>

Blogs

Cecilia Casado

A partir de los 50

Consejillos para usuarios de aviones

Hay miles de guías de viajes que llevan décadas elaborando decálogos para quienes quieran dar la vuelta al mundo diez veces. Cosas básicas, lógicas y de sentido común. Pero hay otras muchas “cosillas” que nadie te cuenta y que las descubres y padeces en propia carne cuando pones tu vida en las manos del comandante de un avión.

Para los viajes largos o larguísimos que se hacen en avión existen unos cuantos pequeños trucos que vienen muy bien. Viajes en clase turista, desde luego,  que es como se conoce que hay una clase de lujo con la que nunca nos vamos a poder comparar, ya que es un viaje diferente que solo veremos en las películas o cuando atravesemos el espacio VIP camino de nuestro asiento estándar.

El aeropuerto, ese lugar entre rejas de lujo que una vez que entras y pasas los controles de seguridad, no vas a poder abandonar, nada de arrepentirte como en las películas y querer volver a la calle, ni aunque se muera tu madre te van a dejar volver a salir por la puerta. Como hay que presentarse varias horas antes de la salida del vuelo, si este es internacional,  ya tendrás entretenimiento dando vueltas por tiendas de lujo, bares de lujo y cafeterías de a doblón para pasar el rato, pero no creas que podrás descansar ya que los asientos están provistos de divisiones metálicas para que no te tumbes ni estés cómodo. Por eso es cosa buena prepararse para afrontar vuelos largos o  transoceánicos sin llevar cansancio acumulado.

No hace falta hacer las colas de pie antes de embarcar durante una hora; lo mejor es quedarse sentado tranquilamente y esperar a que vaya desfilando el personal, que nadie se va a quedar en tierra ni ocupará tu asiento en el avión. Mientras tanto, saca un buen bocata del bolso o de  la mochila y pasa de gastar una pasta en algo peor de lo que has traído de casa. Nunca he podido entender por qué en los aeropuertos los precios de la comida y la bebida se multiplican por tres -o más- con igual o peor calidad que en la hostelería normal. Lleva un botellín de agua vacío que se puede rellenar, -después de haber sobrevivido al control de personas y equipajes-, en las fuentes al uso en la puerta de los lavabos y así no pagas 3€ por lo que vale 30 céntimos en el súper. Excepto que viajes por trabajo y tengas los gastos pagados, en cuyo caso puedes comer lo que te apetezca, como un auténtico señor o señora desdeñoso del uso del dinero ajeno, y guardando el tique, claro.

Aunque te haya tocado el peor asiento del avión puedes –y debes- pedir que te lo cambien, pedir es gratis. Si te ponen pegas, por ejemplo mintiéndote y diciéndote que “no hay asientos libres”, les puedes decir que tienes cistitis, no falla. Te dan pasillo inmediatamente. También hay que procurar evitar los asientos que van junto al WC porque el “flussssh” de la cisterna retumba como una pequeña explosión y no saldrás del sobresalto en todo el viaje. Aunque alguien tendrá que ir sentado en ellos…mala suerte.

Mejor no beber demasiado, no hacer tanto caso de eso de que te deshidratas, que no vas a atravesar un desierto, y sobre todo hay que procurar comer lo menos posible de lo que te arrojen en la bandeja forrada de papel de aluminio; en serio, es pura bazofia que revuelve las tripas, indigesta y pone de mal humor; a veces es lo peor del viaje. Tampoco he entendido por qué la gente se come hasta el quesito, como si estuviera muerta de hambre. “Pasta o pollo” es algo así como que te den a elegir entre brócoli o espinacas… Llévate tu propio condumio, que no está prohibido hacerlo… que no te dé vergüenza escaquearte de la “comida” que dan en clase turista. ¡A quién le importa!

Lleva ropa cómoda, como para pasear al perro, nada de apreturas, todo flojito, ni sujetador ni fajas ni cinturillas ni calcetines que opriman. Y las zapatillas con los cordones sueltos, pero por todos los dioses, no te descalces que es peor… Lleva tu propio antifaz -que el que regalan es de plástico y aprieta- y el invento para reposar el cuello, ya que la almohadita que ofrecen sirve para muy poco, aunque va genial en los riñones. La mantita sirve para comprobar que pasaremos frío cuando quieran y calor cuando les pete. En un avión siempre son los extremos los que se dan la mano. Curioso que todo es en diminutivo: “mantita”, “almohadita”, “comidita”…Mientras que el precio suele ser superlativo.

Si quieres beber algo, café, té, agua o incluso una copa, levántate y pídelo en el “office” donde está el personal de servicio –también son camareros y camareras los sobrecargos, no nos engañemos- y no se te ocurra llamarles apretando el “botoncico” que hay sobre tu cabeza; no hay nada que les irrite más, porque la gente lo hace por tonterías como que no encuentra la película que buscan en la pantallita (otro diminutivo) de la parte trasera del asiento de adelante.

Conciénciate de que vas a estar poco cómodo, de que no vas a dormir bien ni descansar mucho y así sobrellevarás el vuelo mejor. Hay quien se atiza un Orfidal, allá cada cual. Si el vuelo es nocturno no es buena idea ver películas porque tu cerebro no es tonto y sabe que el cuerpo tiene que dormir. Si el vuelo es diurno, hay que armarse de paciencia: leer un libro, hacer sudokus, ver películas, jugar con la tablet…todo menos dar el coñazo hablando en voz alta o haciendo tertulia con los de los asientos cercanos.

Si hay turbulencias, nada de ponerse histérico. Las turbulencias son normales en un avión y aunque parezcan exageradas duran un rato y luego se acaban. Eso lo sabe bien la tripulación y no les verás con cara de alarma, tan solo de resignación; son como los baches en las carreteras: molestos, pero no necesariamente peligrosos. Y no olvides que los primeros interesados en que TODO SALGA BIEN son los pilotos del avión, que ellos también aman la vida tanto como tú.

Ahora sí: si no te gusta ir en un avión o sientes pánico a volar, no vayas, lo digo en serio; excepto que sea por obligación, no estamos ya para hacer cosas que no nos guste hacer, podemos regalarnos esa pequeña libertad…

Y si te gusta mucho viajar, agradece la posibilidad de poder hacerlo en avión porque lo que te mueve es el destino y el camino,  y pensemos que NO es un mal trago que haya que pasar, aunque sería mejor olvidarse de los inconvenientes y dejarse la sonrisa puesta para disfrutar del viaje desde el principio hasta el final; desde que empiezas a preparar la maleta en casa hasta que regresas y metes la ropa sucia en la lavadora. Todo es viaje.

Y felices los felices y los que viajamos con ilusión, mucho más.

LaAlquimista

Te invito a visitar mi página en Facebook.

https://www.facebook.com/apartirdelos50/

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

 

 

Temas

Viajes

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


marzo 2026
MTWTFSS
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031