{"id":97,"date":"2011-05-23T00:47:25","date_gmt":"2011-05-23T00:47:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/airelibre\/?p=97"},"modified":"2011-05-23T00:47:25","modified_gmt":"2011-05-23T00:47:25","slug":"el_cuento_imposible_rizos_de_sangre_5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/airelibre\/2011\/05\/23\/el_cuento_imposible_rizos_de_sangre_5\/","title":{"rendered":"EL CUENTO IMPOSIBLE (RIZOS DE SANGRE) [5]"},"content":{"rendered":"<p><DIV align=center><IMG border=3 src=\"\/airelibre\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/Lanzamiento-de-martillo_f.JPG\"><\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Al apagar la luz fue consciente de que afuera soplaba el viento. Lo que ella no sab\u00eda es que si hubiera gaviotas plateadas en las costas de Cincinnati estar\u00edan jugando a flotar en el aire, vigilando el puerto, dej\u00e1ndose mecer bajo las nubes. Era l\u00f3gico, a Miss Templetick el viento, las gaviotas, las nubes o Cincinnati le importaban menos que nada.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>En un absurdo que resume su existencia Miss Templetick se hace llamar Mrs. Templetock, aunque quienes tienen la ocasi\u00f3n de dirigirse a ella saben que es la mujer m\u00e1s sola del mundo. Que yo sepa, jam\u00e1s ha sucumbido al significado de la palabra amistad y mucho menos al amor. Aparentemente estancada en su continuo tiempo presente, parece afrontar la vida encerrada en un mundo sin memoria, como un animal pero sin las bondades de los instintos. Dicen que siempre se ha sentido vieja. Yo, que la observo desde hace alg\u00fan tiempo, he llegado a sospechar que siempre lo ha sido, y pocos saben que para no verse la cara, cuya fealdad es el puro reflejo de la amargura, vive en un apartamento sin espejos, en la letra F de la sexag\u00e9simo sexta planta de la calle Miguel de Unamuno 1, un monumental edificio de setenta y nueve alturas construido en el centro de la ciudad al acabar la \u00faltima guerra.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Miss Templetick s\u00f3lo tiene sue\u00f1os vac\u00edos. Nunca ha tenido un sue\u00f1o embriagador, uno de esos con aromas y sabores en los que todo es tan s\u00f3lido que sue\u00f1as convencido de estar despierto, y lo que sucede es tan excitante y extraordinario que si estiras los brazos tocas la felicidad con las yemas de los dedos. No, los sue\u00f1os de Miss Templetick no son as\u00ed, como si la naturaleza le hubiera amputado el privilegio. Alguna vez, solamente alguna vez, sus sue\u00f1os son rojos, simplemente rojos, rojos como los cabellos de la sin par Angie Wondall, a la que tanto odia. Pero casi siempre son negros, negros como la muerte, negros como su alma. Negros.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>La luz de la ma\u00f1ana entr\u00f3 en el cuarto de Miss Templetick y le abofete\u00f3 las arrugas. La noche hab\u00eda vuelto a ser negra, sin luci\u00e9rnagas amarillas. Deambul\u00f3 entre las alfombras sin saber qu\u00e9 hacer. Busc\u00f3 una escoba y las barri\u00f3 con esmero, pero no para limpiarlas sino para remover la suciedad de un lugar a otro y aspirarla. Comenz\u00f3 a dar vueltas. Vueltas y vueltas. Miss Templetick pasa buena parte del tiempo girando y girando sin sentido. Alguien podr\u00eda pensar que baila, yo creo que es el resultado de alguna de sus taras mentales, o un mecanismo propio de su maldad, que le hace da\u00f1o dentro del cuerpo.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Se prepar\u00f3 media pinta de caf\u00e9 que degluti\u00f3 en seis tragos ruidosos y se lav\u00f3 los pocos dientes que a\u00fan le quedan enjuag\u00e1ndose las caries con orujo de hierbas. Se visti\u00f3. Un extra\u00f1o atuendo de baratija sin vida y un sombrero ladeado y ra\u00eddo resum\u00edan el concepto. Y botas de agua sin calcetines en pleno mes de junio. Era s\u00e1bado, d\u00eda seis. Nunca tiene rumbo pero dio un portazo y sali\u00f3 al descansillo con el rezongar de sus bronquios como \u00fanica compa\u00f1\u00eda. Meti\u00f3 las llaves en una cartera de ante y meti\u00f3 la cartera en un bolsillo que ella misma hab\u00eda cosido al vestido con pita e hilo de cobre. Dio tres vueltas sobre su propio eje y aguard\u00f3 a oscuras la llegada del ascensor, que descend\u00eda tintineando. Era una espera tensa para Miss Templetick, la fuerza de la costumbre no hab\u00eda disipado la inc\u00f3moda sensaci\u00f3n de tener que entrar de espaldas para no verse reflejada en el espejo.