
“No me mires con esa cara como si yo fuera tu enemigo, dejemos las cosas claras, que eres tú la que has venido a sentarte en esa silla frente a mí, tú has tomado la decisión de venir libremente a pedirme que te ayude a librarte de tus contradicciones y veo que has hecho bien los deberes, que las traes apuntadas todas en la libreta. Las has leído en voz alta por dos veces y mientras lo hacías yo te miraba a ti, tu actitud, el temblor de tu mentón, el parpadeo excesivo y todo ello me lleva a pensar que no estás siendo del todo sincera contigo misma ni conmigo, porque no debes creer que porque me pagues al final de cada sesión eso te da derecho a contarme milongas adornadas con nata batida y espolvoreadas de canela. No, no te enfades por lo que te digo y por lo que intuyes que te voy a decir, ni me mires con esa cara; estoy haciendo mi trabajo y creo que lo estoy haciendo bien. La exposición de tus contradicciones, tan ecuánime aparentemente, viene con un peso específico añadido importante. Hay dos premisas y una lleva a la otra en tu mente y en tu deseo de que así sea, pero,¿son reales las premisas para llegar a la conclusión de que son una contradicción o , por el contrario, estás jugando a hacer silogismos falsos ante la gente y el mundo que puede que no se dé cuenta de lo que ocultan? Confiésate a ti misma en qué punto exacto estás de la ecuación: si eres practicante no puedes admitir el divorcio, y si te has divorciado has dejado de practicar la doctrina, ergo lo más que serás es “insumisa o disidente”. Se aplica por igual a las teorías de Torres Restrepo y Boff; te comportas como una infiltrada haciendo labor de zapa. Las personas no son tímidas si pueden hablar delante de la gente sin rubor ni ambages… a menos que les obliguen a hacerlo. Esa timidez suele ser una máscara defensiva ante el mundo para apuntarse al bando de los de “no sabe, no contesta”… No, no puedes interrumpirme hasta que haya acabado de la misma manera que yo no te he interrumpido a ti, esto es un trabajo que estamos haciendo en equipo y yo estoy cumpliendo con mi parte de lo acordado, o si quieres, me estoy ganando el dinero que me pagas por cada consulta… Sigo, pues. Tus miedos están patentes en el resto de supuestas contradicciones: el tipo de hombre que te gusta y el tipo de hombre con el que te sientes segura… al que puedes controlar o el que sabes que no podría hacerte daño, el “chico bueno aburrido” vs el “chico malo divertido”. Lo mismo para los viajes, la ciudad, el amor, los placeres, todo aquello que deseas hacer y que tú misma te estás impidiendo hacer. La cabaña en el monte es el paradigma de todo ello: el refugio, aislado, caliente, seguro (o casi, tendrás perro y escopeta, supongo), pero no eres tímida ni solitaria, lo que has sido siempre tú lo sabes perfectamente sólo que ahora TE IMPORTA seguir siéndolo y has decidido, desde tu madurez, poner remedio. ¿lloras? Pues no sabes cómo me alegro… ahora sí que te estás ayudando a ti misma… Venga, ahora te toca hablar a ti…”
En fin.
LaAlquimista