{"id":93,"date":"2011-04-25T01:49:32","date_gmt":"2011-04-25T01:49:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/airelibre\/?p=93"},"modified":"2011-04-25T01:49:32","modified_gmt":"2011-04-25T01:49:32","slug":"el_cuento_imposible_rizos_de_sangre_1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/airelibre\/2011\/04\/25\/el_cuento_imposible_rizos_de_sangre_1\/","title":{"rendered":"EL CUENTO IMPOSIBLE (RIZOS DE SANGRE) [1]"},"content":{"rendered":"<p><P><SPAN><\/SPAN>&nbsp;<\/P><br \/>\n<P><SPAN>&nbsp;<\/P><br \/>\n<DIV align=center><IMG border=3 src=\"\/airelibre\/wp-content\/uploads\/sites\/6\"><\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Al apagar la luz fue consciente de que afuera soplaba el viento. Lo que ella no sab\u00eda es que si hubiera gaviotas plateadas en las costas de Cincinnati estar\u00edan jugando a flotar en el aire, vigilando el puerto, dej\u00e1ndose mecer bajo las nubes. Era l\u00f3gico, a Miss Templetick el viento, las gaviotas, las nubes o Cincinnati le importaban menos que nada.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>En un absurdo que resume su existencia Miss Templetick se hace llamar Mrs. Templetock, aunque quienes tienen la ocasi\u00f3n de dirigirse a ella saben que es la mujer m\u00e1s sola del mundo. Que yo sepa, jam\u00e1s ha sucumbido al significado de la palabra amistad y mucho menos al amor. Aparentemente estancada en su continuo tiempo presente, parece afrontar la vida encerrada en un mundo sin memoria, como un animal pero sin las bondades de los instintos. Dicen que siempre se ha sentido vieja. Yo, que la observo desde hace alg\u00fan tiempo, he llegado a sospechar que siempre lo ha sido, y pocos saben que para no verse la cara, cuya fealdad es el puro reflejo de la amargura, vive en un apartamento sin espejos, en la letra F de la sexag\u00e9simo sexta planta de la calle Miguel de Unamuno 1, un monumental edificio de setenta y&nbsp;nueve alturas construido en el centro de la ciudad al acabar la \u00faltima guerra.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Miss Templetick s\u00f3lo tiene sue\u00f1os vac\u00edos. Nunca ha tenido un sue\u00f1o embriagador, uno de esos con aromas y sabores en los que todo es tan s\u00f3lido que sue\u00f1as convencido de estar despierto, y lo que sucede es tan excitante y extraordinario que si estiras los brazos tocas la felicidad con las yemas de los dedos. No, los sue\u00f1os de Miss Templetick no son as\u00ed, como si la naturaleza le hubiera amputado el privilegio. Alguna vez, solamente alguna vez, sus sue\u00f1os son rojos, simplemente rojos, rojos como los cabellos de la&nbsp;sin par&nbsp;Angie Wondall, a la que tanto odia. Pero casi siempre son negros, negros como la muerte, negros como su alma. Negros.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>La luz de la ma\u00f1ana entr\u00f3 en el cuarto de Miss Templetick y le abofete\u00f3 las arrugas. La noche hab\u00eda vuelto a ser negra, sin luci\u00e9rnagas amarillas. Deambul\u00f3 entre las alfombras sin saber qu\u00e9 hacer. Busc\u00f3 una escoba y las barri\u00f3 con esmero, pero no para limpiarlas sino para remover la suciedad de un lugar a otro y aspirarla. Comenz\u00f3 a dar vueltas. Vueltas y vueltas. Miss Templetick pasa buena parte del tiempo girando y girando sin sentido. Alguien podr\u00eda pensar que baila, yo creo que es el resultado de alguna de sus taras mentales, o un mecanismo propio de su maldad, que le hace da\u00f1o dentro del cuerpo.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Se prepar\u00f3 media pinta de caf\u00e9 que degluti\u00f3 en seis tragos ruidosos y se lav\u00f3 los pocos dientes que a\u00fan le quedan enjuag\u00e1ndose las caries con orujo de hierbas. Se visti\u00f3. Un extra\u00f1o atuendo de baratija sin vida y un sombrero ladeado y ra\u00eddo resum\u00edan el concepto. Y botas de agua sin calcetines en pleno mes de junio. Era s\u00e1bado, d\u00eda seis. Nunca tiene rumbo pero dio un portazo y sali\u00f3 al descansillo con el rezongar de sus bronquios como \u00fanica compa\u00f1\u00eda. Meti\u00f3 las llaves en una cartera de ante y meti\u00f3 la cartera en un bolsillo que ella misma hab\u00eda cosido al vestido con pita e hilo de cobre. Dio tres vueltas sobre su propio eje y aguard\u00f3 a oscuras la llegada del ascensor, que descend\u00eda tintineando. Era una espera tensa para Miss Templetick, la fuerza de la costumbre no hab\u00eda disipado la inc\u00f3moda sensaci\u00f3n de tener que entrar de espaldas para no verse reflejada en el espejo.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Un do alto se adue\u00f1\u00f3 del silencio y las dos puertas mec\u00e1nicas se separaron como los p\u00e1rpados de un gran reptil a c\u00e1mara lenta. En la penumbra del rellano se ilumin\u00f3 la espalda de Miss Templetick y su larga y amorfa sombra siluete\u00f3 el hueco de la escalera, al fondo. Un espeso tufo a <EM>after shave<\/EM> barato le hizo saber que no iba a viajar sola. Entr\u00f3 en la caja, con los ojos y los pu\u00f1os apretados en direcci\u00f3n al suelo, manteniendo su ritual de dar tres pasos hacia atr\u00e1s. El saurio tambi\u00e9n cerr\u00f3 su ojo de metal y se entrelazaron las fragancias de la loci\u00f3n y el azufre.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Como si lo esperase, Miss Templetick no se inmut\u00f3 cuando una peluda mano sudorosa, grande y caliente, con cuatro largas u\u00f1as mugrientas, repos\u00f3 sobre su huesudo hombro derecho.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<B><FONT size=5><br \/>\n<DIV align=center>CONTINUAR\u00c1<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<\/B><\/FONT><\/SPAN><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Al apagar la luz fue consciente de que afuera soplaba el viento. 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