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Cecilia Casado

A partir de los 50

Verano sola como la una

Este es un clásico que se me repite todos los años desde hace casi un lustro, cuando la pareja que tenía se fue diluyendo poco a poco en la bruma del aburrimiento hasta que desapareció por completo de mi horizonte vital (y yo del suyo). Una vez más, llega Agosto con la agenda llena de arena y vacía de personas, como los desiertos que son hermosos de ver en un documental de La2 pero una pesadilla si de atravesarlos en solitario se trata.

Sé que a muchas personas les ocurre lo mismo que a mí, que si no espabilas con tiempo, la familia y los amigos hacen sus planes sin contar contigo y te tienes que consolar con las fotos que envían por whatsapp o las stories que publican en Instagram: un asco, vamos.

En Agosto mis amistades se ponen en “modo family” o “pareja feliz” y se lanzan a quemar kilómetros por tierra, mar y aire. Otros okupan la casa del pueblo y remolonean entre la piscina municipal y el bar de la plaza. Unos y otros, llaman de vez en cuando a ver qué tal estoy y cómo lo llevo procurando no dar demasiada envidia. Las hay que se apuntan a viajes grupales para subir y bajar montañas o se ponen una pulserita en un hotel de playa con olor a fritanga desde que amanece hasta que es noche cerrada. Y como yo no tengo cabida en ninguna ecuación de esas, me quedo sola como la una.

Buscarse la vida en pleno agosto puede ser una labor de titanes o una nimiedad, todo dependerá de la actitud del protagonista afectado por esta “espantá” veraniega. Si te quedas sola en la ciudad, te van a pisar los callos (morales) la avalancha de turistas con los que no tienes nada en común. Ir al teatro o a escuchar a la banda municipal, pasear por los sitios de siempre a base de codazos apetece poco tirando a nada excepto que tengas tendencias masoquistas.

Así pues he decidido que Agosto sea el mes para la reflexión y para elegir las “asignaturas” –troncales u opcionales- en las que me voy a matricular –hablo en metáforas- el próximo curso. El estudio de pintura está cerrado por vacaciones y los pinceles parecen de huelga de pelos caídos. La biblioteca está a medio gas y no se publican libros ni estrenan películas que valgan la pena. Pero sigo viva y coleando con mucho por sentir y otro tanto por meditar.

La limonada que tengo que hacer con los limones de Agosto la dulcifico con algo de miel y con la certeza de que son tan solo treinta y un días; cuando acaben, todos volverán cansados y felices –o infelices- y me preguntarán qué tal he pasado estas semanas en soledad. Cuando ellos vuelvan a sus cosas…yo me iré a las mías en cuanto empiece el otoño y entonces me dirán poniendo ojos a cuadros: -“¡Qué envidia!” y yo pensaré… algo que me callaré.

Felices los felices.

LaAlquimista

*Fotografía sacada de Internet

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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