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Cecilia Casado

A partir de los 50

El amor no se puede congelar

 

 

La frase no es mía, aunque la suscribo, sino de un amigo con el que estuvimos arreglando el mundo durante un par de horas. Me decía –y  a ver si lo transmito correctamente, que ya sé que me está leyendo- que siempre sintió que en su interior había mucho amor, amor suyo, amor que nacía de su propia esencia como ser humano, pero que por miedo a entregarlo como hizo una vez y volver a sufrir lo había protegido con una coraza y ocultado de la vista del personal.

Para que nadie se lo robase o para negarse a una posible futura entrega. Por prevención, prudencia y miedo.

Y así ha vivido estos últimos años, en una tranquilidad aburrida y carente de sobresaltos, justo lo que creía necesitar. Sin embargo, últimamente, -dice- que le está surgiendo de su interior una vocecilla –a la altura del fondo del estómago, más o menos- que le susurra cuestionándole si no habrá cometido el más grande de los errores: el de no amar.

Hasta aquí su planteamiento; a partir de aquí, la reflexión que se me ocurre y que ya está fuera del ámbito de lo personal y se inclina a una divagación por mi cuenta y riesgo.

Lo que más me gustó de aquella conversación pausada, sin ruidos de fondo y ausente de prisa, fue el hecho de reconocer que el “amor” no es algo que tenga que venir de fuera, sino que ya anida en nuestro interior, que viene de fábrica incorporado en el modelo de serie. En contra de la opinión de tantos y tantos que hablan como si hubiera en nuestro interior un vacío que ha de ser llenado por el amor que viene de fuera. Contraria sigo siendo a la tan extendida premisa de que “sin ti no soy nada” y “antes de conocerte mi vida no tenía sentido”.

Creo firmemente que nacemos con una capacidad de amar infinita en nuestro interior. Así como el corazón bombeará sangre y los pulmones trasegarán aire con una capacidad sin límite, hasta su fin, también el amor existe en cada ser para que hagamos con él lo que queramos. Expresar, mostrar, compartir o regalar. Amordazar, maniatar, reprimir, constreñir o ignorar. Es nuestra elección… lo que decidamos. Pero teniendo muy claro que lo que no se expresa, se pierde, que hay “productos” que no se pueden congelar porque luego quedan inservibles.

Y allá cada cual con sus decisiones, que no le eche la culpa a nadie de las incapacidades, de las limitaciones que no ha sido capaz de superar, de la arrogancia de creer que tiene derecho a ser amado sin entregar apenas nada a cambio, de la soberbia fatua de pensar que porque una vez entregó el amor, ya nunca más ha de volverlo a entregar y sentir entonces cómo la vida se engrisece, cómo los días se vacían, cómo la gente de buen corazón no tiene ya nada que decir ante la frialdad en la que se ha voluntariamente instalado, congelando el amor que es lo mismo que tirarlo directamente a la basura.

Amar o no amar, ésa podría ser la cuestión.

En fin.

LaAlquimista

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Por si alguien desea contactar:

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Temas

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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