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Cecilia Casado

A partir de los 50

Cuerpos en la playa

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** “En la playa”. Pablo Picasso (1937)

Los veo pasar sentada cómodamente bajo el parasol a la orilla del mar; es una muy larga playa y hay espacio para todos. Los miro con curiosidad –aunque no con descaro-, paseándose con los pies en el agua y el sol de frente hacia oriente. Unos por hacer ejercicio, otros por que les dé el sol vuelta y vuelta; todos al amparo del dolce far niente vacacional.

Cuerpos humanos. Tantos y tan diversos. Me gustaría poder fotografiarlos pero tan sólo los retengo unos instantes en la retina y lo justo en la memoria para recordarlos mientras escribo sobre ellos.

Cuerpos de niñas y niños, delgados, creciéndoles los huesos bajo el sol. Piernas incansables, saltarinas, brazos volatineros, voces alegres. Una niña, muy niña lleva bikini; le molesta e intenta zafarse de la apretura innecesaria. Su madre le reconviene, la obliga a mantener los exiguos centímetros de tela sobre su plexo solar. Ella, la niña, se deja hacer con una sumisión ancestral.

Cuerpos de adolescentes exultantes de hormonas y aceite brillante. Trillando la arena con paso resuelto, erguidas ellas con ojos en la nuca, erguidos ellos con ojos en lo que tienen delante. Trajes de baño de estreno, -como cada año- relucientes, al igual que se les presenta la vida; los juegos en el agua propician contactos entre los sexos –literalmente, incluso-, son los efímeros dioses del aquí y ahora, sin más futuro que desear el efímero placer…aunque ellos no lo sepan todavía. No tienen pasado y no quieren pensar en el futuro. Son sabios….

Cuerpos que han parido hijos, orgullosos y desafiantes, enarbolando un valor añadido; dibujando estrías y mostrando cicatrices con la mirada inefable de quien se siente orgullosa y avergonzada a la vez. Cuerpos que han acompañado a quienes han parido los hijos, distintos estos, cubierta la piel por tatuajes en los lugares donde ellas pasean estrías y cicatrices. Raramente se tocan. La distancia de seguridad la marcan los niños saltarines y gritones. Es una pauta inexorable…

Cuerpos adultos, muy adultos, que un día estuvieron “verdes” y hoy son ya fruta demasiado madura que se asoma al inevitable proceso del envejecimiento. Algunos son extraños, como un reloj de pulsera en la muñeca de un romano en una película, presentando turgencias de silicona donde el ojo no espera hallar más que la ley de la gravedad. Sonrisas apergaminadas tras costurones visibles, cráneos con implantes que han prendido según una incierta voluntad… Los resistentes al cambio, los que han cambiado el espejo en el que mirarse…

Cuerpos cansados, arrugados, hinchados o fláccidos, pies que arrastran los excesos o las carencias de toda una vida. Cabezas cubiertas por miedo al excesivo recalentamiento mientras que las pieles quedan expuestas a todas las quemaduras del abanico de la imprudencia. Trajes de baño viejos, como ellos. Hombres con barrigas imponentes, mujeres en los huesos; humanos todos, cada quien con su historia, su leyenda, sus risas y sus penas. Y la piel, que lo va contando todo…

Cuerpos para el catálogo de la humanidad, no para el prejuicio estético que marca la moda y los ojos poco limpios de quienes no quieren ver ni mirar a la cara lo que somos realmente: cuerpos con mucha fuerza para vivir.

Los miro a todos y a todos los admiro por igual porque en todos ellos me veo reflejada. En unos con una cierta nostalgia, en otros con la esperanza de poder llegar, yo también, a pasear por una playa mediterránea al sol bienaventurado de un día espléndido sin más ocupación que la de saborear el momento y atesorarlo en el pequeño cofre de las cosas inmutables. Algún día habrá que abrirlo y desempolvar esos tesoros del recuerdo que serán el único capital del que dispondremos.

Cuerpos humanos. Todos dignos, todos hermosos…

Felices los felices.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


julio 2018
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