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Cecilia Casado

A partir de los 50

Cuando vas al baño y hay cola

El asunto no tiene ni pizca de gracia; de hecho puede que para el común de los mortales incluso carezca de interés, sobre todo si se es hombre y no mujer. Es este un tema del que nosotras hablamos con rabia contenida cada vez que nos toca enfrentarnos a esa desigualdad del diseño de interiores.

Que no es otra que la de llegar al servicio de una cafetería muy concurrida –es lo que me ocurrió el otro día- y encontrarte con que hay dos baños: uno con el dibujo de un monigote con faldas y el otro con un monigote con pantalones. Todo esto en un espacio con lavabo compartido.

Cinco, -que se dice pronto-, cinco mujeres estaban haciendo una pacientísima cola o fila esperando para utilizar el baño “de chicas”, mientras que el de “los chicos” permanecía con la puerta entreabierta dejando ver bien a las claras que allí no había ningún usuario.

Me adelanté y le pregunté a la primera moza –era joven- de la cola si quería pasar al baño que estaba libre. –“No, que es el de hombres”, contestó muy digna ella. –“Sí, pero no hay nadie”, manifesté con la mayor amabilidad de la que fui capaz, y como se hizo la tonta o la sorda, di un paso al frente y crucé la puerta del santuario masculino.

Cuando salí, no había ningún usuario esperando para entrar –en cuyo caso le hubiera hecho el típico gesto de encogimiento de hombros pidiendo que se te perdone la vida con sonrisa incluida- pero para cuando me lavé las manos, la segunda mujer de la fila ya se había metido en el baño que yo acababa de utilizar. ¡Bien!

No hay nada como predicar con el ejemplo, no hay nada como animar a la gente a no dejarse tomar el pelo, no hay nada como satisfacer una necesidad fisiológica por encima de una puñetera norma social.

Y al hilo de esto, ¿para cuándo la concienciación de que si las mujeres tardamos más tiempo en apañarnos en un baño público estamos necesitadas de MÁS posibilidades? Porque… que si a ver dónde dejas el bolso –nosotras SIEMPRE acarreamos un bolso-, que si a ver si está limpio y dónde ponemos los pies, las manos y el trasero, que si hay el suficiente papel higiénico que SIEMPRE vamos a necesitar. Y no te digo nada si estás con la regla, en cuyo caso el tiempo de uso va a duplicarse como mínimo.

Y la horrenda sensación de saber que hay varias personas esperando a que acabes con lo tuyo, esa presión social que te constriñe la vejiga y hace que los nervios se disparen sin necesidad alguna, como si nos fuera la vida en acabar en dos minutos para dejar el sitio libre.

Qué tema tan chungo, la verdad, pero es una realidad que nos atrapa a todas en algún momento ya que, por mucho que nos resistamos a usar los lavabos públicos porque nos fastidia y nos asquea, la realidad es la que es y no se libra nadie. Perdón: no nos libramos ninguna.

A ver si los arquitectas, aparejadoras y diseñadoras de interiores se ponen las pilas.

Felices los felices.

LaAlquimista

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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