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Cecilia Casado

A partir de los 50

Con chanclas y a lo loco


a-chanclas

Me llama la atención el hecho de que en cuanto nos alejamos más de cien kms. de donde estamos empadronados, creemos que tenemos la obligación de “transformarnos” para mimetizarnos con el ambiente. Tiene su lógica ir al desierto y cubrirse con un turbante y una túnica o con un buen anorak y gorro de piel si se visita un país donde impera el hielo.

Sin embargo, lo que no pocas personas hacen durante el período vacacional estival tiene delito. ¿Dónde está escrito que por el hecho de alquilar un apartamento o ir a un hotel en una zona playera uno adquiera también el derecho a ir medio desnudo por la calle a cualquier hora del día? Con chanclas y a lo loco. Hombres en traje de baño y pelo en pecho; mujeres veladas con unos trapos transparentes de mercadillo que da pena verlos (y verlas a ellas).

a-chanclas-3Imposible reconocer a los vecinos del barrio, tan bien puestos cuando van a tomar el vermouth, si te los cruzas por cualquier paseo marítimo de nuestras costas: se han “transformado” en guiris, esos mismos a los que, quién no lo ha hecho alguna vez, se ha señalado con el dedo por la falta de gusto en el vestir y…en el comportamiento.

¿Qué diferencia hay entre la parte sur de un bikini y unas bragas? ¿Y entre un pantalón de baño y unos gayumbos? Que venga un sociólogo y me lo explique porque para mí es lo mismo: algo que tapa lo que –de momento- hemos convenido en que hay que tapar.

a-chanclas-2Sin embargo no me imagino yo a las mujeres yendo al trabajo o a recoger a los niños en ropa interior, de color negro con encajes o de algodón 100% de cuello cisne. (De hecho existe una pesadilla muy común en la que uno se ve en plena calle con las vergüenzas medio al aire y es de lo más estresante). Tampoco quiero imaginarme a mis vecinos –tan masculinos ellos-  paseando ricamente por el barrio en calzoncillos blancos, ya sabéis, esos a los que yo llamo “matalujurias”.

Y no es que me desagrade la contemplación del cuerpo humano –hasta ahí podríamos llegar con lo que tira la carne- sino porque intuyo que se está haciendo una especie de “inusitada utilización de la libertad” cuando se encuentra uno fuera del hábitat donde es reconocido y reconocible. Es decir, que ni hartos de vino adoptaríamos “en casa” actitudes que, alegremente, nos permitimos en un lugar “donde no nos conoce nadie”.

Por supuesto que a la playa no vas a ir con las sandalias a juego con la toalla y la sombrilla –que también las habrá-, pero de ahí a ponerse encima del cuerpo una especie de “harapos veraniegos” para sentirnos “a gusto y libres” va un rato largo.

a-chanclas-4Los paseos vespertinos con mi perrillo bordeando el mar son toda una experiencia. A veces salgo para “ver a la gente” –y proveerme de ideas para el blog, amén de hacer alguna que otra reflexión- aprovechando que tengo que estirar las piernas.

Llega ahora la conclusión que está agazapada desde el principio de este post: ¿Quién nos ha hecho creer que somos “más libres” por ir vestidos como desharrapados?.

a-partir-de-los-50Lo he visto y padecido en primera persona cuando, acompañada por alguien encorsetado, he visto cómo se liberaba a base de (intentar) sentarse a la mesa en casa con el torso desnudo –en el caso de los hombres- y en bañador o bikini en el caso de mujeres.

Puede ocurrir también que esas personas estén en contra del nudismo porque piensan que el cuerpo no hay que mostrarlo más que en pequeñas dosis, igual esas personas son un poquillo modosas o puritanas, pero se sienten liberadas cuando salen de la colmena y quedan fuera de la vista de la abeja reina, viendo cómo todos los “zánganos” hacen lo mismo.

Es el “uniforme” para el veraneante, la patente de corso para que hoteles, restaurantes y bares tengan que recibir a una clientela que va dejando un rastro de arena y goteos de agua salada detrás de su tarjeta de crédito.

a-partir-de-los-50-2Mi amona Julia diría que es “falta de gusto” y yo añadiría que lo que hay es “falta de reflexión”. En el fondo es una forma de sentirse falsamente “libre”, lo que conduciría directamente a la esclavitud del otro extremo cuando nos vemos obligados a ir “bien vestidos” y estar presentables.

Pero en fin, allá cada cual con sus hábitos que, contrariamente al refrán popular, SÌ hacen al monje.

Felices los felices.

LaAlquimista

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Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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