Para algunos habrá sido este año que termina el mejor de su existencia, o el peor o ni fu ni fa, de todo habrá. Dependerá de los hados o de la suerte de que no se hayan padecido demasiadas puñaladas traperas, porque cada uno cuenta la feria según le va en ella; unos cuarenta y ocho millones de opiniones más o menos.
También dependerá el balance de si estás más al norte o más hacia el sur de la economía; o de si tus apellidos suenan contundentemente ibéricos o no. O de si eres hombre o mujer, factor que todavía marca demasiadas diferencias. ¡Tantas variables!
Los jóvenes se quejan y los jubilados también. Los niños y los adultos productivos están a lo suyo, que no es más que mirarse el ombligo de la nómina o estipendio a fin de mes. Los niños, pobrecicos ellos, a seguir padeciendo las neurosis familiares y los traumas heredados mientras se fastidian de por vida las cervicales mirando a su teléfono móvil.
La sociedad en la que vivimos –por lo menos en la que vivo yo – me da muchísimo repelús. Será porque no conozco de primera mano otras peores, soy consciente de que si nos ponemos a comparar todavía podemos aprobar con nota la reválida del año que termina.
La humanidad que en su conjunto marca pautas y tendencias también me chirría lo que no está escrito. De los políticos mejor ni hablar: los de aquí y los de allá van a la suya como no podía ser de otra manera. Es el oficio mejor pagado del mundo aunque propicie muchos jamacucos emocionales y de los otros, pero la vanidad, el narcisismo, el ansia de poder y de dinero fácil… !Qué vicios adictivos son!
Por lo demás, este año que cierra sus puertas he pagado cumplidamente todos mis impuestos para colaborar a entregar subvenciones a muchos de los que escaquean sus propias obligaciones fiscales y contribuir al “estado del bienestar” que empezó a agonizar finisecularmente. Filántropa que es una.
También he contribuido al equilibrio sanitario no yendo al ambulatorio más que una vez para sacarme una muela y de donde hui horrorizada por la escabechina que me estaban perpetrando. También he acudido cero veces a urgencias, solucionándome en mi casa las goteras propias de la edad, que también hay mucho hipocondríaco suelto por aquí. He gastado en medicinas lo que valen un par de cañas ya que el paracetamol está por los suelos y sólo cuesta unos céntimos. (Saldo a mi favor, sin duda alguna)
Por otro lado he apoyado con fervor la economía neoliberalcapitalista gastando hasta casi el último euro de mis ingresos como pensionista. Vamos, que de ahorrar rien de rien, que la vida circula por vías de alta velocidad y mejor fundirse el peculio antes de que se lo lleve Hacienda en impuestos o la funeraria en el horno rápido cuando me muera.
De amistades y amores, pues lo de siempre en los últimos diez años: cuarto y mitad que ha valido la pena y el resto a la basura por no poder atender.
Lo mejor del año 2024, y por este orden, ha sido: los abrazos compartidos, los libros leídos y los días tranquilos a la orilla del mar. Más que suficiente para sentirme satisfecha.
En resumidas cuentas: que para el próximo año lo único que quiero es que: “no haya olas”. Y seguir poniendo en práctica la máxima de “vive y deja vivir” que significa exactamente que cada uno se ocupe de su propia vida y deje en paz a los demás, sin tocarles las narices. Casi nada otra vez…
Felices los felices, malgré tout o a pesar de todo que no es lo mismo pero es igual.
Urteberri on! ¡Feliz Año Nuevo!
LaAlquimista
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***”Esperanza” Banksy. Arte urbano. Street art.