dec\u00eda que ese gran salto era \u201cla memoria m\u00e1s valiosa que ten\u00eda mi padre\u201d. Y yo pegado al asiento de un autob\u00fas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tengo que despedirme Edgar. Qu\u00e9 mal se me dan estas cosas. Quiero que sepas que yo seguir\u00e9 brindando por nosotros cada vez que encuentre alg\u00fan nuevo dato, alguna foto, cualquier cosa que enriquezca nuestro universo beamoniano. Que alg\u00fan d\u00eda estrechar\u00e9 yo tambi\u00e9n la mano de Bob Beamon, y que saltar\u00e9 en el foso del Ocho Noventa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gracias por todo. Descansa en paz, amigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Carlos Hern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>PS:<\/strong> En 2010, antes de conocernos, escrib\u00ed el relato <a title=\"Los milagros del doctor Mart\u00ednez Laguna\" href=\"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/airelibre\/2010\/06\/06\/los_milagros_del_doctor_martinez_laguna_12\/\" target=\"_blank\">\u201cLos milagros del doctor Mart\u00ednez Laguna\u201d<\/a>. He retocado el d\u00e9cimo cap\u00edtulo (aunque se titule \u201cSiete\u201d) para incluir tu nombre y el de algunos de tus compa\u00f1eros en la historia. Ha quedado as\u00ed:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>SIETE [FOREVER IN MY LIFE \/ STILL WOULD STAND ALL TIME]<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al recuperar el aliento un suave murmullo lacustre acarici\u00f3 los o\u00eddos de Genaro y le embriagaron aromas de bosque imposibles en el caos y el desorden que hab\u00eda dejado atr\u00e1s. Crey\u00f3 reconocer una fuente decorada con mosaicos de cristal, con m\u00e1rmoles y \u00f3nix mexicanos de vivos colores. Si aquello era el parque de El Bat\u00e1n le quedaba \u00fanicamente averiguar la hora, el d\u00eda y el a\u00f1o para saber si se hab\u00eda completado la promesa del doctor Mart\u00ednez Laguna. Se acerc\u00f3 a una mujer que paseaba a su perro y, con el est\u00f3mago encogido por el suspense, despej\u00f3 la \u00faltima de sus dudas: EL MILAGRO SE HAB\u00cdA CONSUMADO.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Genaro se apart\u00f3 bajo unos \u00e1rboles y derram\u00f3 algunas l\u00e1grimas de extra\u00f1a e intensa alegr\u00eda. Necesit\u00f3 varios minutos para controlar los latidos de su coraz\u00f3n mientras se imaginaba formando parte de un m\u00e1gico Aleph universal. Puso su reloj en hora. Mir\u00f3 al cielo; algunas nubes empezaban a juntarse para descargar la tormenta que \u00e9l sab\u00eda que iba a caer tres horas m\u00e1s tarde. Genaro comprendi\u00f3 que de ah\u00ed en adelante sus vivencias y sus recuerdos iban a entrelazarse casi terror\u00edficamente, y solo entonces dirigi\u00f3 sus pasos hacia el estadio ol\u00edmpico por una avenida, la de San Jer\u00f3nimo, que hac\u00eda a\u00f1os que formaba parte de su mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre las copas de unos arbustos vislumbr\u00f3 las torres de los focos del estadio y record\u00f3 las palabras de su amigo Juan Carlos cuando le describi\u00f3 sus sensaciones ante esa misma imagen. Con el mismo nudo en la garganta por fin las entendi\u00f3. Dobl\u00f3 noventa grados a la derecha por una peque\u00f1a carretera y se enfrent\u00f3 a la imponente presencia del estadio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aceptaron en taquilla los d\u00f3lares americanos que le hab\u00eda entregado el doctor y ascendi\u00f3 y descendi\u00f3 por las tribunas dispuesto a encontrar el mejor sitio para presenciar el salto. Genaro aprovech\u00f3 el tiempo para ver, tocar y oler cada detalle vedado en las fotograf\u00edas y v\u00eddeos que tantas veces hab\u00eda escrutado. Nada hab\u00eda escapado a su imaginaci\u00f3n. El