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Cecilia Casado

A partir de los 50

Suegras viajeras

 
El título del post no parecería nada del otro mundo si no fuera porque se refiere a un modelo un poco atípico de compañeros de viaje. Atípico, poco habitual o simplemente friki, seguro que alguien lo va a pensar.
El caso es que por mi cumpleaños mi hija pequeña ha tenido la maravillosa ocurrencia de ofrecerme una escapadita a Budapest; como ella y su marido viven en Berlín, yo sólo tengo que ir hasta Alemania y de allí ya volaremos a Hungría. Un regalo amoroso y goloso -qué duda cabe- que viene envuelto en un papel de regalo muy especial que no es otro que compartir esos días “en familia”; es decir, con su marido y su propia madre. ¡Hale, de viaje las suegras con los hijos, qué maravilla…!
Por supuesto que tengo que aclarar a la mayor velocidad posible que mi “consu” mexicana es una dulzura de persona, con un carácter jovial, agradable y que nos trata –a mí y a mi hija- con un respeto cariñoso que está más cercano al amor que a lo convencional en estos casos.
Ya antes de la boda de “los niños” en Yucatán compartimos un fin de semana de playa caribeña los cuatro juntos y cuantas veces he pisado México no he recibido de ella más que atenciones generosas. La semana pasada recaló en mi hogar donostiarra durante unos días de camino a su otro hogar berlinés: todo queda en familia.
Suele ser lo habitual en el pueblo mexicano la conciencia de tribu, de lo que une la sangre y antes parece que se dejarían amputar un dedo que fallar a alguien de la propia familia; me cuentan que siempre cuentan todos con todos para el apoyo y la ayuda –estoy generalizando, lo sé, pero es lo único que he visto en mis viajes por aquellas tierras americanas-, así que cuando te casas, te casas. Ya me lo aclaró ella cuando, después de la boda, le dije, “ahora somos consuegras”. –“No, contestó ella: ahora somos familia”.
Gran verdad es que todas las familias felices se parecen –hoy no toca hablar de las familias infelices- y haciendo honor a ese postulado…¡nos vamos todos juntos de vacaciones!
Por estas tierras del norte es que somos mucho más fríos y no solamente en lo meteorológico. Aquí se da como genérico lo que debería ser la excepción, familias que se sienten unidas únicamente para médicos, hospitales y tanatorios porque el resto del tiempo cada uno celebra/aguanta la vida a su manera y sin compartir apenas. Por estas tierras es bastante común que incluso los de la misma sangre se peleen por todo –no únicamente por las herencias, como en la ficción que ya sabemos que puede ser superada por la realidad.
Hay quienes tienen hijos y no los presentan a los abuelos, quienes contraen matrimonio y excluyen a un hermano de la invitación o, esto es lo más curioso, quienes se autoexilian de la propia familia porque “no quieren tener ninguna relación con ella”, sin olvidar los que expulsan del núcleo familiar a la oveja negra que les molesta, como si se pudiera de un plumazo emocional y malintencionado talar el árbol genealógico o emborronar el Libro de Familia.
Pues allá cada cual con su forma de relacionarse, faltaría más, pero estoy convencida de que rencores y resentimientos son caldo de cultivo para no pocas amarguras y cuarto y mitad de enfermedades psicosomáticas.
Pero desde que tengo un yerno mexicano, ahora tengo más familia y no seré yo quien se queje por ello. En realidad, la vida es tan corta y pasa tan rápido que hay que ser estúpido de verdad como para cerrar el corazón y los brazos a quienes vienen a sumar y no a restar. De momento, vuelvo a hacer la maleta y parto hacia donde me esperan con amor dispuesta a una convivencia que choca con algunos de los esquemas mentales que campan por esta sociedad pero que bien vale la pena intentar ignorarlos y dejarse llevar hacia donde ofrecen roce lleno de cariño.
Viajo ligera de equipaje, cada vez más y más, así que toda la tecnología que acarrearé con mi persona se reducirá a un smartphone, ergo el blog se queda a la espera de mi vuelta de estas vacaciones familiares que, estoy convencida porque esa es mi actitud, van a ser toda una lección para dar un paso adelante en el aprendizaje de mi  camino vital.
¡Guardadme el sitio!
Felices los felices.
LaAlquimista
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Por si alguien desea contactar:
apartirdeloscincuenta@gmail.com

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


septiembre 2017
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