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Un do alto se adue\u00f1\u00f3 del silencio y las dos puertas mec\u00e1nicas se separaron como los p\u00e1rpados de un gran reptil a c\u00e1mara lenta. En la penumbra del rellano se ilumin\u00f3 la espalda de Miss Templetick y su larga y amorfa sombra siluete\u00f3 el hueco de la escalera, al fondo. Un espeso tufo a <I>after shave<\/I> barato le hizo saber que no iba a viajar sola. Entr\u00f3 en la caja, con los ojos y los pu\u00f1os apretados en direcci\u00f3n al suelo, manteniendo su ritual de dar tres pasos hacia atr\u00e1s. El saurio tambi\u00e9n cerr\u00f3 su ojo de metal y se entrelazaron las fragancias de la loci\u00f3n y el azufre.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Como si lo esperase, Miss Templetick no se inmut\u00f3 cuando una peluda mano sudorosa, grande y caliente, con cuatro largas u\u00f1as mugrientas, repos\u00f3 sobre su huesudo hombro derecho.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfBaja?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; S\u00ed.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Bonito sombrero, Mrs. Templetock, usted siempre tan guapa y elegante, \u2013minti\u00f3 una voz grave, como de narrador de cuentos.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Miente usted muy mal, Mr. Abolic, y no est\u00e1 bien re\u00edrse de las viejas pasas como yo.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Nadie, excepto Miss Templetick, llama Mr. Abolic al repugnante Ian Abolic, un ser de edad indeterminable, altura colosal, ojos perdidos y huesos anchos, con piernas enormes y robustas y tronco estrecho, como si estuviera formado por dos cuerpos distintos ensamblados.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfBromea usted, Mrs. Templetock? Qu\u00e9 zalamera, con qu\u00e9 habilidad me obliga a repetirle que es usted lo m\u00e1s bonito, lo m\u00e1s hermoso que habita en este fr\u00edo rascacielos. F\u00edjese, nadie tendr\u00eda el buen gusto de llevar unos zapatos tan lustrosos como los suyos un cuatro de julio, o ese vestido de seda italiana. C\u00f3mo se nota que donde manda capit\u00e1n no manda marinero, conv\u00e9nzase, \u00a1sigue usted siendo la reina de los mares!<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Su voz son\u00f3 esta vez como la de un vendedor de boletos de t\u00f3mbola. Miss Templetick entreabri\u00f3 los ojos para mirar la punta de sus sucias botas y crecieron sus ganas de enzarzarse a mordiscos. \u201cCuatro de mierda\u201d, rechin\u00f3 entre las muelas.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfVa usted a bailar, Mrs. Templetock?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; S\u00ed, \u2013minti\u00f3 condescendiente.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfA bailar al parque?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; S\u00ed, al parque, \u2013sigui\u00f3 mintiendo.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Como cada ma\u00f1ana.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Exacto, como cada ma\u00f1ana.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Qu\u00e9 envidia me da usted, yo tengo tantas cosas que hacer\u2026, \u2013Ian Abolic alz\u00f3 la voz enfatizando la ene del tan. Bien, ya hemos llegado, hasta otra Mrs. Templetock, un placer, como siempre. Divi\u00e9rtase.