viento en su cara, cielo santo, el viento de la discordia acariciando su cara, qu\u00e9 distinto al viento de la azotea de la que se hab\u00eda lanzado. Los asientos, las banderas, el pasillo de saltos entre la pista y el p\u00fablico, el foso de arena junto a la salida del mil quinientos, el panel de los resultados, la mesa de los jueces, las sillas, el anem\u00f3metro, todo le resultaba familiar, \u00e9l hab\u00eda estado all\u00ed millones de veces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Apenas prest\u00f3 atenci\u00f3n al inicio de las pruebas. La recta principal le quedaba al otro lado del estadio por lo que las semifinales de los ochenta metros vallas o los primeros lanzamientos de peso del decatl\u00f3n no le distrajeron. Los saltadores de longitud no pod\u00edan tardar en aparecer; Genaro se remov\u00eda contra su asiento cuando los vio aproximarse. Distingui\u00f3 a lo lejos a Ter-Ovanesian, despu\u00e9s a Lynn Davies\u2026 Ralph Boston\u2026 \u00a1y a Bob Beamon! \u00a1Bob Beamon! \u00a1\u00a1Dieciocho de octubre de 1968 y \u00e9l estaba ah\u00ed!! Quiso gritar pero se contuvo. Se avergonzaba y se re\u00eda de s\u00ed mismo al verse tan nervioso ante algo que solo \u00e9l sab\u00eda que iba a suceder. Eran las tres y cuarto, faltaba media hora para la eternidad de Beamon y quince minutos para el inicio del concurso. Los mismos quince minutos para que comenzase el lanzamiento de disco femenino, para que Irena Szewinska batiera el r\u00e9cord mundial de los doscientos metros y algo m\u00e1s de treinta y cinco para que Lee Evans hiciera lo propio con el de los cuatrocientos. Se echaba encima media hora crucial en la Historia del Atletismo y Genaro sabore\u00f3 el milagroso privilegio de estar presente. Como estaba previsto, el cielo empez\u00f3 a engrisecerse y los dioses del viento del Noroeste comenzaron a suspirar para completar y compartir el milagro que preparaban los dioses del Olimpo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Genaro hab\u00eda decidido colocarse frente al foso de arena en la primera fila de la grada, que quedaba a ras de suelo. Desde ah\u00ed ver\u00eda acercarse a Beamon en la carrera y tendr\u00eda una cercana y perfecta perspectiva de todas las fases del vuelo sin que nadie le molestara. Antes de zambullirse exclusivamente en el Atletismo y en Bob Beamon ech\u00f3 un \u00faltimo vistazo hacia el grader\u00edo intentando ver a quienes \u00e9l sab\u00eda que estaban por all\u00ed. Quiso fijarse en c\u00e1maras de fotos pero no encontr\u00f3 entre la gente a Jorge Gonz\u00e1lez Amo, ni Pierre Blois en su balc\u00f3n. Tampoco consigui\u00f3 distinguir qui\u00e9n ser\u00eda la ex mujer de Bob Beamon, que casualmente se hab\u00eda sentado -sin saberlo- junto a la actual novia de su ex marido. En la pista, un jovenc\u00edsimo Edgar Valle ya estaba en su sitio como el resto de jueces y juezas; Sara con las banderas, Laura y Atenea detr\u00e1s de la mesa. El planeta Tierra empezaba a parecerse a aquellas fotograf\u00edas que le hab\u00edan proporcionado tantas horas de estudio. Hizo un nuevo repaso entre los fot\u00f3grafos agrupados en torno al foso y trat\u00f3 de reconocer a Tony Duffy, Darryl Heikes, John Dominis, Douglas Miller o Ed Lacey. La final de los doscientos metros estaba a punto de comenzar y el concurso de salto de longitud que iba a cambiar su vida futura tambi\u00e9n. En alg\u00fan lugar del pueblo ilerdense de Cervera lloraba un peque\u00f1o Genaro de siete meses.