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Cecilia Casado

A partir de los 50

Al cuerno con la talla 38 (Por LaAlquimista)

Hace un par de años surgió una agria polémica motivada por la nada subliminal tiranía a que sometían a la población femenina en general algunos grandes fabricantes de ropa en particular, insistiendo en llenar abrumadoramente sus estanterías con prendas de la talla 38. Que si aquello incitaba a la anorexia, que si se trataba de crear un modelo estético femenino del siglo XXI, como en el primer Renacimiento propugnara Boticelli pero peor nutrido, que si los iconos del cine, la moda, la música, todas delgadísimas (el colombiano Botero riéndose a sus anchas)… Una vez convencidos todos de que aquella diatriba no fue más que un “malentendido”, se les perdonó el desliz a aquellos fabricantes y todas seguimos dejándonos los dineros en sus tiendas (nada de boicot, por Dios, hasta ahí podíamos llegar).

Bueno pues ayer necesité comprarme unos pantalones y, como en el centro de la ciudad están los mismos perros con distintos collares juntos, entré en la primera tienda que me vino a mano. Enseguida eché el ojo a los pantalones que quería, nada del otro mundo, vaqueros negros fondo de armario. Como en esos locales nadie te atiende –a menos que lo supliques-, empecé a revisar el montón de pantalones buscando mi talla (la 42). Pues no. Cachisenlamar. Vale, pues en vez de negros, grises. Vuelta a revisar el montón de los pantalones grises y tampoco. Todas las prendas se detenían en la talla 38. (¿Será posible? ¿es esto una pesadilla?). Paciencia, señor.

Oteando por encima de las cabezas compradoras distingo a una vendedora que ordenaba prendas descolocadas y me dirigí a ella. Veamos el diálogo.
– “Buenos días, ¿tienen pantalones de la talla 42?.
– Pues claro (nada de devolver el saludo), ¿ no ves las etiquetas? (¿y ese tuteo?)
– Lo que no veo, señorita, es pantalones con etiqueta de la talla 42.
– A ver (dejó lo que estaba haciendo y con cara de soportar lo insoportable y agarrando la primera prenda que estaba cerca me la puso delante de la cara). Mira, en la etiqueta pone “talla: 32-34-36-38-40-42”. ¿Ves? Hay hasta la 42.
– Ah, disculpe usted, ¿sería tan amable de sacarme unos pantalones vaqueros negros de la talla 42?.
– Mira en el montón de allá.
– Ya he mirado y no veo ninguno.
– Pues si no hay es que no hay.”

Que conste que yo en estas situaciones ya no me cabreo, son muchas conchas de galápago encima y en el fondo me daba pena la pobre chica, ocho horas por el salario mínimo –supongo- recogiendo prendas del suelo y volviéndolas a doblar, todo el día así es como para gastarse el sueldo en ansiolíticos, la verdad. Pero a lo que iba. Lo ponía en todas las etiquetas de la tienda, que el fabricante (los de siempre) hacían prendas DESDE la talla 32 hasta la 42. (No es un error, TALLA 32).

Pues he descubierto cuál es el truco del almendruco. Resulta que ciertas marcas, al fabricar hasta la talla 42 ó 44, estaban consiguiendo que SEÑORAS MAYORES, -como yo, como nosotras- con un cuerpo serranísimo y un espíritu de lo más jovial, se vistieran con los mismos modelitos que las mocitas de veinte y claro…eso disminuía las ventas, el interés de la juventud y todas esas cosas de las que se habla en las reuniones “con los de Marketing.” Así que, cumplimos con la normativa ¿? Haciendo cuatro pantalones de la talla 40 y tres de la 42 y ya está. Muerto el perro se acabó la rabia.

Pero a mí no me la dan: reciben “camiones” dos días a la semana. Es cuestión de estar al tanto y pillar la talla 40 y la 42 que se quiera. O una XL que también las hay, bien escondidas que están, pero las hay.

Y si no les gusta que estemos guapas, modernas y con un look ochentero… pues que se lo tomen en dos tazas. Y al cuerno con la talla 38.

Por cierto…¿la talla 32 no es para niñas de 10 años sin desarrollar?

LaAlquimista.

Nota bene.- ¿Qué tal una crítica o comentario? Gracias.La preciosidad de la foto siempre tuvo la talla 44

Por cierto que la preciosidad de la foto siempre tuvo la talla 44…

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


November 2009
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