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Cecilia Casado

A partir de los 50

¡Quién pudiera! Otoño de vacaciones

 

Esta es la frase que escucho en no pocas ocasiones cuando le cuento a alguien –una hermana, una amiga, un colega, un vecino- cuatro tonterías de mi devenir cotidiano. Que si me ausento cuando quiero y regreso cuando lo necesito. Que no me meto en la vida de mis hijas, ergo no tengo -apenas- conflictos con ellas. Que cuido mi salud sin dar la tabarra a -casi- nadie…

Y me miran como si me hubiera tocado el gordo de Navidad porque ellas… tienen que contar con sus hijos y nietos para poder irse de vacaciones, se ven obligadas a “fichar” en el ambulatorio todas las semanas porque siempre hay alguien alrededor que lo necesita (o ellas mismas) y que “no pueden evitar involucrarse” en las vidas de sus hijos en general y de sus nueras/yernos en particular.

Pero lo que más rabia les da es que me voy de vacaciones cuando ellas tienen que “trabajar” a pesar de estar jubiladas…

Ese es el momento exacto en el que empiezo a perder la empatía y, conteniendo el incipiente enfado, les digo que daría un dedo de la mano por, a saber:

  • Ver crecer a mis nietos en vez de que lo hagan sin mí a 10.000 kms. de distancia.
  • Abrazar de vez en cuando a mi hija mayor -su madre- a la que tampoco veo desde hace más de un año.
  • Tomar un cafecito una vez a la semana con mi hija pequeña que vive “cerca”, a tan solo 571 kms. en vez de estar todo el día con el maldito/bendito whatsapp.

Y remato el tema apostillando que sus quejas son absurdas e injustas y fuera de la naturaleza de las cosas y que Dios le da pan a quien no tiene dientes y que, lo dicho, que me voy a “mi otro mar” mientras ellas sufren llevando y trayendo a sus nietos del colegio o haciendo tápers para sus hijas e hijos que se hinchan a trabajar sin ayuda alguna.

En realidad de lo que se trata es de aceptar lo que no se puede cambiar porque no depende de nuestra voluntad. Y lo que se pueda cambiar, pues darle leña al mono e intentar que el viento sople a favor. Nunca me ha valido la resignación -cristiana o de la otra- ni ese fatalismo victimista de ”es que son las circunstancias”… Seguimos teniendo opciones y posibilidades, aunque quizás ni unas ni otras nos apetezcan y por eso nos quedamos como estamos. Quejándonos, eso sí, pero sin mover un dedo por mejorar.

Oye, pues ya ves tú, qué cosas. Debo ser extraterrestre… porque tengo mi receta especial para darle la bienvenida al otoño…en “mi otro mar”.

Felices los felices

LaAlquimista

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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