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfNo sale usted?, \u2013pregunt\u00f3 Miss Templetick fiel a una ceremonia casi diaria, mientras la luz natural que rebotaba en los cristales del vest\u00edbulo suavizaba la tensi\u00f3n de un cinismo creciente. <\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; No, tengo que volver a subir, he olvidado unos documentos important\u00edsimos. Hasta la vista, y no pierda esa magn\u00edfica sonrisa.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Descuide, Mr. Abolic. Por cierto, si la ve salude de mi parte a nuestra com\u00fan amiga Angie Wondall. Ya conoce mi debilidad por esa chiquilla pelirroja y sus mofletes sonrosados.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Con estas palabras Miss Templetick consigui\u00f3 su objetivo de estremecer a Ian Abolic, que relami\u00f3 el s\u00fabito sabor a sangre de su paladar y resopl\u00f3 por la nariz todo el aire de sus pulmones.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Angie Wondall, Angie Wondall\u2026, \u2013repiti\u00f3 como un eco Ian Abolic, consciente de la estudiada provocaci\u00f3n, sujet\u00e1ndose para que su furia no saltase sobre Miss Templetick. Lo har\u00e9, no se preocupe, a ver si hoy coincido con ella, no tardar\u00e1 en ir a entrenarse. Para m\u00ed tambi\u00e9n es un objetivo prioritario.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Lo s\u00e9, buena suerte. Quiz\u00e1 nos veamos a las seis, \u2013dijo por decir algo sin sentido.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; S\u00ed, eso, quiz\u00e1 nos veamos a las seis.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Ian Abolic se gir\u00f3 sobre s\u00ed mismo. \u201cQu\u00e9 estar\u00e1 tramando\u201d, \u2013jade\u00f3 rezumando desprecio por cada poro.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Miss Templetick baj\u00f3 los doce escalones que la separaban de la calle y alcanz\u00f3 la acera. Tom\u00f3 aire y protest\u00f3 que la luz y la brisa le rozasen el rostro. Las gaviotas plateadas segu\u00edan ausentes. Era una ma\u00f1ana llena de grandes nubes grises que avanzaban por el cielo como la Sexta Flota. Pens\u00f3 que no era viento de lluvia, y asqueada ante la posibilidad de que pudiera sonar m\u00fasica se perdi\u00f3 calle abajo con la \u00fanica idea de no entrar en ning\u00fan parque. Un perro, enloquecido, sobrevivi\u00f3 de casualidad tras lanzarse contra los coches intentando evitar su presencia, y unos ni\u00f1os, con la valent\u00eda de la inconsciencia, le cantaron:<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV align=center>\u201cBruja vieja, bruja loca, bruja chiva,<\/DIV><br \/>\n<DIV align=center>que gira, que gira, que gira.<\/DIV><br \/>\n<DIV align=center>Bruja chiva, bruja loca, bruja vieja,<\/DIV><br \/>\n<DIV align=center>que da vueltas, da vueltas, da vueltas.\u201d<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>La vieja bruja no detuvo el paso pero les amenaz\u00f3 con el pu\u00f1o en alto, y entre insultos les grit\u00f3 con una voz aguda y terrible que se los iba a comer crudos. No era la primera vez que suced\u00eda, pero la amenaza sonaba cre\u00edble en su boca y los chicos corrieron asustados.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Ian Abolic segu\u00eda mirando hacia la calle haciendo ruidos guturales, se acical\u00f3 las barbas que ya le hab\u00edan vuelto a poblar la cara y dej\u00f3 que se cerrasen las puertas del ascensor antes de pulsar el bot\u00f3n con el n\u00famero setenta y nueve.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>As\u00ed es como transcurre su d\u00eda a d\u00eda, voluntariamente enjaulado en un ascensor desde primera hora, subiendo y bajando de piso en piso, trescientos sesenta y cinco d\u00edas al a\u00f1o. Como si quisiera purgar alguna culpa, sentimiento poco probable, o como si creyera que el mundo acabar\u00e1 resumido a sus pies.