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Cecilia Casado

A partir de los 50

Filtros

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Hay una página de fotografías en Facebook que intenta compilar imágenes de mi ciudad: me gusta. Y lo digo sin darle a ningún click. La gente toma fotos de rincones, capta instantes hermosos y los comparte, aunque se sobreentiende que “entre col y col, lechuga”, vamos que hay mucho “churro” digital intercalado. Pero no importa, cada uno se entretiene como le acomoda.

Observo, sin embargo, que van publicándose, cada vez con más frecuencia, fotografías digitales tratadas con esos filtros especiales que llevan ahora los inteligentísimos “teléfonos” que hacen ya de casi todo menos consolarnos cuando estamos tristes.

Los filtros. ¡Hay tantos y tan variados! Se puede jugar a pintar hojas o decolorar flores, avejentar en sepia lo que se ha visto ayer mismo o darle a una fotografía pátina de dibujo, de pintura cubista, surrealista, expresionista o fauvista. A gusto del consumidor y reduciendo el “arte” a un mero click.

Tiene su gracia, todo hay que decirlo, aunque no haya detrás un verdadero trabajo, ni tan siquiera una pequeña creación artística, pero es el signo de los tiempos y mejor no luchar contra la realidad que ES.

Luego me da por reflexionar sobre los otros filtros; esos que tenemos los humanos en nuestra mente para retener ciertos pensamientos, ese cedazo duro y fino por el que pasamos algunas verdades reteniéndolas, guardándolas por miedo detrás de ese filtro social que llevamos también nosotros instalado de serie, como las cámaras de los smartphones, y que utilizamos ya casi de manera inconsciente.

a-partir-de-los-50-2Esos filtros que aprisionan también los sentimientos abortando el raudal natural justo en el momento en que se está produciendo; filtros como diques, grandes como barreras, duros como muros, infranqueables.

Esos filtros que también utilizamos para “maquillar” la realidad anodina, esa que viene en blanco y negro y a la que nos empeñamos en añadir colores y reflejos, como a las fotos de Instagram o Facebook, con la misma y patética intención y deseo: que nos den muchos “likes”.

¿Por qué nos prestamos a ese engaño tan burdo e infantil? Que una cosa es pintar una pared de color bonito y otra hacerlo para tapar las humedades y los mohos; en los dos casos habría que tener muy en cuenta y dejar bien claro cuál es el fin que se pretende conseguir y no intentar convencerse de que no hay ningún desconchón detrás de la pintura añadida. En la vida, más de lo mismo.

Luego están esas personas que dicen que “no tienen filtros”, que es el neologismo del viejo “no tener pelos en la lengua” y ya hacen de su capa un sayo expandiendo a diestro y siniestro sus opiniones y juicios sin importarles lo más mínimo, no sólo que puedan estar equivocados, sino que con su verborrea lenguaraz puedan hacer daño al prójimo.

Es complicado todo esto. A veces una no sabe ni siquiera dónde está el término medio.

a-partir-de-los-50Por las dudas, prefiero mirar la realidad con mis ojos naturales sin ponerle ningún filtro, que bastante tengo ya con conseguir “enfocar” bien…

Felices los felices.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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