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Cecilia Casado

A partir de los 50

Mejor no hacer planes

Una amiga iba a casarse a finales de Junio. Ya no. Los invitados fueron los primeros en dar la voz de alarma a principios de marzo: que no se hiciera ilusiones ni la última prueba del vestido. Al final, todo ha sido pospuesto para dentro de un año. Esperemos que el amor también resista el aplazamiento porque lo que da consuelo es que siga habiendo horizonte, aunque lejano. Y planes e ilusiones.

A mí no me sale; me cuesta bastante imaginar que este verano pueda viajar a “mi otro mar” en mi propio coche, esa rutina amable de todos los años transitando las carreteras familiares y corriendo a la arena del Mediterráneo a oler, sentir y sentirme un poco más viva. Y además sin Elur, que hizo su último viaje el pasado mes de Septiembre. Me veo ahora con una ingenuidad poco acorde con el racionalismo que –de unos años a esta parte- me habita sin remisión. ¿Me he vuelto agorera, pesimista, cínica, desencantada? ¿O simplemente dudo tanto que ya ni sé de dónde sopla el viento en la veleta de mi mente?

Volvamos al presente y dejemos en paz el más que incierto futuro. Digamos que esta oportunidad de vivir el momento y nada más que el momento presente es el cuaderno de ejercicios que siempre he deseado tener para llevar a la práctica las teorías que tanto me gustan de Eckhart Tölle, sí, ése de “El poder del ahora”, “Un nuevo mundo, ahora” y tantos otros manuales de espiritualidad a pie de calle, esos de los que me gustaba leer la teoría…

Siento ahora que debo atar en corto mi mente para que no se me desboque la imaginación como tantas veces me ocurría; hacer planes, soñar viajes, imaginar un futuro para querer olvidar el hoy y el ahora que no me agradaba, acciones todas ellas que siempre me he considerado con derecho a llevar a cabo, olvidándome a veces de vivir, disfrutar o padecer el momento en el que estaba pensando todas esas cosas.

Una vez, hace muchos años, -triste recuerdo- estuve en coma durante dos días a causa de una violenta agresión. Lo que no he olvidado de aquellas horas extrañas, sola, en un hospital portugués, es que mi mente estaba en vela aunque mi cuerpo estuviera paralizado y sentí, con gran intensidad, que no existía NADA aparte de mí misma. Fui consciente de manera inconsciente de estar aislada del mundo, de mi pasado y de cualquier futuro, que tan solo debía concentrarme en respirar, sí, RESPIRAR.

https://www.youtube.com/watch?v=ilvC3lgre-c (Eckhart Tolle “Respiración”)

Ya sé que no lo explico bien, pero me he acordado de aquella experiencia porque quiero moldear ahora el único barro que hay en mis manos, siendo consciente de que no existe ya más que el “momento presente”. Que no hay planes que valgan, ni bola de cristal que funcione, ni mucho menos los buenos deseos o los sueños porque el momento de soñar está en stand by. O en coma.

Hoy hace un sol acariciador, pero sigo en casa. Salgo lo justo, a sentir los árboles cuando apenas hay nadie. No me gusta la vida “afuera” dando vueltas al barrio en silencio o en marabunta incomprensible alrededor de las terrazas. Prefiero abrir las ventanas e inventar un pequeño vendaval entre el salón y el dormitorio. Entonces, a veces, se avientan los malos pensares y algunos pesares y me obligo a recordar que la palabra “presente” tiene también otro significado, que no es otro que “regalo”. Porque un regalo es estar sanos cuando la enfermedad nos rodea, y más grande todavía estar vivos para que no nos tengan que llorar quienes todavía nos aman. Un regalo ser consciente del presente.

Ya cruzaremos el puente cuando lleguemos a él; ya veremos si hay que añadir maderos o agarrarnos con arneses para nuestra seguridad. O si decidimos que no vale la pena el riesgo de pasar al otro lado. De momento, mejor no hacer planes, que la imaginación es un arma de doble filo y lo mismo aviva el alma adormecida que lanza por un barranco a un caballo desbocado.

Sigo teniendo a mano la ropa de abrigo para vestir este frescor primaveral. Tiempo habrá de hacer mudanza en los armarios y saludar al verano, que eso se hace en pocas horas. Siempre será menor la frustración si no hacemos planes, si dejamos reposando las expectativas. O como decía el filósofo: “Bienaventurado quien nada espera porque nunca se verá decepcionado”.

Felices los felices.

LaAlquimista

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*** Fotografía. Galerna sobre la playa de La Concha (Diario Vasco)

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


mayo 2020
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