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Tampoco es verdad que tuviera que subir a recoger documentos. \u00c9l vive en el s\u00f3tano, en un inmundo cuartucho que dif\u00edcilmente cubre las necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas, aunque acostumbra a decir a todo aquel que se encuentra en el ascensor que vive en una lujosa suite de la azotea. Nadie le discute, vecinos o visitantes prefieren escuchar sus mentiras que sufrir en silencio el miedo que genera su presencia. Hay quien dice que all\u00ed es donde viv\u00eda hasta que una noche de tormenta se cay\u00f3 por el hueco del ascensor y par\u00f3 el golpe con la cabeza. Dicen que lleg\u00f3 a ser alguien notable en la comunidad, pero si fuera cierto (yo no lo s\u00e9) debi\u00f3 de suceder hace mucho tiempo. Ahora es una figura atormentada, siempre en su ascensor, arriba y abajo, aliment\u00e1ndose de fantas\u00edas y del olor a sangre. En esto es en lo que parece coincidir con Miss Templetick, ambos al acecho de carne fresca a la que acercarse; y por eso la maravillosa Angie Wondall ejerce sobre ellos una atracci\u00f3n incontrolable que les arrastra a competir sobre cu\u00e1l de ellos ser\u00e1 el primero en estrujar su alma entre sus dedos.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Hay que ser tan obtuso como Miss Templetick para considerar una chiquilla a Angie Wondall. Angie tiene diecisiete espl\u00e9ndidos a\u00f1os y una presencia imponente con sus seis pies y dos pulgadas de altura y sus ciento noventa libras de peso. El garbo de sus andares, sus rizos pelirrojos hasta el final de la espalda y sus ojos color miel, sumados a su risa espont\u00e1nea y su agilidad mental, la convierten en la chica irresistible de su entorno, que sucumbe una y otra vez a su luz. Brillante tambi\u00e9n en los estudios, dicen los entendidos que es un prodigio del lanzamiento de martillo. Todos sabemos que actualmente el Atletismo es su gran amor, y cada vez que cierra los ojos siente que el futuro le pertenece.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Nunca utiliza el ascensor, ni para subir ni para bajar. Angie Wondall vive en la letra A del primer piso de la torre, con sus padres, sus tres hermanos menores y cuatro mascotas, pero, como ella misma afirma, aunque viviera en el \u00faltimo piso tampoco lo usar\u00eda. Para Angie, subir y bajar por las escaleras es un s\u00edmbolo del esfuerzo y de la tenacidad, s\u00edmbolo que pone en pr\u00e1ctica en cualquier otro edificio que le exija el empe\u00f1o. Ian Abolic lo sabe y sufre. Dar\u00eda cuanto tiene por ser capaz de controlar las emociones de Angie, sus deseos, sus est\u00edmulos. Para \u00e9l no es asumible tanta fortaleza y talento, no en alguien tan joven, con tantos mares que surcar y tantas naves diferentes a su disposici\u00f3n. Ay, si ella le escuchase, si le hiciera caso, si creyera en \u00e9l, si quisiera subir en el ascensor y probar sus caramelos, y beber de las fuentes milagrosas del \u00c9ufrates y bailar al ritmo de <A href=\"http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=VbF1phW2xLI&#038;feature=related\" target=_blank>\u201cGroenlandia\u201d<\/A>, su canci\u00f3n favorita. Cu\u00e1nto \u00e9xito abordar\u00eda s\u00fabitamente a esa est\u00fapida pelirroja, se lamenta y se repite una y otra vez Ian Abolic.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Era el primer s\u00e1bado del mes de junio, s\u00ed, un s\u00e1bado c\u00e1lido y ventoso, y Angie se despert\u00f3 con las mismas ganas de siempre de acudir a la pista para seguir mejorando. Se espabil\u00f3, mir\u00f3 por la ventana y jug\u00f3 a descubrir figuras en las nubes. Para Angie el n\u00famero seis es s\u00f3lo un n\u00famero y cuatro letras.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Los fines de semana Angie siempre desayuna sola porque su familia sigue durmiendo. Estrellas de mar y caf\u00e9, jarabe de arce y mermelada, nubes de caramelo, una mandarina y una raci\u00f3n de jam\u00f3n. Esto es lo que suele cantar mientras exprime tres naranjas y tuesta dos rebanadas de pan que unta con mantequilla y mermelada de frambuesa. Y paladea despacio un t\u00e9 verde muy caliente. Angie es muy suya con sus costumbres, met\u00f3dica, casi mani\u00e1tica, aunque le cuesta reconocerlo. Despu\u00e9s lo friega todo, se lava los dientes, se asea, se recoge el pelo y vuelve a la cama. Escucha un poco de m\u00fasica para mejorar la digesti\u00f3n (eso dice ella), prepara la bolsa de deporte para ir a entrenarse y ordena su cuarto. Luego despierta a sus hermanos, da un beso a cada uno y se marcha con la certeza de que va a ser feliz.