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Cecilia Casado

A partir de los 50

La filosofía y el gin&tonic

  

Ayer tocó clase de filosofía. No estaba prevista ni formaba parte de ningún cursillo de verano de esos a los que somos tan proclives a apuntarnos quienes como yo –desde ahora mismo- ya no tenemos oficialmente ‘nada que hacer’. Surgió, como surgen muchas cosas buenas, sin premeditación, aunque había su cosa con la nocturnidad. (Alevosía no le vi mucha al tema, la verdad).

Una se reúne con sus amigos sin más intención que la de pasar un rato agradable dándoles la brasa con las fruslerías propias de la edad, o creyendo que les interesa el acontecer rutinario y anodino del devenir personal y resulta que de la conversación no se desgajan las ganas puras y duras de buscarle tres pies al gato, de rumiar los comos y los porqués de las cosas y se nos pegó la futilidad al paladar como el aroma de las sardinas a los dedos.

Son gente –a la que escucho y de quienes aprendo-, estos amigos, digo, de los que luchan por cambiar los cimientos de las estructuras para que los próximos edificios que se construyan no se tambaleen ni acaben cayéndose a pedazos. Arquitectos del pensamiento, ingenieros de la idea en su estado puro, maestros de albañilería también en el difícil arte de mezclar en su punto exacto el agua y el cemento. La noche estuvo llena del hermoso arte conceptual de dejar que las ideas surjan y se expresen sin la ayuda de su autor.

De aperitivo tuvimos moral, ética y pensamiento. Con el plato fuerte verdad y belleza y para el postre un poco de metafísica. Con el primer gin&tonic empecé a preguntarme si realmente no hubiera sido mejor hablar de ‘la roja’ y de lo que va a hacer esta noche. Porque luchar por las propias ideas, dejarse la piel como gladiadores desnudos frente a las fieras corrupias de corbata y sonrisa hipócrita –como hacen ellos- proporciona la satisfacción vital tan necesaria para seguir viviendo, pero desgasta y deja el cutis hecho unos zorros.

Con el primer sorbo del segundo gin&tonic, lo vi todo claro durante un instante fugaz: el mundo se despereza mientras la humanidad duerme y unos pocos hacen sonar las campanas desollándose las manos. No tiene arreglo la cosa, me dije, con los besos de despedida: la filosofía consiste en que cada uno se vaya a la cama sin más compañía que buenas y profundas ideas. Eso sí que es soledad y lo demás son cuentos.

En fin.

LaAlquimista

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


julio 2010
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