>

Blogs

Cecilia Casado

A partir de los 50

Comer con dos dedos de frente

Mi abuela decía: “aquí el más tonto hace aviones” refiriéndose a supuestos conocimientos de los que la gente alardea sin pudor; me he acordado de aquella sabiduría suya fijándome en que ya apenas hay día en que no nos  asaeteen las meninges por todos lados con consejos nutricionales que no siempre son nutritivos. Que si la lista de los alimentos que “nos están matando” vs la lista de los alimentos que “alargarán nuestra vida” , avaladas todas ellas por estudios realizados por expertos de tal o cual Universidad, de tal o cual Estamento Oficial de Alimentos aptos para el consumo humano de Europa, América o parte de Oceanía.

Vaya por delante –una vez más- que no soy experta en nada sino aprendiza de casi todo, pero lo que sí tengo son dos dedos de frente para saber qué debo y qué no debo comer para mantener la buena salud con que la genética y la naturaleza me han obsequiado. Vaya por delante también que no soy ni vegetariana, ni vegana, ni sigo la dieta macrobiótica, como tampoco soy consumidora contumaz de comida basura. Tan sólo, insisto, tengo dos dedos de frente.

Y es que me estoy dando cuenta de demasiadas cosas al estar “devorando” la popular serie “Mad Men” –sí, ésa de los publicistas de Madison Square NY- que me está abriendo los ojos de cómo se realizan las campañas para vender la producción que el cliente –que es el fabricante y no el consumidor- quiere colocar en el mercado.

Primero –imaginemos- que ponen anuncios en televisión de todas las empresas de comida basura que existen en el mercado. Así, sin anestesia ni pudor alguno, publicitan bebidas de más que dudoso origen pero de mucha fama, cadenas de comida rápida cuyos controles de calidad se limitan a no superar los índices de toxicidad marcados por la OMS –(Organización Mundial de la Salud) y toda la gama completa de “comida industrial” apta para el consumo humano. Embutidos y derivados del cerdo que apenas llevan cerdo, productos cárnicos que llevan “cosas raras” de laboratorio identificadas como E-…, dulces con mucho azúcar, que ni siquiera es azúcar auténtico sino derivados refinados y con mucho aspartamo añadido; aditivos y grasas que serían venenosas en gran cantidad pero que en pequeñas “diócesis” tan sólo disparan el colesterol o colapsan las arterias como si fueran carreteras a finales de agosto. Todo, absolutamente TODO no es ofrecido para engordar los bolsillos de quien lo vende y las barrigas de quien lo consume.

Y el círculo es perfecto porque perfecta es la estrategia. Primero te contamino la salud a base de lo que hace daño y luego ofrezco los remedios para que te apañes como puedas. ¿Una mala digestión porque has ingerido algo transgénico o repleto de grasa animal comestible? Pues ahora a vender el postrecito con alguna enzima o las pastillas para conseguir que el estómago haga el trabajo extra para el que no está preparado. Primero me envenenas y luego me vendes el antídoto. Negocio perfecto.

¿De verdad alguien sigue esos consejos que pululan por doquier? ¿De verdad –a estas alturas de la película- alguien puede ser tan esencialmente ingenuo?

Comamos verduras, hortalizas, legumbres y frutas. La naturaleza no nos hizo carnívoros en exclusiva sino OMNÍVOROS para que cualquier alimento nos sirva de provecho. Podemos elegir, nosotros que tenemos dinero y posibilidad de elegir, no es una obligación comer MAL sino una opción que viene de la mano de la sociedad consumista y maliciosamente manipulada.

Por eso me da mucha rabia cuando leo esos consejos de nutrición que dicen que no debo comer palomitas de microondas y no dicen nada sobre el producto que viene de los mataderos industriales (¡qué horror!), ni de las piscifactorías alimentadas con pseudo-detritos harinosos, ni de los invernaderos envenenados con autorización legal, ni de los obradores donde se hace pan sin harina, ni de las destilerías donde se adecua el alcohol de quemar y derivados para el consumo humano.

Alimentarse bien para preservar la salud con el paso de los años es un mero ejercicio de sentido común. Lo tenían nuestras abuelas y nuestras madres antes de que se descubriera el colesterol. Se comía con agua y de postre se tomaba fruta. Ahora resulta que no se puede, que es malo…¿no será porque quieren vender “otras cosas”? No hace falta publicar directrices y si creen que sí hace falta es por algún oscuro interés. ¿Quién tiene necesidad de pagar para que le digan que no debe comer fritangas, ni embutidos industriales, ni comidas precocinadas, ni beber alcohol o fumar? ¿Por qué machacamos nuestro cuerpo y luego pedimos el café con sacarina?

En realidad debería importarnos más estar sanos que mantener la línea, en realidad, a partir de los cincuenta es cuando aparecen las “goteras” y la única manera de solucionarlas es prevenirlas porque el arreglo –y lo comprobaremos pronto- tiene mala solución, cuesta mucho y los “gremios” (léase médicos) no ofrecen demasiadas garantías. Aunque no se haga ejercicio frecuente (que hay que hacerlo), aunque falten tantas cosas, la ilusión de mantener el privilegio de vivir no tiene parangón así que… ¡comamos lo que nos hace bien y no lo que nos quieran vender! Con dos dedos de frente.

En fin.

LaAlquimista

* Hoy también en El Diario Vasco -papel- en la sección “Desde el Bule” con el artículo “Ay, el Bellas”

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

Temas

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


septiembre 2015
MTWTFSS
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930