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Cecilia Casado

A partir de los 50

Los vínculos afectivos y el jamón de pata negra

 

Servidora tiene un vínculo afectivo con el jamón del bueno, una relación de cariño que viene de mi más tierna juventud cuando, para quitar las penas, compraba –con harto dolor de mi cartera- cien gramos de gloria bendita y me los comía –con su pan y vino- convencida de que el alivio emocional no tardaría en llegar.

 Porque no hay como creer en una cosa para que surta efecto, es bien curioso, como te convenzas de que algo, por ejemplo, va a salir mal, como tengas miedo, dudas o reticencias…!ZAS! También cuando mis hijas tenían penas les decía…!ya veréis cómo son menos con un poquito de jamón!

 Tonterías aparte –o no tanto- yo quería hablar hoy de los vínculos afectivos que establecemos las personas-humanas (y lo pongo así porque hay personas no-humanas) con algunos de nuestros congéneres.

El vínculo afectivo es la relación libre que se establece recíprocamente con otra persona, de forma estrecha, fuerte y basada en lo que llamamos amor. Los vínculos afectivos los determinamos nosotros, no vienen de serie; es decir, los vínculos familiares casi siempre derivan en vínculos afectivos, por proximidad y oportunidad, pero no necesariamente tiene que ocurrir así. De hecho, claro es el ejemplo de muchísimas familias que no mantienen relación afectivo/amorosa entre sus miembros más allá de las llamadas ocasionales y la concurrencia a bodas, bautizos y funerales.

 A mí me gusta creer que los vínculos afectivos que he ido estableciendo a lo largo de la vida son como el jamón de jabugo; es decir, un lujo que no está al alcance de cualquiera. He procurado que mis relaciones afectivas sean “pata negra” –por decirlo de alguna manera- y que tengan poco que ver con el jamónyork o la mortadela.

 Durante demasiados años creí que las ÚNICAS relaciones afectivas válidas o realmente importantes eran las que me impusieron por decreto/ley. Amor a Dios y amor a la familia. Y ahí terminaba, más o menos la cosa, porque lo del amor al prójimo era más bien para los que tenían vocación de…lo que fuera. Me enseñaron a querer a mis familiares sí o sí, so pena de cometer un pecado mortal incluso –cuarto mandamiento, creo- y dejaron la puerta abierta para, únicamente y en el futuro, amar a un esposo que sería el padre de los hijos a los que también “tendría” que amar. Todo bien establecido y programado. Fíjate tú si estaría bien montado el tinglado que no se ha librado de seguir esas pautas más que un tanto por ciento pequeñísimo de toda una generación y so pena de incurrir en el denuesto y/o conmiseración del resto. Una patraña.

 Mis vínculos afectivos han ido tomando otro cariz bien distinto conforme he ido dando pasitos hacia mi personal evolución. He tenido que “des-aprender” muchas cosas, cuestionar no pocos conceptos, romper un sinfín de prejuicios y, sobre todo, pelearme conmigo misma para poner las cosas en su sitio.

 Un vínculo afectivo no puede guardar en la trastienda rencor, rabia o reproches viejos. (Las tres “R” malditas que tantas relaciones entorpecen). Un vínculo afectivo tiene que sustentarse sobre el cariño, la aceptación del otro, el gusto por compartir y el respeto mutuo. Así pues, puede llegar a ocurrir que se establezcan vínculos afectivos intensos, duraderos y válidos con personas que nada tienen que ver con la propia familia ni con la pareja o los hijos y de esa variedad, de esa riqueza nos beneficiamos todos.

 Cuando se quiere mucho a una persona se dice de ella: “es como si fuera de mi propia familia”, y está mal dicho, muy mal dicho. Porque eso es como dar por sentado que los auténticos y válidos vínculos afectivos vienen marcados únicamente por compartir el Libro de Familia y eso…aparte de ser incierto, es una tontería grande donde las haya.

 Bueno, todo lo dicho anteriormente es lo que yo he experimentado y no sé si alguien más sentirá u opinará como yo, aunque estoy segura de que en algo todos coincidiremos: ¡en que nos gusta mucho el jamón de pata negra!.

 En fin.

LaAlquimista

 Por si alguien desea contactar:

Laalquimista99@hotmail.com

 

 

Temas

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


julio 2012
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