Debo confesar que si no es por el bombardeo de noticias acerca del dichoso eclipse solar de hoy, igual me hubiera pegado un susto al ver que se oscurecía mi pequeño mundo. -“Vaya, otro apagón”, hubiera pensado mientras intentaba conectar el móvil a Internet.
Pero esto es como si anunciaran el fin del mundo, un apocalipsis astronómico/propagandístico que estamos obligados –nos obligan- a vivir en primera persona, en primera línea, como si la Luna fuera a ocultar el Sol durante unos segundos para deleite de propios y extraños.
Que también; no digo que no, pero ¿es lógico todo este despliegue de “concienciación universal” para contemplar un fenómeno natural? ¿No es un poco exagerado que la gente, el común de los mortales, se mueva en masa como una migración inevitable para mirar al cielo, todos a la vez?
Pido disculpas a los científicos, astrónomos profesionales y aficionados y a los amantes de las cosas del firmamento, pero a mí, el eclipse, ni fu ni fa, porque al ser algo completamente natural procuraré vivirlo con la mayor naturalidad posible, sin alharacas añadidas.
Me ha dado por pensar que puede llegar un día en que científicos y astrónomos predigan con exactitud cuándo un meteorito de 6.000 kms. de diámetro impactará en la Tierra –destruyéndola, obviamente- y alguien venda gafas para contemplar el impacto a través de las troneras de un bunker atómico; supongo que contemplar la propia destrucción tiene que ser un espectáculo único en el mundo. (De hecho llevamos contemplándola en vivo y en directo desde que la tecnología lo permite)
Igual lo que me ocurre, además de mi ignorancia al respecto de fenómenos estelares, es que me chirría muchísimo que se despliegue tal maquinaria informativa consiguiendo mover a media humanidad para disfrutar de un fenómeno durante unos minutos. Igual es que pienso que también podríamos movernos en masa, todos a una, y presionar a los gobiernos que propician directa o indirectamente las guerras – tantas hay hoy en día- para que dejemos de matarnos los unos a los otros. Igual es que con la edad se me hacen las neuronas gelatina y se me escapa por algún resquicio la sombra de la utopía que alguna vez soñé.
En cuanto al eclipse de marras, lo veré porque me coge de paso, tampoco me voy a encerrar en casa, pero lo cierto es que sí, estaré en casa y contemplaré el ocaso como hago cualquier atardecer en los que me maravillo con el juego de colores que ofrece el cielo. Esta vez, con gafas. Qué remedio queda. 
Felices los felices.
LaAlquimista
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