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Cecilia Casado

A partir de los 50

Autocensura

autocensura

Esto de escribir un blog personal es algo así como caminar pisando huevos, que ya se sabe que alguno se ha de cascar. No es como una columna de opinión donde se habla en genérico o si se señala a alguien con el dedo se hace desde el sacrosanto ejercicio de la autoridad periodística. Pero claro, ser bloguera es algo de andar por casa, que puede serlo cualquiera que tenga tiempo, ganas y un poco de labia para aliviar durante un par de folios su pequeña vida y/o miserias para que los cotillee el personal que tampoco tiene nada mejor que hacer que leer un blog. Por definirlo: algo inane.

Sin embargo, no es así aunque lo parezca a veces. Llevo nueve años pisando huevos para no herir las susceptibilidades de (por este orden): la familia –que se pueden sentir señalados cuando cuento cosas de la infancia, de MI infancia. Mis maridos/parejas que tampoco aplaudirían que contara cosas que les incumben a ellos aunque la protagonista esencial sea yo misma. Otrosí con los amigos que se ven -o se empeñan en verse- identificados en alguna anécdota que les ha salpicado como figurantes aunque la protagonista de la misma haya sido una servidora.

Todo lo que callo y me gustaría poder sacar fuera de mí, porque es mío y solo mío, me va poniendo cada vez más frente a la maldita posibilidad de la autocensura, ese rizar el rizo de la ausencia de libertad de expresión, vergonzante y vergonzosa, que uno se impone por miedo a las eventuales consecuencias.

¿Cómo es posible que uno mismo se ponga las esposas frente a la libertad y tire la llave por la ventana? ¡Cuántas personas lo hacen! ¡Cuántos periodistas –según ellos cuentan-, cuantos escritores –según les corrigen sus editores-, cuántos comunicadores que deben atenerse al guion que han escrito para ellos!

Este blog tiene una enseña: “hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno”. Y no siempre es fácil, no siempre es posible según en qué temas. Porque hay cosas muy íntimas que son compartidas con los más allegados y es obligado hilar muy fino para no hacer daño. Supongo que no siempre lo consigo.

Pero cuando estoy hablando de mí, contando algo que me ha ocurrido, relatando mis vivencias en primera persona y viene alguien a darse por aludido o creer reconocerse en alguna situación o personaje, y se enfada, monta en cólera y se revuelve contra mí… no sé qué pensar, de verdad, aparte de que es ESA persona la que tiene un problema y no yo.

libertad-de-expresionBien cuidadosa soy de no citar jamás nombres, bien políticamente correcta soy –demasiado, muchas veces- maquillando identidades identificables, evitando siempre señalar con el dedo a una persona o un colectivo, precisamente para no herir susceptibilidades de manera innecesaria.

Bueno, pues a pesar de eso hay quienes se toman la molestia –y el trabajo absurdo- de leerme con lupa, de sacar el hilo del pequeño ego que les habita para dar la puntada innecesaria en un cosido que ya está bien rematado para cuando llega al lector o lectora.

a-partir-de-los-50-2Y como consecuencia de esa actitud de darse por aludido sin que ni tan siquiera a mí, que soy la que escribe, se me haya ocurrido pensar en tal o cual persona, y mucho menos señalarla con el dedo ni remotamente, me vienen a decir, como inquisidores del siglo XXI…”¡Que no hable de ellos!”.

Bueno, pues no hablaré de ti, ni de ti, ni tampoco de lo que tú quieres que no cuente, que no se sepa, que no se airee porque, claro, si te sientes identificado o identificada puede que sea porque algún sentimiento de culpabilidad albergarás en tu interior para enfadarte de esa manera.

Todos neuróticos, una pena. Pero de ahí a que me imponga autocensura, de ahí a que clame por la libertad ajena y cercene la propia, va un abismo. Y yo los abismos los dejo para quienes tienen el alma atormentada y sienten atracción por los mismos.

a-partir-de-los-50En mi vida se están operando muchos cambios en los últimos meses. Unos, porque vienen con las mareas de la vida; otros, porque soy yo la que ha cambiado el rumbo de mi propio timón. Todos entramos y salimos de la rueda relacional. Somos libres de hacerlo. Y de contarlo, faltaría más.

Felices los felices.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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