El otro día estaba pasando el rato mirando en una tienda cosas que no iba a comprar cuando una chica -una chica de mi edad- me sonrió y me dijo: -Te conozco, eres Cecilia, ¿a que sí?. Una nube de niebla me recorrió entera porque fui incapaz de ubicar en mi álbum de personas humanas conocidas a dicha mujer.
Cuando me quedo en off no me corto un pelo así que le contesté que sí, que yo era Cecilia, pero ella… ¡no tenía ni idea de quién era!
No me molesté en excusarme -porque no había cometido ningún error- con el socorrido “es que soy muy mala para las caras”, así que esperé a que se identificara. Y lo hizo con otra pregunta:
– Tú no saliste con un chico llamado X? Porque yo era de la misma cuadrilla y acabé casándome con su amigo Y…
Seguí sin acordarme de ella, ya lo siento, pero en cuanto me mencionó al tal “X” sentí que me flaqueaban las piernas y un malestar me invadía, como cuando estás sudando y alguien abre una puerta a la vez que una ventana y notas que te quedas fría en un visto y no visto.
“X”, de infausto y maldito recuerdo. El hombre que peor se portó conmigo en esta vida, el maltratador que llegó cubierto de sonrisas y acabó con la careta hecha jirones…
Pero a lo que voy.
Una tiene sus traumas prendidos a la piel y aunque haya querido quitárselos de la mejor manera posible y aunque crea que lo ha conseguido, en cualquier esquina de una tienda de rebajas puede asaltarnos la bofetada emocional de un recuerdo que dormía en estado más o menos comatoso en el fondo de nuestro cerebro.
Lejos estoy de molestarme con la mujer sonriente y amable que quiso charlar conmigo un rato, -yo también meto la pata sin querer muchas veces queriendo ser sociable-, pero lo que se removió en mi interior me dejó con el pie cambiado y el estómago revuelto.
Porque me acordé de lo que ocurrió en mi vida hace la friolera de treinta y tantos años cuando “X” destrozó a patadas -literales- mi biografía y me mandó a un hospital en estado de coma, con conmoción cerebral y rotura de parietal y un coágulo en el cerebro que -es obvio- no acabó con mi vida.
“X” tiene nombre y apellidos y figura en el registro de denuncias de la comisaría de policía pertinente y oscureció mi camino vital durante un par de años dejándolo lleno de piedras cortantes, rasguños y cicatrices. Luego la vida continúa y una cree que ya ha aprendido la lección y sigue adelante, con más o menos ayuda, con más o menos fuerza…
Nunca se me había ocurrido escribir sobre aquel episodio tenebroso de mi vida, sobre aquella relación de amor/odio que marcó un antes y un después en mi forma de encarar el desafío vital. Porque “X” fue el punto de inflexión que me hizo tomar conciencia de cómo y cuánto miedo podemos sufrir las mujeres por culpa de un hombre que tiene “el alumbrado fundido” y paga sus propias carencias y frustraciones vertiendo la negatividad que le posee en forma de violencia contra quien considera más débil que él.
“X” venía de una familia de clase media/alta de la que había sido arrojado precisamente por eso, por violento. De un matrimonio fracturado por maltrato hacia la mujer que le abandonó con denuncias interpuestas. “X” -qué absurdo llamarlo X cuando recuerdo perfectamente su nombre y dos apellidos, JMMS- apareció en mi vida justo en el momento en el que yo estaba más débil, más necesitada de todo, de cariño, de atención y con la autoestima pendiente de un hilo, por haberme divorciado abruptamente con una criatura de muy corta edad en el regazo.
Cuando alguien nos dice que no merecemos cariño, que no valemos apenas nada, que ¿quién nos va a querer?, somos pasto o caldo de cultivo para otras personas enfermas que nos deslumbran con poco o casi nada, pero que nos hacen sentir que todavía valemos la pena… aunque sea una alhaja con dientes la que nos ha tocado en suerte.
!Qué malos recuerdos, ahora que lo tenía olvidado casi todo!
Pero está bien; estoy tranquila. Han pasado muchos años y mucha vida como para no haber recuperado el ritmo suave de lo que siempre soñé que sería y ahora, por fin, he logrado ser: una mujer tranquila, segura, alegre y moderadamente feliz. A pesar de todo lo que nos ha pasado a todas…
En fin.
LaAlquimista
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