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Cecilia Casado

A partir de los 50

El peor plan: hablar de enfermedades

Hasta hace bien poco tiempo las charlas cotidianas con amigos y conocidos consistían en compartir emociones diversas, la última película vista o la penúltima gracieta del cuñado de turno, pero partiendo de la base de que siempre he sido de contar cosas positivas o más o menos simpáticas, de darle un giro al ritual cotidiano imperante en el barrio de saludarse y “darse el parte” resumido en treinta segundos.

-“Que estoy feliz como una lombriz porque no me duele nada, que ya me han vuelto a cagar las palomas el techo del coche, que han subido otra vez el precio de los pintxos de tortilla y el zurito”. Cosas así. Llevaderas y livianas.

Pero de un tiempo a esta parte me doy cuenta de que ha cambiado el guion y, lo que es peor, parece que a nadie le importa.

Si digo que “vengo del ambulatorio”, en seguida me entero de a cuánto le ha subido el colesterol a mi interlocutor y que tiene la tensión por las nubes. La conversación sobre las goteras de la salud. La exposición exhaustiva y pormenorizada de los males grandes y pequeños que acechan al prójimo a partir de cierta edad.

Veo gente en silla de ruedas o con muletas; quizás con un brazo en cabestrillo. O con cara macilenta saliendo de la farmacia con la bolsa de la compra rebosante de medicamentos.

Y todos hablan de sus males, y me arrastran a hablar de los míos, y estoy un poco asustada porque esta no es mi vida que me la han cambiado escuchando hablar de las goteras de la edad, de tanta rehabilitación, análisis anatomopatológicos, dietas drásticas, estancias en urgencias por la mínima, sustos siastólicos, tensión arterial por las nubes y callos y juanetes que joroban más que ciertos tertulianos televisivos.

Estoy un poco cansada de escuchar hablar de enfermedades y de males físicos. De quejas y lloriqueos, de gente que se dedica a contar sus penas y poco más.

¿Por qué no comentan lo bien que les va a sus hijos en el trabajo, lo hermosos que crecen los nietos?

¿Por qué no se felicitan del dinero que tienen ahorrado en el banco, del viajazo que van a hacer la próxima primavera o fardan de los zapatos de 200€ que se acaban de comprar?

A mí también me duele vivir, qué puñetas, y gestiono los inconvenientes sin dar tres cuartos al pregonero. Que lo negativo es contagioso y deja tufo de amargura vital. Aunque bien pensado, si hablamos de lo bien que nos va todo suscitaríamos envidias podridas en los demás, así que mejor dar un poco de pena ¿no?

Felices los felices, malgré tout.

LaAlquimista

 

 

Temas

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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