En el silencio del bosque de Alishan, en la quietud de un templo, escuchando hacia adentro… me quedaría un par de días, disfrutando de la soledad y el recogimiento.
Pero el show debe seguir, non stop, todos los programas de viajes tienen fecha de caducidad, como la vida, y cada día se perfila un nuevo destino sin haber podido terminar de asimilar las vivencias del anterior. 
Seguimos dirección al sur, hacia la preciosa ciudad de Kaohsiung, visitando el más importante centro budista de Asia, el museo Foguangshan, en el que me demoro mirando y sintiendo, y hago que me esperen porque la caravana debe avanzar al ritmo del camello más lento… 
De regreso de la excursión de hoy visitamos un decorado de cartón piedra que representa al Tigre y al Dragón, muy de Disney todo, y ya me voy aburriendo de salir en las fotos para ponerlas en mi perfil de WhatsApp o hacer el tonto en Facebook. Pagodas turísticas en medio de un lago, un templo nada más cruzar la calle, es como la sesión continua de un cine de barrio viendo en bucle las películas hasta que te echan y tienes que volver a casa.
Qué bueno el momento de reposo en el hotel, tomando una cerveza sin poder asomarme a la ventana del piso 32… y pensando y sintiendo… y mañana más… cada vez más lejos de casa y más cerca de mí misma. Qué cosa es esto del viajar… y no salir de la propia esencia. En fin.
Hoy hemos estado con el desayuno en el estómago hasta las 8:00 de la tarde… como los monjes budistas. No entiendo muy bien por qué unos días nos invitan a cenar y otros nos tienen a pan y agua toda la interminable jornada. Cosas veredes y benditos sean los “7Eleven” que proveen de ensaladas, cerveza y comida caliente a los viajeros que cenan en la habitación del hotel.
Felices los felices, doy fe.
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*Excursión realizada el día 19 de Abril de 2026