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Hoy se ha cumplido el guion. Angie doblaba la primera esquina cuando un gru\u00f1ido ha acompa\u00f1ado al inquietante deslizamiento de las puertas del ascensor en la planta baja. Ha emergido la figura de Ian Abolic, que ha olfateado a su alrededor, y la luz y una sonrisa ladeada han dado vida a su rostro. He llegado a ver su colmillo brillante y ha musitado: \u201cLa pelirroja se acaba de marchar. Tendr\u00e9 mi oportunidad dentro de tres horas\u201d.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Desde su casa Angie llega a las pistas dando un paseo que aprovecha para rememorar los \u00faltimos entrenamientos y visualizar las sesiones venideras, siempre en busca de la excelencia. En su memoria se ha perdido cu\u00e1ndo se enamor\u00f3 del Atletismo, que fue mucho antes de saber que ten\u00eda talento y que explorarlo le produc\u00eda un placer desconocido. Quiz\u00e1 tuviera que ver con los amigos que encontr\u00f3 alrededor, el olor a hierba y a un parque cercano, o con el agradable y extra\u00f1o calor que emanaba la pista sobre su rostro en aquel primer verano. Ahora todo eso se mantiene y evoluciona entre grandes dosis de gimnasio, de t\u00e9cnica, de lanzamientos, trabajo que encaja como un guante con su car\u00e1cter perfeccionista y luchador. Yo no entiendo mucho de Atletismo, y mucho menos de su especialidad, pero sus preparadores est\u00e1n convencidos de que el r\u00e9cord mundial estar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda a su alcance.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Una vez le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 le gustaba tanto el lanzamiento de martillo, una prueba que, no nos enga\u00f1emos, no es la m\u00e1s vistosa para el p\u00fablico. Para mi sorpresa no mencion\u00f3 la evidencia de sus buenos resultados, ni siquiera pareci\u00f3 darles importancia; se limit\u00f3 a hablar y hablar de las sensaciones y sentimientos que le generan la liturgia del lanzamiento o el protocolo de los entrenos. Lo defin\u00eda como una pieza de ballet insertada en una obra de teatro, y afirmaba sentir cada movimiento como una danza, desde el primer balanceo del martillo con el suave metal del asa entre las manos hasta que la bola adquiere vida propia en el aire tras la inercia de los giros. Y afirmaba tambi\u00e9n que en su interior cada contacto y cada deslizamiento de los pies, de la cintura, de los hombros, de la cabeza o de las manos se convierte en una catarata de cosquillas y de disfrute que la obligan a seguir esforz\u00e1ndose. Angie es, en definitiva, una bailarina gigante cuyo arte explota cuando el pesado artefacto abandona sus dedos estirados, como un p\u00e1jaro que vuela libre, al principio, como un p\u00e1jaro herido que lucha por no caer, al final. Entonces la danza pasa a ser visible y medible, y aquellos que saben entender lo que ha ocurrido no necesitan m\u00e1s explicaciones. All\u00e1 lejos, mejor cuanto m\u00e1s lejos llegue la bola, brota una invisible l\u00ednea que marca la frontera entre la realidad y los sue\u00f1os. Una l\u00ednea distinta para cada atleta del mundo, como rastros infinitos de infinitas mareas. Y Angie Wondall me cont\u00f3 todo esto y mucho m\u00e1s con tanta naturalidad, y con esa sonrisa que nos vuelve locos a todos adornando su cara, que desde entonces no he conseguido pensar en otra cosa.