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Cecilia Casado

A partir de los 50

Tres son multitud

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Se usa habitualmente esta frase para definir la necesidad de que las relaciones romántico/amorosas se hagan en la mayor intimidad posible de la pareja; sobre todo la utilizan quienes tienen miedo de que incorporando otra personalidad a la misma se introduzcan variables difíciles de controlar. Al fin y al cabo, las parejas se juntan para controlarse hasta que la muerte los separe (y sé de qué hablo, lo mío es conocimiento empírico muy a mi pesar).

Pero la “multitud” de la que hablo va enfocada hacia la simple amistad (simple o enjundiosa, intensa o superficial), hay demasiadas variantes como para explicarlas todas en dos folios apretujados. Estoy llevando a cabo un aprendizaje nuevo gracias al ejemplo de una buena amiga que me enseña cosas importantes sin pretenderlo –o aunque lo pretenda se lo agradezco igual.

Consiste este nuevo reto en focalizar las relaciones de amistad de una en una. Es decir: elegir cuidadosamente el espacio amigable con una persona y cuidarlo, hacer que crezca, mimarlo incluso, pero sin sacarlo de la intimidad de DOS personas.

Porque es entre dos como fácilmente se habla y se escucha, se piensa y se comprende, se actúa a sabiendas del gusto de la otra persona, se observa en las distancias cortas y se pueden poner en valor las actitudes positivas compartidas.

Habrá entre dos menos fisuras que entre tres o cuatro o ciento; nos sinceramos con los amigos en plan “confesionario”, no desde el “púlpito”. Difícilmente en un grupo de amigas o amigos se airearán secretos o compartirán confidencias, para ello hace falta el recogimiento íntimo de la confianza mutua y la garantía tácita de la discreción, además del amor implícito en la empatía que se necesita de la otra persona.

a-partir-de-los-50-2Tengo que desaprender de manera definitiva la lección aprendida en años y años de error (ahora me doy cuenta) de que lo que me haría feliz y haría felices a los demás, era formar grupos, juntar a la gente, promover camarillas o inventar eventos en aras de la amistad compartida.

He sido una lanzada y no siempre me ha ido bien. Las nuevas tecnologías invitan e incitan y siempre he sido pionera en su utilización –a pesar de haberme llegado a partir de los 50 años esta posibilidad-. Antes de los grupos de whatsapp ya existían los foros. En uno de poesía llegué a viajar con un grupo para dar recitales y todavía guardo amistades en el cajón de los poemas. Luego hubo una “Academia de Arpías” que también dio mucho juego para conocer a mujeres increíbles a lo largo de la geografía y quemar simbólicamente sujetadores en las hogueras del solsticio de verano. Todavía quedan rescoldos de aquellas amistades, todavía.

Luego llegó el fenómeno de los blogs y fui pionera también-en estas latitudes – en lo que me pareció una ventana abierta al mundo. Tan abierta que me ha permitido el conocimiento de gente de todo pelaje intelectual y diversidad emocional. Enseguida formé un grupo, grande y variopinto y de ahí salieron buenas y (todavía) profundas amistades. Para celebrar la vida sin freno en el calendario: cada tiempo había una buena excusa para reunirse –alrededor de mesas bien provistas de esos manjares a los que los de aquí arriba somos tan adictos-.

El Círculo de Mujeres fue un punto y aparte digno de mención. Lo formé y facilité con toda la ilusión y fuerza que da el interés por el crecimiento personal y la pacificación interna. Sigue rodando este Círculo, aunque yo ya no forme parte de él –tomé otro camino hace un año- y sé que rueda sin tropiezo. De ahí también guardo en mi corazón la amistad y el cariño de algunas de sus mujeres.

Y qué decir de la “Gastroterapia de los miércoles”, esas reuniones semanales entre varias amigas –con horarios flexibles y generosos- que empezaron de a dos y siguieron aumentando por el deseo de compartir. No ha sido lo más importante conocer todos los Menús del Día de San Sebastián…y disfrutarlos.

Sin embargo, ahora mismo, siento la necesidad imperiosa de “retirarme a mis aposentos”, de dejar reposar mis pensamientos e ideas sobre la vida y la amistad y permitirme sentir lo que siento: una necesidad de soledad tan sólo deseosa de compartir en muy petit comité. De tú a tú. Entre dos corazones que se quieren. Sin chirridos ni marejadilla de fondo. Entre tú y yo. Contigo y conmigo. Esta vez sí: juntas, pero no revueltas.

a-partir-de-los-50Lo dicho: tres pueden ser ya multitud.

Felices los felices.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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