“Querido papá:
Otro año más se me han caído las Navidades encima recordando aquellas en las que agonizaste y abandonaste el mundo dolorosamente real y te fuiste a descansar –por fin- a esa “Estrellita cariñosa” que tuve que inventar para que mis hijas pequeñas pudieran seguir mandando besos a su abuelo muerto.
Es lo que tiene morirse en fecha tan señalada, que los brindis deslucen y los deseos de feliz año nuevo y tal hay que decirlos con la boca pequeña. Al menos yo. Y es que me acuerdo muchísimo de ti, las cosas como son.
Con frecuencia pienso: “Ay, cuánto le hubiera gustado a mi padre el asunto este de Internet” o “A gusto juguetearía con un IPhone, seguro”, pero la vida es lo que es –o la muerte, en tu caso- que no hay tecnología capaz de inventar una buena conexión wifi con el más allá o donde sea que esté flotando la energía que conformó tu cuerpo cuando tenías forma, aliento, voz y vida.
Yo no quiero olvidarte ni que mis hijas te olviden porque he conseguido preservar tan sólo lo bueno que nos unió y arrojar –incluso antes de que te fueras- al pozo insondable de lo que no se necesita recordar los desencuentros dolorosos que tanto daño nos hicieron durante unos cuantos lustros de nuestra vida en común. “Pelillos a la mar”, así decíamos y nos regalábamos otra sonrisa más para la colección de momentos que atesorábamos.
¡Si pudieras verlas, a las niñas, lo guapas que están! Y llenas de vida, de ilusiones y proyectos… Ya sabes –cómo no lo vas a saber- que se casaron las dos, pero te libraste de viajar hasta Yucatán para hacer de súper-padrino de boda. Y que la mayor ya tuvo una preciosa princesita y -cinco años después- un morrosko que ha llenado de alegría a la familia, o sea que, técnicamente eres bisabuelo virtual.
Si estuvieras vivo tendrías casi 100 años, ¿por qué no?, que ahora el cáncer tiene mejor tratamiento que cuando te llevó a ti. Pero, sobre todo, si estuvieras aquí al lado y no en la otra punta de la imaginación, podríamos dar pequeños paseos y sentarnos en las terracitas al sol para desgranar recuerdos y tonterías de la vida con una rica cerveza en la mano. Y verías lo contenta que estoy y que no me he cortado la melena, como tú augurabas que haría “cuando fuera mayor”.
El piso ha ido cambiando al ritmo de mi desarrollo, pero las vistas que tanto te gustaban siguen siendo las mismas: la ciudad a los pies para soñar que las alas se pueden desplegar. ¿Sabes la gran novedad? ¡Que aprendí a cocinar! Y tengo buena mano, quién lo iba a decir. A veces, cuando bulle la sopa de pescado pienso: “ay, cómo le gustaría esto a mi papi”, pero no estás y me la como toda como si fuera un brindis a tu salud.
Mamá también se fue; hace ahora seis años, justamente el 28 de Diciembre y ya me estoy sonriendo imaginando el chiste que tú harías, ya que tu propensión al humor te acompañó hasta el final. No sé si te la encontrarás por ahí, pero igual no, ya sabes cómo son estas cosas de la “otra vida”, que nadie sabe nada y todos imaginan lo que les conviene. Pues eso, que ahora soy “huerfanita”.
Ya llevo siete años oficialmente jubilada, de la misma empresa en la que estuve tantos años y que tú tanta manía le tenías, porque te contaba que no me pagaban igual que a mis compañeros varones y tú te encendías y decías que no había derecho, que era injusto que, valiendo igual que ellos, (o incluso más), existieran diferencias de ese tipo, tenías unos ramalazos feministas por la igualdad que eran todo un orgullo para mí. Pues todo sigue igual, no creas que se ha avanzado tanto, pero ya sabes que a mí los temas de dinero siempre me han traído al pairo y no me voy a hacer mala sangre a estas alturas de la vida.
¡Sigo soltera y sin compromiso! Y ya sé que te estarás carcajeando, que siempre dijiste que yo no estaba hecha para el matrimonio, que para qué me empeñaba en casarme una y otra vez si a mí me gustaban los hombres “a ratos” y me amenazaste que si volvía a pasar por el Juzgado no pensabas hacerme regalo como padre y padrino, que ya estaba bien. Pues eso, que no tengo perro que me ladre –excepto la pequeña chihuahua de tu nieta Amanda a la que cuido de vez en cuando- y que sigo feliz como una lombriz, que para eso me contagiaste o heredaste tu afán de independencia, tu temperamento, tu carácter y una manera de ver la vida muy poco convencional.
Ya acabo, querido papá, que tengo que salir para seguir disfrutando del privilegio que es vivir, perdona que te lo recuerde, pero es que no tengo ni idea de cuánta cuerda me queda así que no me permito perder ni un solo día sin sentirme moderadamente feliz y agradecida por tantos dones recibidos.
Que te sigo queriendo mucho, no lo olvides, y gracias una vez más por todo lo que me ayudaste a aprender y el amor y la bondad que me transmitiste. Y que no sé cuándo te volveré a escribir, pero ya sabes que te llevo en el corazón y que eso es lo que cuenta, como bien me enseñaste tú.
Como cada día 2 de Enero, celebraré tu recuerdo con un buen plato de ostras y un Chablis bien frío porque casi todo lo bueno que tengo me lo regalaste tú. Con amor, tu hija Cecilia”.
LaAlquimista
Te invito a visitar mi página en Facebook.
https://www.facebook.com/apartirdelos50/
Por si alguien desea contactar:
apartirdeloscincuenta@gmail.com