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Miss Templetick ten\u00eda raz\u00f3n, no ha ca\u00eddo ni una gota de lluvia en toda la ma\u00f1ana. Angie ha podido hacer el entrenamiento al aire libre, respirando, palpando, disfrutando con las nubes. Estoy seguro de que en su interior fluye una alegr\u00eda inmensa porque viene con el pelo suelto cantando una canci\u00f3n que habla de amores para siempre y circos de tres pistas, aunque ahora que la veo acercarse a casa me parece que reserva sus sonrisas para otro momento o lugar. Probablemente sea el cansancio, o quiz\u00e1 vislumbra el casi inevitable encontronazo con Ian Abolic, como cada vez que a \u00e9l le salen bien los c\u00e1lculos. A Angie le provocan m\u00e1s aburrimiento que preocupaci\u00f3n esas pesadas charlas, y le cuesta menos obviar sus tonter\u00edas que intentar evitarle porque en realidad Ian forma parte del paisaje. Y yo, que lo observo todo desde aqu\u00ed, ya veo que hoy ha acertado con la hora del regreso de Angie. Y oigo el suave roce de las perneras de su ch\u00e1ndal, cadencioso tictac que acerca sus pasos hacia el encuentro. Me callo, que quiero escuchar.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Hombre, qu\u00e9 raro. \u00a1A qui\u00e9n tenemos aqu\u00ed! \u00bfQu\u00e9 tal Ian?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Tan envalentonado que aparentaba, Ian Abolic parece haber languidecido un poco ante el desparpajo de Angie.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Bien, bien\u2026<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>Mientras sube las escaleras y se acerca al rellano del ascensor, Angie fija sus ojos en la enorme figura venida a menos. Angie y su mirada, qu\u00e9 mujer. Perd\u00f3n, que he dicho que me iba a callar. Es que me he puesto un poco nervioso. Si quiero apuntillar algo lo har\u00e9 entre par\u00e9ntesis.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; No estar\u00edas esper\u00e1ndome, por casualidad. (Angie se r\u00ede de su sarcasmo).<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; No, no\u2026 bueno, s\u00ed.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Pues no vengo con muchas ganas de hablar, \u00bfeh? Que el cuerpo me est\u00e1 pidiendo ducha, comida y siesta. Que no vengo de tocarme el higo precisamente. (Ah, se me ha olvidado comentar que Angie tiene su genio).<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero Angie, podemos hablar unos minutos, \u00bfverdad?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Pues seg\u00fan. \u00bfTienes algo nuevo que decir o vas a repetirme la letan\u00eda de siempre? Ascensor, caramelos, fuentes milagrosas\u2026 No querr\u00e1s cantarme otra vez el estribillo de esa canci\u00f3n espa\u00f1ola de los a\u00f1os ochenta, \u00bfno? Menudo <I>sireno<\/I> est\u00e1s t\u00fa hecho.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Angie, ya sabes lo que pienso. Si t\u00fa me dejaras\u2026<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; El qu\u00e9, \u00bfsubirme en el ascensor? D\u00e9jame en paz. Alg\u00fan d\u00eda me voy a enfadar de verdad. Piensa que de momento me haces gracia, pero conmigo no tienes nada que rascar, y s\u00e9 que tambi\u00e9n molestas a mi amiga <A href=\"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/index.php\/airelibre\/2009\/08\/02\/\" target=_blank>Elvira Watson<\/A> cuando viene a verme. No vuelvas a acercarte a ella. Como me hartes te voy a meter los caramelos por <I>ah\u00ed<\/I> y, aprovechando la pompa, te voy a dar una patada que vas a llegar a Groenlandia pero de verdad. (\u00a1C\u00f3mo me gusta cuando Angie se pone ruda!).<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Angie, preciosa (\u00bfpreciosa?), si supieras lo que te pierdes\u2026<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfLo que me pierdo yo? \u00bfLo que me pierdo yo? \u00bfY t\u00fa tienes idea de lo que te pierdes t\u00fa? \u00bfPero t\u00fa te has visto, metido todo el d\u00eda en este ata\u00fad sube y baja? Lo que yo me pierdo, dice el t\u00edo. Yo estoy dedicando mi juventud a crecer, a so\u00f1ar y a trabajar por todo ello. \u00bfQu\u00e9 puede haber m\u00e1s gratificante?