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las nubes se cerraron convirtiendo el cielo en un crisol de blancos y negros. El r\u00e9cord mundial de Irena Szewinska calent\u00f3 los \u00e1nimos de Genaro y de un p\u00fablico que no imaginaba lo que iba a vivir. Bob Beamon era el cuarto saltador del concurso. Hiroomi Yamada, Victor Brooks y Reinhold Boschert abrieron la final con saltos nulos. En la tercera ronda del lanzamiento de peso del decatl\u00f3n el turno era para Lennart Per-Olov Hedmark. Lee Evans, Larry James, Ron Freeman y los dem\u00e1s finalistas de los cuatrocientos metros estaban a punto de salir a la pista. En el panel luminoso el reloj marc\u00f3 las cuatro menos cuarto y aparecieron los resultados de los doscientos metros femeninos encabezados por el apellido de soltera de la vencedora. Hubo aplausos en la recta de llegada y silencio en la contrarrecta: en el pasillo de saltos, despojado de su ch\u00e1ndal y del peso del mundo, se concentraba Bob Beamon.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se concentr\u00f3 Genaro con los pulmones escap\u00e1ndose por su boca. Llegaba el momento del milagro infinito. Genaro clav\u00f3 los ojos en Bob Beamon y disfrut\u00f3 como solo disfrutan los ni\u00f1os y los enamorados de las diecinueve zancadas el\u00e9ctricas, del sonido del esfuerzo, del zarpazo contra la tabla de batida y del \u00e9xtasis que experiment\u00f3 ante un vuelo c\u00f3smico que por m\u00e1s veces que lo hubiera visto le pareci\u00f3 a\u00fan m\u00e1s largo, m\u00e1s perfecto y exquisito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tras un segundo de asombro colectivo el p\u00fablico explot\u00f3 de j\u00fabilo, aunque r\u00e1pidamente se silenci\u00f3 entre murmullos al comprender que hab\u00edan sido testigos de algo distinto a un gran salto. Genaro estaba borracho de gozo, con una sonrisa bobalicona pegada en su boca mientras presenciaba cada detalle de una escena conocida para \u00e9l: el visor \u00f3ptico que manejaba Roberto Ochoa no alcanzaba para medir el salto; Edgar Valle y los dem\u00e1s jueces -todos at\u00f3nitos- reunidos alrededor de la cinta m\u00e9trica, colocada una y otra vez en la l\u00ednea midiendo lo inexplicable, con algunos atletas como testigos alucinados. Largos minutos de incertidumbre pero, al fin, las cifras que iban a hacer historia iluminaron el panel y un escalofr\u00edo recorri\u00f3 la espalda de cada uno de los presentes: <strong>8&#8230; 9\u2026 0<\/strong>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El p\u00fablico volvi\u00f3 a reaccionar y una nueva ovaci\u00f3n agit\u00f3 los cimientos del estadio. Genaro, que hasta entonces se hab\u00eda sabido reprimir, tambi\u00e9n gritaba y saltaba sobre su asiento. Miraba al grader\u00edo y lloraba ante tantos rostros estupefactos. Se rio al verse reflejado en un individuo que sub\u00eda de tres en tres los escalones de la grada dando grandes voces con los brazos en alto. Abajo, ajeno al sistema m\u00e9trico decimal, Bob Beamon corr\u00eda y brincaba como corzo herido cuando supo que hab\u00eda mejorado el r\u00e9cord del mundo, sin imaginar todav\u00eda lo que realmente hab\u00eda saltado. Cuando sali\u00f3 de ese primer trance, Ralph Boston le confirm\u00f3 que hab\u00eda llegado m\u00e1s all\u00e1 de los veintinueve pies y, al empezar a entender, Bob Beamon explot\u00f3 hacia dentro en un estado de catalepsia, dobl\u00f3 sus rodillas en el tart\u00e1n de la calle seis y rompi\u00f3 a llorar cubri\u00e9ndose el rostro con las manos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone\" title=\"Bob Beamon, Edgar Valle y las juezas\" src=\"\/\/i3.photobucket.com\/albums\/y99\/Piropillos\/EdgarValleBeamon_b.jpg\" alt=\"\" width=\"725\" height=\"526\" \/><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Estimado Edgar: &nbsp; El pasado viernes 8 de diciembre, clavado en el asiento de un autob\u00fas que me llevaba de San Sebasti\u00e1n, mi ciudad, a Santander, la ciudad en la que viven mis padres, me lleg\u00f3 un correo electr\u00f3nico enviado por tu hijo Eric. 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