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Cecilia Casado

A partir de los 50

La “justicia” que me confunde

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Jamás aceptaría formar parte de un jurado popular. Esos que aparecen en las películas americanas y que siempre me han hecho pensar que de dónde los habrán sacado,-bueno, ya sé que en las pelis son extras-, qué características éticas, morales, educacionales o simplemente intelectuales harán falta para decidir sobre la vida o la no-vida de una persona (mandarla a la silla eléctrica o a la cárcel).

Pienso mucho en la difícil tarea de jueces y magistrados, últimamente sobre todo, sobra decir porqué. Mi abuelo paterno estudió la carrera de Derecho y era abogado, pero renunció a la práctica porque –según historia familiar- tenía “escrúpulos de conciencia” en defender a alguien que él sabía culpable. Cosas casi decimonónicas, anécdotas para una sobremesa.

Sin embargo, ahora mismo, estoy confusa, muy confusa. Con una condena de nueve años pendiente de confirmación, y después de dos años en la cárcel, han dejado en libertad provisional a los cinco encausados por la violación grupal de una recién estrenada mujer de dieciocho años, en Pamplona, en sanfermines de 2016.

Y digo violación aunque los santos interpretadores de la Ley lo tilden de otra cosa. Quizás es que me he puesto varias veces ya en el lugar de la víctima y no sé, como que no me cuadra nada. Pero nada de nada. Y mucho menos cuando hay quienes defienden a bombo y platillo que fue consentido, incluso provocado, vamos, el sueño de toda chavala eso de tener una orgía desenfrenada con cinco tipos borrachos tirada en el duro suelo de un recoveco de un portal en la madrugada inundada de alcohol. Sigue sin cuadrarme.

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Porque dicen que, al final, les acusan de haberla dejado tirada quitándole el móvil, poca cosa esa indefensión y que, sin embargo, el resto de la cosa sexual, violentados todos los orificios posibles, incluso los del corazón y el alma, lo cuestionan porque no le creen a ELLA. A ellos sí, a pesar de las pruebas evidentes, a pesar de los hechos antecedentes (otra denuncia similar en Pozoblanco), a pesar de las gracietas esas de “vamos a violar que mola mucho”, que luego resultaban bromas sin gracia pero –al parecer- sin demasiado peso judicial.

Estoy confusa, lo confieso. ¿Qué diría mi abuelo en un caso así? Item más; ya me han dicho bastante algunos profesionales de la abogacía cuando me han contado cómo funciona el “sistema”. Que según y conforme, que según el magistrado y que según el abogado y que según la familia del encausado…ad nauseam.

Así que me estoy planteando algo terrible en esas horas tontas de la noche en las que una no concilia el sueño y se le va la pinza por derroteros nada halagüeños; ¿y si…? ¿o si…? Porque claro, vaya usted a saber si… ¿A quién creemos, señoras y señores del jurado? ¿A quién? Los juicios escandalosos siempre han sido mediáticos, no olvidemos al pobre Lord Byron picando piedra no por ser gay sino por haberse atrevido a enfrentar a la flor y nata de la sociedad de la época.

He leído también una carta que la víctima –dicen- ha publicado en su cuenta de Instagram. ¿Es eso posible desde el anonimato? ¿En qué mundo vivo que todo esto me produce confusión mental y desasosiego emocional? ¿Es cierto que en Sevilla se está llevando a cabo una campaña de acoso y derribo para los tipos de “la manada” para que nadie les dé trabajo o sirva un café? ¿Quién es el “poli bueno” y quién el “poli malo” en esta película de terror? ¿No hemos tenido ya bastante las mujeres con sentencias absurdas en alguna jurisprudencia y condenas a pie de calle por querer defender la libertad de los mismos valores que se acuñan para los hombres?

Y a pesar de todo quisiera no juzgar ni condenar –a los cinco amigotes-, porque tengo que ser coherente ya que a veces me he llenado la boca con conceptos del tipo de “no juzguéis y no seréis juzgados”, pero me veo débil, con dificultades para discernir cuál es el límite, dónde está la raya roja que NO podemos permitir que se traspase… ¿Somos los guardianes de las buenas costumbres, de la moral, nosotros, el pueblo, muchedumbre siempre lista a linchar, rebaño que pace de la morralla moral que le arrojan encima?

No quisiera formar parte jamás de un jurado popular, echar sobre mis hombros la responsabilidad de equivocarme por exceso o por defecto o –lo que es peor- por mala o desinformada intención.

Mi condición de ser humano que intenta ser respetuoso está del lado de la víctima, como mujer que he sido agredida yo también sé cuál es mi lugar; pero estoy tan confusa que pienso si no será que estoy viviendo en el país equivocado y formando parte de una sociedad errónea…

En fin.  (Hoy no hay felices por ningún lado)

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Temas

Aplicación de la justicia. Interpretación de la moral y la ética.

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

junio 2018
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