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Cecilia Casado

A partir de los 50

Menú especial de Año Nuevo

Hay cosas que sólo se hacen una vez al año como tomar las uvas al son de las campanadas, la declaración del I.R.P.F. o soplar las velas en una tarta. Son, de alguna manera, situaciones especiales que comportan un halo de ritual, de importancia de fuera de lo común –para bien o para mal.

En mi caso (y en mi casa) es el menú especial de Año Nuevo:

Huevos fritos con patatas y una buena siesta. Con platos de porcelana, copas de cristal y sábanas recién cambiadas, para empezar el año como los ángeles.

Huevos de esos que tienen la yema amarilla, hijos frustrados de gallinas “korrikalaris” –correteadoras- y del tamaño de una pelota de tenis; cocinados en aceite del mejor, bien caliente para hacerle las “puntillas” a la clara –ese bordado artesanal y mágico transmitido por las abuelas-, y acompañados por unas patatas de las que vienen cubiertas de tierra y cuesta el kilo más que las naranjas, pero que saben a gloria, -todos tenemos un regalo en el corazón si sabemos limpiar “la tierra que lo cubre”-. Cortadas en gajos grandes, mecidas en el aceite suave para que se ablanden, como caricias que van in crescendo y rematadas con un golpe de calor abrasador en sus últimos instantes, el paroxismo del amor a la patata frita, mientras a su lado se doran, bailoteando a ritmo de valses de Año Nuevo, varios ajos cortados en obleas humildes y divinas a la vez.

Descansa el conjunto dos minutos en papel de estraza, decantado el exceso de ardor y colesterol y servido con una lluvia abundante de sal marina –no hace falta ir hasta el Himalaya por sal-, se presenta en el plato como un lujo sibarita al alcance de todos; tan sólo hace falta ponerle el suficiente amor a la cosa.

Con un caldo previo para templar el estómago y rematado el festín con otra de nuestras “peculiaridades”: el roscón del día 6 adelantado al día 1 porque no hay ley que nos diga cuándo hay que comer algo. Una buena copa de vino para adornar la mesa y asentar tanto amor y la compañía íntima, dulce y sonriente de quien está a nuestro lado tanto cuando comemos marisco como cuando lo que toca son huevos fritos con patatas. Y una infusión de suaves arrullos para propiciar el colofón final, que es dormir un buen rato abrazando los sueños y la esperanza que van a guiar el nuevo año 2026.

Felices los felices.

Y Feliz Año Nuevo.

LaAlquimista

**La foto es de los del año pasado. A ver cómo quedan hoy…

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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