Ya me parecía extraño que mi estómago no protestara ante tanta comida especiada y tan diferente de la dieta que habitualmente me gusta seguir. Que no soy de carne, que el cerdo lo disfruto únicamente en forma de jamón patrio y que el pollo me da “asquete” y más si te lo presentan con cabeza, pico y patas. Así que no me ha quedado otro remedio que ponerme en plan asceta con col hervida, arroz chino sin delicias y brotes de soja a la plancha. Para beber, té. 
Esto ha ocurrido porque he tenido un corte de digestión en el autobús, mientras digería el desayuno con un frío ártico –ya sé que exagero, pero solo un poco- y de repente me ha dado un calambrazo el estómago, me he mareado y justo he sacado fuerzas para pedirle al guía que le pidiera al conductor que parara el vehículo lo antes posible…
Soy persona de disfrutar mucho comiendo y es duro sacrificio para mí mantener la disciplina de “no comer para poder seguir comiendo”. Entonces es cuando me doy cuenta de la cantidad de tiempo que se invierte en meternos al cuerpo el desayuno, la comida y la cena; horas enteras del día, más de 4 en total, contando con esos desayunos pantagruélicos de los hoteles donde hay la costumbre horrenda de servirse en el mismo plato el revuelto de huevos y el beicon frito que nunca tomamos en casa, trozos diversos de fruta tropical, zumos, bollería, un par de cafés y alguna que otra cosa que no sabemos qué es pero se nos antoja probar y acaba mordisqueada y olvidada en el plato. 
Como no puedo – ni debo comer hasta que se me asiente el estómago- me dedico a observar a los demás…y a estar bien calladita y poner sonrisa estoica ante el interés ajeno por mi mala cara. Constato la cantidad de comida que se desperdicia, la que se aparta con displicencia, la que hemos pagado y no nos importa que vaya a la basura… Abusamos de la abundancia, de los bienes recibidos, del bienestar circundante. De la vida, en definitiva. A ver si mañana me da otro arranque filosófico y puedo comerme dos huevos fritos para desayunar!
Hoy acabamos la jornada en el Parque Nacional de Taroko, un lugar increíble de fecundos bosques, paisajes verdes y frescos, como los de casa.
Felices los felices, también en Taiwán, entre el océano y las montañas que están donde Lao Tse y Confucio venían a pasear…
Parque nacional Taroko – Wikipedia, la enciclopedia libre
LaAlquimista
*Resumen de la jornada del día 21 de Abril de 2026
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