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Podr\u00edas ser a\u00fan mejor y conseguirlo antes. Con mis caram\u2026<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Con tus caraculos. Que no me interesa, co\u00f1o, y dale con la murga.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Yo conozco tu potencial, Angie, s\u00e9 de lo que hablo. No siempre estuve aqu\u00ed encerrado. Y s\u00e9 que tu decisi\u00f3n te har\u00e1 sufrir, tus metas no se cumplir\u00e1n, siempre habr\u00e1 alguna chica que se te parezca y que acepte el viaje y beba de las fuentes.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Mis metas no tienen nada que ver con otras chicas. Mi meta soy yo y quienes me rodean. Mi familia, mis amigos, mi entrenador. \u00c9se s\u00ed que sufre, que me aguanta las chorradas. Si mi meta es una marca, mi meta es la marca que consiga y el esfuerzo y la diversi\u00f3n que haya detr\u00e1s.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero no s\u00f3lo buscas el r\u00e9cord mundial, t\u00fa tambi\u00e9n aspiras a medallas y campeonatos importantes. \u00bfQu\u00e9 crees que encontrar\u00e1s ah\u00ed? \u00bfO cu\u00e1nto crees que te durar\u00e1 el r\u00e9cord si lo consigues?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; En eso tienes raz\u00f3n, y sin embargo sigues sin entender. Aqu\u00ed dentro hay un m\u00fasculo que late por amor (\u00a1se se\u00f1ala el coraz\u00f3n con el pu\u00f1o!), y en cada latido hay una voluntad y hay una moral que crecen d\u00eda a d\u00eda. Tus caramelos tienen unos efectos secundarios que no me interesan, m\u00e9tetelo en la cabeza si no quieres que cumpla mi amenaza.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfAmor? \u00bfEfectos secundarios? Ay, Angie, qu\u00e9 tonta eres a veces. Lo dicho, cu\u00e1nto sufrimiento te espera.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfY t\u00fa me hablas de sufrir y de no sufrir? Ian, m\u00edrate, yo no s\u00e9 qu\u00e9 sabes ni qui\u00e9n fuiste pero por \u201cefecto secundario\u201d no me refiero a que me salga bigote o que el h\u00edgado se me convierta en <I>foie-gras<\/I>, que tambi\u00e9n; hablo del peso del mundo que t\u00fa y otros como t\u00fa llev\u00e1is encima.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero no todos caen en el hueco del ascensor. Lo sabes bien. Y al contrario, tambi\u00e9n sabes que a veces ruedan cabezas de artistas como t\u00fa.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; <\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Y eso te har\u00e1 gracia, \u00bfno?<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Es la paradoja que nos iguala, Angie. Alg\u00fan d\u00eda te dar\u00e1s cuenta.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; O sea, que en tu atletismo todo es mentira, excepto la mentira.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; Qu\u00e9 rebuscada eres. Ent\u00e9rate: el mundo no es como t\u00fa lo ves, es mucho m\u00e1s complejo. T\u00fa te crees muy fuerte y muy lista con tu melena colorada al viento, pero el mundo acabar\u00e1 devor\u00e1ndote a ti tambi\u00e9n. Por creerte tus verdades. Por tonta.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Ian!<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;&nbsp; &#8211; T\u00fa ganas, Angie, hemos vuelto a repetir la escena de siempre. Pero recuerda que mientras haya en alg\u00fan lugar una Angie Wondall con talento, habr\u00e1 un lobo acech\u00e1ndola.<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV align=center><STRONG><FONT size=5>CONTINUAR\u00c1<\/FONT><\/STRONG><\/DIV><br \/>\n<DIV align=center>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV align=center>&nbsp;<\/DIV><br \/>\n<DIV align=center>&nbsp;<\/DIV><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Al apagar la luz fue consciente de que afuera soplaba el viento. Lo que ella no sab\u00eda es que si hubiera gaviotas plateadas en las costas de Cincinnati estar\u00edan jugando a flotar en el aire, vigilando el puerto, dej\u00e1ndose mecer bajo las nubes. 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