14.- Palaos y demás islas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tomó todas estas pequeñas islas del pacífico para luchar contra los japoneses. Concretamente en Palaos se hicieron fuertes y fue un punto estratégico en un sistema de lucha que llamaron de “salto de la rana” porque iban de isla en isla. 

Cuándo acabó la guerra, Estados Unidos instauró un sistema fiduciario con estados federados de la Micronesia -vamos, que no los devolvió a su dueño- y ahora mismo se supone que son libres y reciben ayuda económica a cambio de apoyo total estratégico. Un quid pro quo que no sé quién gana aquí, aunque supongo que los de siempre: los ricos. 
Hoy toca Snorkel… para todos menos para mí, que una cosa son las espaldas mojadas y otra cosa las espaldas achicharradas.
La playa está llena de árboles que ofrecen una sombra y una brisa regalada, mientras que la temperatura llega a los 30° y el agua está casi llegando al nivel de baño Maria”. Ya sé que es una exageración, pero soy chicarrona del norte y me gusta el agua fría.
Como soy prudente, mis baños son a la puesta del sol… con índice UVA cero absoluto. Mientras tanto miro el horizonte, repaso un poquito mi libro de filosofía de cabecera, me tomo una cerveza o cierro los ojos.
Este es el “turismo de aventura” que a mí me gusta… y que me integra al club de felices los felices…
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15.- Micronesia interminable. Ahora tengo muy claro lo que echo en falta cuando agarro la maleta y me voy a la otra punta del mundo. Y no es otra cosa que mi benéfica costumbre de caminar cada día 10.000 pasos (o dos horas de reloj) disfrutando de silencio interior. Son las 6:00 de la mañana y el sol ya está con lo suyo, que no es otra cosa que calentar esta parte del mundo. Obviamente a 28° y sin sombras explícitas es de locos ponerse a hacer ejercicio.
No obstante, he buscado y he encontrado… a eso de las 7:30 ya había sudado lo de todo el día. Me he ido a desayunar mucha fruta, una tortilla de tres huevos con un montón de cosas dentro y un tazón de té. ¿Siguiente movimiento?
A la habitación fresquita y a dormir un par de horas más.
Aquí la gente viene a lo que viene: bucear, hacer snórkel y quemarse la piel como unos cangrejos, muy divertidos, que son anaranjados y parece que les han pintado los ojos.
Ya quiero salir de aquí. Las fotos son postales, pero el agua es caliente en la piscina, en el mar y en la ducha. Estar todo el día debajo de una palmera con una cerveza helada mirando al mar me parece una soberana estupidez. Por lo menos el segundo y el tercer día.
Esta tarde a volar hacia Taiwán, en el primer vuelo de regreso a casa… proceso que no culminaré hasta el miércoles 29 por la tarde. Tipi tapa tipi tapa. !Y de momento estoy entera y verdadera!
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