Como ya está aceptado consultar a la IA incluso para preguntar cómo se hace una tortilla francesa, se me ha ocurrido gastar el medio litro de agua necesario para refrescar el Gran Ordenador Central en plantear a tal asistente virtual mi pregunta del millón: -¿Cómo hacer para gestionar la soledad no deseada de las personas mayores?
Y me ha saltado a la pantalla una respuesta larguísima, prolija y aburrida sacada del Libro Gordo de Petete actual, ese que es utilizado por gente “experta” y que parece que sirve lo mismo para un roto que para un descosido.
No diré que son tonterías, porque algo de razón lleva, pero lo que sí me queda claro es que me quieren vender algo. Como siempre. Que haga voluntariado que es algo genial para sentir que uno contribuye al bien común mientras la subvención o el sueldo se lo lleva la oenegé correspondiente. Que me apunte a cursos con precio especial para mayores, pero pagando. Que me tome un cafecito en el hogar del jubileta y socialice con otros como yo. Que lea libros en grupo, que baile a pesar de artritis, artrosis, prótesis y rodillas escachufladas. Que pegue la hebra y les cuente mi vida al pescatero y a la cajera del colmado de la esquina.
En realidad, lo que me está diciendo es que no me quede en casa, en bata boatiné, despeinada, aburrida y con la televisión encendida todo el día.
De la soledad sé mucho, demasiado. Y todo en primera persona, nada de manuales de autoayuda ni charlas de superación, resiliencia o arreglo de desaguisados emocionales. Mi soledad es mía y con mi pan me la como, y me río de las tonterías de la IA, que suena a rebuzno en español y a saludo de cachondeo en inglés (“ei ai”). “De mis soledades vengo y a mis soledades voy”, como cantaba Mocedades con gran acierto y gorgoritos sensibleros. 
Nadie se libra. Ni los que viven rodeados de familia ni los que comparten cama y taza del váter. Ni los que son “amigos de sus amigos” ni los que van en rebaño a todas partes. Acaso sea la soledad inherente a la esencia del ser humano y hemos querido negarlo porque a la iglesia, al estado y a los de marketing les ha interesado.
Pero para este viaje no necesitamos las alforjas “artificiales”, que ya tenemos bastante con las naturales…
Felices los felices.
LaAlquimista
(No adjunto el rollo de la IA porque no es más que un ramillete mustio de buenas intenciones)
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