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Cecilia Casado

A partir de los 50

De amor ya nadie habla

***Pour faire le portrait d’un oiseau (Jacques Prévert) Leer poema al final

Vamos a pasar a la Historia como los muy poco afortunados protagonistas de la Gran Pandemia del siglo XXI -y me pongo en plan “narrador omnisciente” para suponer que no vamos a padecer ninguna otra debacle sanitaria en los ochenta años que quedan de siglo; ya sé que es mucho suponer, pero prefiero no proyectar en negativo.- Digo, que formaremos parte de la Hemeroteca Universal los habitantes de la Tierra en este año 2020 como los sufrientes pacientes y enfermos de un Virus Desconocido que mató a miles de seres humanos hasta que se descubrió la necesaria vacuna -aquí sí que hago una proyección en positivo; total, por el mismo precio…-

Ahora mismo se habla y se especula con más datos que fundamento sanitario o científico, como si todos hubiéramos leído una clase magistral sobre la COVID-19 en un suplemento semanal y creyéramos que ya sabemos muchas cosas aunque no seamos capaces de explicarlas bien. Estamos un poco como con la Teoría de la Relatividad, que todo el mundo dice conocerla, pero mejor que no haya que explicarla sobre el papel. Se habla también de Crisis Económica, del porcentaje del PIB que vamos a perder o que ya estamos perdiendo, de tantos por ciento a la baja, de mermas sociales, morales y humanitarias. Se habla sin pausa. Cháchara con ínfulas de ex cathedra. Me incluyo, yo también hablo por no callar en estos tiempos convulsos.

Se parlotea de todo lo que está mal ahora mismo y del agorero futuro que nos espera. También hay quien tiene fe y mucha esperanza aunque se haya olvidado en la trastienda la cacareada caridad. Los hay que rezan para no contagiarse y los que lo hacen para que se curen los que ya han enfermado; no son iguales los unos que los otros aunque sus plegarias caigan en el mismo saco, uno que está roto desde hace más de dos mil años.

Se habla del futuro resquebrajado a golpetazos, de las oportunidades que se seguirán perdiendo en el desierto de la inoperancia, de que moriremos solos y gritando sin más recuerdo que una triste esquela para quien quiera pagar esa postrer vanidad. Se habla tanto y tanto que hemos llegado a creer que ya vivimos en una sociedad oscura, descalabrada, distópica y abocada a la catástrofe total y absoluta.

Es por eso que desde hace ya dos meses largos me niego a dejarme violentar por las imágenes y los mensajes de los medios de comunicación; la televisión, en cuarentena total. Y la radio, tan sólo para la música. Lo digital a mi ritmo, que es muy lento y cuidadoso, donde voy eligiendo artículos para leer como si caminara descalza por un suelo lleno de cristales.

Es por eso que quiero volver al Amor, a “lo que significa”, a esa Paz que no siempre se puede explicar con palabras pero que todos recordamos haber sentido en el momento que más falta nos hacía. Amar y sentirse amados. Un sentimiento que ahora mismo está postergado, pudoroso de mostrarse con musiquilla empalagosa de fondo o con manos enlazadas y miradas poseídas de deseo. El deseo. Dónde quedó. En qué oscuro rincón de la razón lo hemos confinado. Ridiculizado todo lo amoroso, etiquetado como exabrupto de la realidad. Otra libertad encadenada.

Me quiero permitir volver a hablar de amor con las personas a las que amo, que compartamos la luz que nos habita sin que se nos cuele por ninguna rendija la sombra del dolor, la furia de la enfermedad o el amargor de las lágrimas.

El mundo ha estado siempre repleto de muerte y sufrimiento; siempre. Pero ahora estamos contando muertos, marcando estadísticas con rotulador negro, poniéndole alfombra roja- o color sangre- a la Parca envueltos en una nube tóxica de desesperación y malos augurios, vistiéndonos con los ropajes dañinos del miedo desde el amanecer e invitando a ese mismo temor a dormir con nosotros en nuestra propia cama.

Tener miedo no permite sentir amor. Dejar que el amor vuelva a correr por las venas es la mejor vacuna emocional en estos tiempos de desconcierto. Deberíamos probar otra vez.

Felices los felices.

LaAlquimista

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PARA HACER EL RETRATO DE UN PÁJARO
A Elsa Henríquez
Pintar primero una jaula
con una puerta abierta
pintar luego
algo lindo
algo simple
algo bello
algo útil
para el pájaro
poner luego la tela contra un árbol
en un jardín
en una arboleda
o en un bosque
esconderse detrás del árbol
sin decir nada
sin moverse…
A veces el pájaro llega rápido
pero también le puede llevar largos años
tomar la decisión
No desalentarse
esperar
esperar si hace falta muchos años
la rapidez o la lentitud que le tome al pájaro llegar
no tiene ninguna relación
con el éxito del cuadro
Cuando el pájaro llegue
si llega
guardar el más profundo silencio
esperar a que el pájaro entre en la jaula
y cuando entró
cerrar suavemente la puerta con un pincel
después
borrar uno a uno todos los barrotes
teniendo cuidado de no tocar las plumas del pájaro
Hacer luego el retrato del árbol
eligiendo la más bella de las ramas
para el pájaro
pintar también el follaje verde y la frescura del viento
el polvo del sol
y el ruido de los insectos sobre la hierba en el calor del verano
y después esperar que el pájaro se decida a cantar
Si el pájaro no canta
es mal signo
signo de que el cuadro es malo
pero si canta es buen signo
signo de que puede firmar
Entonces arranque suavemente
una de las plumas del pájaro
y escriba su nombre en un rincón del cuadro.
Traducción de Valeria Melchiorre

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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