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Cecilia Casado

A partir de los 50

Amanece, a pesar de todo

He alquilado el apartamento de “mi otro mar” por dos semanas y ya estoy en la recta final disfrutando de todo aquello que me llama de esta tierra catalana: playa sin aguas turbulentas, jardín frondoso, terraza con vistas y mucha quietud y más silencio. Pero la climatología es como una ruleta rusa a la que los dioses te obligan a jugar: te duermes como los bebés, sin conciencia de lo que va a ocurrir el día siguiente, de hecho no sabes si habrá un mañana y si lo hay cuál será una sorpresa.

Ni caso de las malditas apps del tiempo porque el algoritmo se cura en salud y todo lo pone peor de lo que finalmente es. Mi sentido común es del siglo pasado, qué digo del siglo pasado, más bien de los comienzos de la era cuaternaria: se levanta la vista y se mira al cielo. Si hay nubes de las llamadas nimbos: lluvia segura. Si son nimbostratos, agua también. Si se perfilan cumulonimbos, a cubierto que viene la tormenta. No hay más. Que luce el sol, a la playa a bañarse. Que está nublado, a caminar por la orilla del mar. Que llueve mucho, en la terraza a pintar, leer, escribir o soñar con las musarañas. Que llueve como en mi tierra: a purificarse andando bajo la lluvia.

Y así un día y otro día con todo el equipo preparado: bañador, toalla, silla, sombrilla, gafas de sol, paraguas, chubasquero, bastones de marcha nórdica, zapatillas impermeables y las llaves del coche para ir y venir de aquí para allá según manden los dioses que manejan el clima. Al final, la vida es exactamente igual; que no sabes qué te puede ocurrir y más vale no estar anclado en las expectativas porque la decepción está cantada. Y si estás de vacaciones…lo que importa es el concepto en sí y no los pequeños detalles.

El jueves lució el sol en todo su esplendor hasta el mediodía. Mientras estaba mirando al mar bajo una sombrilla, apercibí en el horizonte unas nubes de las feas, así que recogí los aperos playeros y me volví a casa a tomar el aperitivo tranquilamente. Estando en el coche recibí un EsAlert de la Generalitat avisando de que se esperaban fuertes lluvias a partir de la una de la tarde. Fue como una orden publicada en del BOE: se puso a jarrear puntualmente y ya no paró en toda la tarde.

Me estoy quedando sin lectura. No sé qué hacer. El país está a punto de saltar por los aires y yo, qué poca vergüenza, pensando en si podré ir a la playa un día más… Soy consciente de que, siempre, pero siempre, siempre, focalizamos en lo que nos interesa, en el pequeño mundo lleno de pelusas que es el propio ombligo…

La noche ha sido tranquila, sin rayos ni truenos, si acaso una llovizna pertinaz como aquellas sequías del siglo pasado. He dormido como una jefaza, por una vez sin pasar calor y con la colcha hasta justo debajo de la nariz.

Empero, a pesar de haber descansado bien, tengo las neuronas hechas un poco gelatina por culpa de la situación política que nos tiene locos a todos, incluso a esos que dicen que “pasan de política”, que parece que no se enteran de que “todo es política”. No obstante, tengo que confesar que me siento incapaz de echar una mano para dar algo de bálsamo a esta situación que nos está encrespando por momentos. Me invade una impotencia que se mezcla malamente con la necesidad de paz interna y tranquilidad emocional; siento que tengo que protegerme de lo que me disturba, de esas discusiones bizantinas que van subiendo de tono con quienes piensan diferente y que me abocan al silencio, sin gana alguna de jugar esa partida porque pierdo la energía que necesito para VIVIR.

Parece que ya no llueve tanto diga lo que diga el telediario. Me voy a ver cómo está el mar, que a la tarde tengo que recoger el apartamento y en dos días hacer carretera y manta de vuelta a mi txoko donostiarra.

Felices los felices.

LaAlquimista

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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