Vaya por delante que soy persona muy enraizada en mi tierra. Viajera, eso también, pero el “campamento base” no lo he movido de mi pequeña ciudad desde el comienzo de mis tiempos. Curiosamente, he sentido atracción por otros seres humanos que son “nómadas” e incluso les he envidiado; quizás sea porque nos atrae lo que no somos capaces de alcanzar.
Mi “sedentarismo” lo salpico con escapadas, viajes y algunas locuras arrastrando maletas. Tantas veces en pos del que se ha ido y a cuyo nuevo hogar voy de visita con ilusión y jamón envasado al vacío en la maleta. Así he hecho con mis hijas, los pilares de mi vida afectiva, que se fueron lejos o lejísimos, cada una a un país diferente. Ellas están felices cuando reciben la visita de la familia que dejaron atrás y bailan la jota cuando vuelven a recuperar su espacio vital a su gusto y acomodo.
Nosotros, los que nos hemos quedado “en casa” también disfrutamos de sus visitas en los viajes vacacionales aunque no sea más que por unos días y con muchas dificultades. Entonces hay abrazos, comilonas, confidencias y la mejor disposición para que todo salga perfecto y no haya “chirridos” convivenciales.
C’est la vie, que dicen los franceses; es lo que hay, apostillan los españoles. Es la libertad, que dejaron dicho los filósofos.
Mi padre falleció con 76 años y mi madre con 92. Nunca estuvieron solos; con mayor o menor dedicación fallecieron rodeados de su familia y nunca les faltó apoyo físico real. Ley de vida. O no. A saber qué nos va a deparar el destino –y la muerte- a las familias que vivimos separadas por océanos de agua –que a veces se nutren de lágrimas- y carentes de la fuerza del amor en la cotidianidad.
Es la libertad, siempre es la libertad, y no seré yo quien se la limite a nadie.
Felices los felices.
LaAlquimista
Te invito a visitar mi página en Facebook.
https://www.facebook.com/apartirdelos50/
Por si alguien desea contactar:
apartirdeloscincuenta@gmail.com