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Cecilia Casado

A partir de los 50

Primavera de muerte y destrucción

Me pilla la hora del desayuno ante una página de Word en blanco; comienzo y borro y vuelvo a comenzar a intentar escribir algo de lo que el equinoccio de primavera requiere por derecho propio en estas fechas en el hemisferio norte de este planeta medio devastado llamado Tierra.

Obviar el horror mundial a favor de la poesía me hace sentir culpable y los cantos de los pájaros se me antojan el silbido mortífero de misiles y drones. El regalo de la naturaleza resurgiendo otro año más de su invierno pesaroso esta vez, con toda sinceridad, no solo no me conmueve sino que me pilla deprimida y triste aunque se me altere la sangre, pero de indignación.

En el parque cercano a mi casa están los brotes en flor y en el salón las imágenes de cadáveres, fuego, sangre, escombros y ruinas. El mar Cantábrico huele en este rincón todavía a mar en vez de a petróleo vertido; aparece en la playa alguna foca descansando o en la bahía un par de delfines jugando a ser delfines mientras en “nuestro otro mar” los cadáveres flotan un rato y luego se hunden para siempre.

¡Qué primavera ni qué primavera, si el mundo se desintegra por culpa de la maldad de unos psicópatas que manejan las armas para matar y aniquilar seres humanos!

Ahí están los poetas que cantaron a la primavera asesinados vilmente por los abuelos de los mismos que ahora juntan en sus corazones bombas con sentimientos en una iniquidad insoportable. Pura maldad.

Facundo Cabral, Lorca, Miguel Hernández, Víctor Jara y cientos más usaron la poesía para denunciar la injusticia, el abuso y la más pura miseria humana. ¿Qué dirían ahora si vivieran? ¿Qué versos compondrían en la oscura noche en la que malviven nuestros días?

Qué primavera ni qué primavera, por todos los diablos, si la gente se rasga las vestiduras por las competiciones de fútbol en vez de gritar, clamar y protestar por la aniquilación de nuestros hermanos…lejanos.

Pero ahí está el quid de la cuestión: la distancia. Que dicen que es el olvido, bálsamo para las penas, que no duele el dolor ajeno sino el propio, que vemos las masacres en directo como si fuera un “reality show” con anuncios entre bombazos y explosiones. Para mí no hay primavera bucólica ni pajarillos revoloteando, mientras no desaparezca la violencia –toda la violencia- de este mundo absurdo que no va a precisar de ningún “meteorito” para desaparecer del todo.

Sin embargo, me aferro a la idea de que habrá luz entre tanta sombra, como predica Byung-Chul Han en su hermoso libro “El espíritu de la esperanza”.

Empero, como mujer racionalista y pragmática, también me aferro a las leyes de la naturaleza a las que está sujeto el ser humano y, quien sabe, igual la Parca nos ofrece un regalo inesperado repartiendo un poco de “justicia poética” con su túnica de diseño y su guadaña.

En fin. Qué pena de primavera nos espera.

Felices los felices, malgré tout.

LaAlquimista

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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