
Esta mañana me he encontrado con una desagradable sorpresa al ir a coger mi coche: el espejo retrovisor izquierdo estaba destrozado a golpes. Pero no sólo el mío –lo que me hubiera provocado una especial reflexión- sino los de los coches circundantes, aparcados todos en línea en la acera frente a mi casa.
Un vecino que, exasperado, esparcía con el pie los restos del desaguisado –cristales sobre todo- me ha comentado que, parece ser que hay “personas” que se dedican a sacar a pasear a la bestia que todos llevamos dentro y no encuentran mejor manera que arremeter contra la propiedad privada de sus conciudadanos. El vecino –y le comprendo perfectamente- soltaba improperios subidos de tono acerca de tales individuos y al ver mi cara de pasmo y tranquilidad matutinos me ha preguntado:
-“¿Qué pasa, a ti te da lo mismo que te rompan el retrovisor? ¡¡¡Pues te advierto que la bromita nos va a salir por los 200€!!!”
Sin pensármelo, en un arranque automático de mi cerebro, me he colocado en “modo zen”, le he sonreído y contestado que: habida cuenta de que era lunes y las siete y media de la mañana, le pidiéramos al Universo que todas las desgracias de la semana se redujeran a la que teníamos entre las manos en forma de amasijo de piezas de plástico y metal. Que los problemas que se solucionan con dinero “son menos problema” y que más nos valía no hacernos mala sangre no fuera a ser que acabáramos con un subidón de tensión o algo peor y en Urgencias.
El bueno hombre –buen vecino- me ha sonreído a su vez (aunque un poco forzadamente, todo hay que decirlo) y ha farfullado algo así como: “bueno…visto así… ¡pero hay mucho hijo de p….suelto!
Me he quedado preguntándome si de verdad hay gente malvada o todo se reduce a un ejercicio descarado de la propia estupidez inevitable, porque ¿qué beneficio, qué placer puede sacar alguien rompiendo con una barra o similar los retrovisores de los coches que duermen tranquilamente en la calle sin meterse con nadie? Supongo que el mismo placer que obtienen esos desalmados (que no tienen alma) que a veces la emprenden con los “sin techo” que duermen al raso apaleándolos o algo peor. O el mismo placer de los bajos instintos de quien está frustrado porque no le da la vida lo que espera recibir y descarga su rabia, su odio y su malignidad contra su pareja (casi siempre mujer) dándole patadas morales o de las otras.
Prefiero pensar que quien me ha destrozado el espejo retrovisor ha vaciado su mala sangre con un objeto y así se ha evitado que la emprendiera con una persona… fútil esperanza la mía. Y digo fútil porque, con bastante seguridad, quien de esta manera actúa, más que ser una persona bañada de maldad sea alguien con tan poca inteligencia que no ha sido capaz de darse cuenta de que estaba haciendo daño a otro ser humano (el que tiene que apretarse el cinturón para reparar el coche). A fin de cuentas, el individuo en cuestión –solo o en compañía de otros- se ha tomado la justicia por su mano arremetiendo contra el Universo por espejo retrovisor interpuesto.
A mí me da mucha pena comprobar que sigue habiendo personas que son incapaces de realizar el mínimo esfuerzo por respetar a los demás, pero más siento tomar conciencia de que ni la maldad ni la estupidez humanas van a tener remedio en los próximos cien o doscientos años.
Voy rauda a intentar arreglar el desaguisado porque he comprobado que no se puede conducir sin espejo exterior. ¡Menos mal que me queda el “espejo interior” y ese no me lo pueden destruir ni a patadas…!
En fin.
LaAlquimista
Por si alguien desea contactar:
apartirdeloscincuenta@gmail.com