En la ciudad de Valencia hay más perros que niños. Lo dicen los recuentos oficiales. Pero a la hostelería esa realidad se la trae al pairo puesto que boicotean taxativamente el acceso de –pequeños- canes a sus locales. Y no hablo de restaurantes con manteles de tela y camareros de pajarita, sino de bares de tapas, tabernas, cafeterías y hasta el bareto de barrio con parroquia local.
Día de Reyes, centro de la ciudad, dos de la tarde; turistas y autóctonos con ganas de disfrutar pululan por las calles buscando su acomodo en locales calientes, ya que la temperatura exterior es, a pesar del sol de invierno, nada amable.
Fueron siete -¡siete!- los locales en los que nos negaron el acceso con la perrita Gaia dentro de su bolsa de paseo, cerrada, colgando del hombro de mi hija. -Que “no admitimos perros” y no hay nada más que hablar. –Pero mire usted que va “encerrada”… y no va a andar correteando entre las mesas –como algunos niños pedorros-. -Que NO.
Nos íbamos ya para casa, a comer las sobras sabrosas que siempre hay en estas fechas en todo frigorífico que se precie, cuando nos topamos con un local de comida vietnamita, con aspecto agradable y bastante gente dentro. Entré a preguntar si nos aceptarían con Gaia, y el dueño, con la sonrisa de los días de fiesta, juntó sus manos y dijo que POR SUPUESTO, que faltaría más, que podíamos pasar tranquilamente…que él también tenía un perro.
Casi nos ponemos a dar saltos de contento.
La comida estaba riquísima, nosotras bien atendidas y a precio normal y no de asalto al turista. Y Gaia se pasó el rato dormitando en su bolso de paseo.
Ya sé que cada quien tiene derecho a gestionar su negocio como mejor le venga en gana, faltaría más. De hecho, en mi ciudad, Donostia-San Sebastián, también hay lugares donde no permiten la entrada de perros, lugares a los que yo no entro por solidaridad con los canes amigos; pero también es cierto que hay muchísimos bares donde dan comidas en los que nuestros amigos peludos son muy bien recibidos. En mi barrio, todos menos uno –al que tengo en mi lista negra-, a pesar de que hacen unas tortillas de patata deliciosas. Al enemigo, ni agua.
Es un tema de largo alcance y corta solución. Viene de lejos y la normativa al respecto es clara: que cada propietario de negocio de hostelería decida por su cuenta. Por cierto: no indican con un letrero que “Perros NO”; te lo dicen al entrar con una cara de suficiencia que da para atrás.
Pues lo dicho; que si vives en Valencia –o en sitios donde no son flexibles- y tienes perro seguro que te ahorrarás mucho dinero en hostelería. Ellos se lo pierden.
Felices los felices y los que aman a los perros. 
LaAlquimista
Te invito a visitar mi página en Facebook.
https://www.facebook.com/apartirdelos50/
Por si alguien desea contactar:
apartirdeloscincuenta@gmail.com